Pienso, hoy, el hombre-nuevo no como un producto terminado (esencialmente), ni siquiera determinado (en el doble sentido de: voluntad y sujeción) por instancias que lo trascienden, o sencillamente indeterminado (el hombre sin atributos, el relativista: 'me da lo mismo cualquier cosa'); lo pienso más bien como proceso, abierto, múltiple y complejo; lo pienso, así, sobredeterminado por una serie de prácticas irreductibles entre sí, que se hallan en tensión articulada y se exceden mutuamente. Prácticas que escasamente se coordinan y/o armonizan.
La sobredeterminación no es una determinación múltiple ni una co-determinación dual; es un nudo solidario de al menos tres componentes, al que le basta que uno de ellos no se sostenga para que el conjunto entramado se desarme. El hombre-nuevo se hace en las brechas e intersticios de la estructuras prevalentes, anundando entre ellas una doble heterogeneidad: la que disponen las verdades, como procesos genéricos que horadan los saberes y lenguajes legitimados, y la que presentan las mismas verdades entre sí.
El hombre-nuevo no se aferra a ninguna verdad particular, ni a un lugar ni a un nombre privilegiado; no es dogmático. Pero tampoco circula livianamente por todos lados, cual cosmopolita, probando un poco de todo; su trayecto es eminentemente singular. El hombre-nuevo es el hombre-nudo, así de frágil es su fortaleza; su consistencia genérica.
¿Ustedes -camaradas, compañeros, hermanos- se dan cuentan (se cuentan así)? Entre el vacío lógico del nombre propio, el vacío ontológico que dispone el ser de cualquier situación y el vacío de una imagen adecuada a semejantes procesos de vacuidad, entre esa triple distancia tomada, algo sutilmente se compone, toma cuerpo, nombre, materia. Estoy hablando del nudo que teje cualquier existencia.
Pues ahora es así: todo es múltiple. Hay múltiples exigencias, múltiples censores, múltiples moralistas, múltiples estructuras jerárquicas. La ruptura con la lógica del uno, de la autoridad, del canon, del padre, exige entonces una potenciación extrema, una ruptura de rupturas, un devenir múltiple de lo múltiple. Para ello hay que hacer que las exigencias, los padres, las valoraciones, los cánones, las cuentas, se anulen entre sí. Para ello hay que anudar por otros lados, por otras partes, anómalas, potenciadoras, imprevistas.
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