domingo, 25 de octubre de 2009

La complejidad en Badiou

Hay una simplicidad extrema en el pensamiento de Alain Badiou, cuya radicalidad parece producir vértigo. Quizás pueda convertir esta contradicción en una paradoja. El saber enciclópédico que despliega en sus conceptualizaciones sobre arte, política, amor, filosofía, etc. suele cultivar respeto y hasta admiración, pero si de allí no pasa (al trabajo efectivo) es pues sólo una excusa para no afrontar la verdad irreductible que lo atraviesa sin miramientos: la extrema simpleza señalada. No es asunto de lenguaje (por parte del autor) o de ignorancia (por parte de los lectores), es asunto de sujeto y de tiempo. ¿Cómo es esto? Veamos.

La dificultad de entender las proposiciones teoréticas badiouanas (así como las lacanianas) quizás encuentre cierta explicación a partir de las ideas de temporalidad del acontecimiento y de constitución del sujeto. Lo más simple suele ser lo más difícil de aprehender: pareciera oscilar entre la idealización extrema, es decir aquello que para el pensamiento resulta inalcanzable, y la subestimación inmediata, aquello que es considerado directamente trivial o tautológico. En el giro circular no se percibe el desfasaje. Por eso pienso que es necesario multiplicar, tanto como sea posible las múltiples formas de decir lo que acontece. Esto es del orden del acto y la escritura.

Lo cual se observa, por ejemplo, respecto a la idea básica del concepto de acontecimiento: un múltiple que se auto-pertenece, una presentación que se presenta a sí misma (del mismo modo que, fenomenológicamente, ser consciente de la consciencia es algo fugaz, inaprehensible, pues siempre es consciencia de algo, incluso de sí; pero presentar la presentación ¿qué sería tal cosa?) Para que estos paradójicos modos de decir cobren alguna significación, es necesario remitirse a la imposibilidad matemática de tales existencias excluidas, en principio, axiomáticamente. Y, simultáneamente, a las imposibilidades circunscriptas en diversas situaciones: artísitcas, políticas y demás.

Presentarse en la presentación, bajo un nombre anónimo e ilegal (supernumerario), eso mismo es un acontecimiento. Implica una torsión discursiva, una inter-posición: he allí lo difícil de entender. Pues se piensa habitualmente de manera sucesiva: o bien una cosa (palabra, significante, concepto) reenvía a otra metonímicamente y de manera gradual, o bien una cosa sustituye a otra metafóricamente y de un solo golpe; más difícil es pensar el doble movimiento de reenvío y sustitución simultáneos. La atención aquí se dirige al mismo movimiento más que a una cosa u otra, sucesión o sustitución.

¿Cómo es posible? Sucede que no solemos reparar en el simple hecho de que toda identidad particular se sostiene en un sistema más amplio de diferencias, por lo que –en una definición minimalista– un elemento sólo se dice ‘idéntico’ por remisión a las diferencias respecto de otros (un significante no es más que oposición y diferencia respecto del resto según la clásica definición sausseriana).

Ahora bien, ¿y si en lugar de seguir este movimiento estructural donde todo múltiple es presentado (pertenece) por otro múltiple (o todo sujeto es representado por un significante para otro significante) suspendemos la remisión significante diferencial (por tanto: identificante) y forzamos el movimiento sobre sí mismo? ¿Qué sucede? Pues se da lugar al lugar mismo: la exclusión pertinente, ocluida o reprimida. Lo presentado se presenta en su presentación. Si esto no es una mera tautología es porque tal operación muestra en acto una multiplicidad in-contada (im-presentada) hasta el momento, en ruptura por tanto con la ley (estructura) de presentación. (En realidad se rompe más bien la coalescencia entre estructura y metaestrucutura). En lugar de afirmar la identidad tautológica: uno-es-uno; se afirma en ruptura: uno es contingente (la ley) y lo que ‘hay’, lo que es, es múltiple genérico.

El problema de este decir es que se efectúa, en cada caso, con los múltiples términos y nombres de lo que Badiou llama una “lengua-sujeto”, en la singularidad de cada situación: poesía, política, amor, ciencia. No hay lenguaje universal neutro. No hay una forma unívoca de deducir 'para toda' situación el acontecimiento, el sujeto que lo nombra y su temporalidad; el lenguaje falla en aprehenderlo, por allí pasa la dificultad para entender (cuando se "sujeta" demasiado al lenguaje).

Y sin embargo es pensable, tal como intentamos hacerlo mediante estas breves alusiones teóricas. El síntoma es olvidar cómo se hace, al tiempo que es necesario hacerlo (es necesario olvidar), perder los términos primitivos para volver a recordarlo, ahora, bajo otros términos. Lo que cambia en este paso es la estructura (o más bien la meta-estructura), las multiplicidades, en cambio, simplemente son.

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