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martes, 3 de abril de 2012

Análisis político

Hay una parte de nuestra burguesía que se ve que la pasa bárbaro: puede viajar, comprar, vivir como se le antoja. No me parece mal. Lo curioso es que su endeble conciencia de clase le haga creer que todo se debe a su esfuerzo personal, como si lo que ha costado -y aún cuesta- sostener esta situación, en la que ellos pueden sostener su placentera forma de vida -con o sin esfuerzo-, no fuera producto de un ingente trabajo colectivo orientado por el gobierno de CFK, que ellos denostan. Considero que es parte de la responsabilidad del gobierno despertarlos con un buen golpe de esa modorra estupidizante e irresponsable en la que se autosatisfacen.

Si hablo de 'golpe' no es para evocar fantasmas del pasado, pues pienso que es también parte de nuestra responsabilidad intelectual renovar los lenguajes políticos (los añejos golpistas ya no golpean), en tanto las actuales conciencias autocomplacientes -antaño cómplices de golpistas- se conforman en lenguajes tecno-mediáticos donde todo es deslizarse, fluir, sin encontrarse de golpe con ninguna realidad. A eso apunto. Además, resta aclarar, para mí el golpe por excelencia es el del arte...marcial (el karate, sin dudas).

Si bien esto puede generar ciertas disonancias, quizás esté bien que así sea, sobre todo para un movimiento complejo que busca integrar diversas dinámicas y lenguajes, problemáticamente. Está bien que haya partes anómalas que no se entiendan del todo (o que se entiendan mal). Esto que digo, por supuesto, excede y atraviesa el Estado hacia una forma de sostener el polemos sin que eso marque diferencias totalizantes, o coincidencias plenas.

Lo cual es ineludible si se piensa que, como en todo movimiento, existen dos tendencias contrapuestas: la que busca construir un lenguaje omnipotente que lo diga todo para todos, sin resto, y la que busca generar una lengua-sujeto con zonas indiscernibles, excesivas o anómalas, que sólo en el transitar podrán ir desplegando su efecto.

Por último, quizás deba aclarar que no dije "toda" la clase sino una "parte" de ella, y en segundo lugar no antepuse lo "colectivo" por sobre lo "personal", sino sólo en virtud de la explicación -esa endeble conciencia- y el odio que porta esa parte, de un sector social mucho más amplio, hacia el gobierno. Estos matices pueden ser pasados por alto en lecturas que se dejen llevar por el lenguaje político aparentemente clásico que escogí.

Pero los matices hacen a la complejidad actual y a la necesidad de renovar los lenguajes políticos -que ineludiblemente igual nos atraviesan-, para pensar la coyuntura sin caer en opciones dicotómicas y reductivistas: burguesía vs proletariado, personal vs social, nosotros vs ellos. No creo que alcance tampoco con el lenguaje de los "contras". Pues no basta con oponer al poder, al saber, al orden, a la racionalidad o a la fuerza, las figuras correlativas del contrapoder, la ignorancia, el caos, lo irracional o la contrafuerza (violenta o pacífica); hay que aprender, en cambio, a incorporar el poder en los puntos locales en los que, cada quien, se sienta autorizado para excederlo, dislocarlo, y por ende abrirlo a otras composiciones imprevistas, en lugar de reproducirlo (pasiva o activamente).

Estoy pensando en los movimientos efectivos, concretos, dados en la superficie y legibles para cualquiera, que realiza este gobierno para articular de otro modo lo social. Los leo como movimientos transversales que atraviesan justamente distintos estratos sociales, económicos, culturales y demás, e intento ceñirme a ellos en lo que escribo para pensar. Vale el esfuerzo personal y vale que haya diferencias sectoriales, son ineludibles, lo que no justifica la miopía y la estupidez que no capta los nudos que nos constituyen y hacen que todos dependamos de todos, en partes que no por ser indiscernibles son impensables.

domingo, 25 de marzo de 2012

Acerca de las religiones (siempre) por-venir y la filosofía

¿No será mucho re-ligar si en verdad ya estamos ligados (sonados)? ¿No bastan los nudos que nos constituyen para que encima vengan a querer contarnos que hay que anudar lo anudado, y siempre por medio de una persona especial, una palabra clave, un lugar determinado (que nos salvarán)? Claro, a no ser que la religión se ofrezca como el discurso contrapuesto a esta locura científica que -pulula y- quiere que seamos una especie de cuadrículas taxonómicamente separadas y examinadas por especialistas en la materia. Pero además, si la materia es el nudo que nos constituye, entonces no necesitamos de hermeneutas que nos lo redupliquen en significados trascendentales, ni tampoco de técnicos especialistas en diseccionar la más ínfima partícula hasta su última composición.

Se cree que la distancia crítica u objetiva garantiza cualquier cosa, pues no se sabe que lo real del corte y del anudamiento puede ser asumido inmanente e inminentemente. Lo real no se sabe por dónde pasa; hay que estar atento. A dicha práctica de atención flotante y corte y anudamiento por lugares imprevistos, le llamo filosofía. No es sin consecuencias, en tanto no se vuelve filósofo quien así lo quiere.

Hay un texto de Badiou donde interpreta que para Lacan los filósofos son psicóticos. Démos-lo por cierto. A mi me encanta trabajar con este tipo de psicóticos, aunque sean muy difíciles de tratar (quizás porque en parte también lo soy). Así que bien podría estructurar lo que vengo haciendo desde hace tiempo en un curso que se intitulara: "RSI en la lectura (clínico-crítica) de los filósofos (y sus filosofías)". No lo descarto.

En relación a otras concepciones más neuróticas o convencionales de la filosofía, ya lo he dicho: la filosofía no es un capricho, histérico o autosatisfecho, no se hace en primera instancia porque se quiere; sólo si verdaderamente urge pensar, si es una necesidad extrema hacerlo, luego uno puede aprender a querer ese deseo irrefrenable, molesto, que incomoda cualquier disposición regular del ánimo. Los filósofos que han dejado alguna marca en la historia del pensamiento (odiados o amados, según la época) lo han hecho porque deambulaban sobre los filos del abismo que nos constituye, en tanto seres precarios de lenguaje. La psicosis, la materialidad desagarrada, no se juega con dulces y almidonadas palabras. Los conceptos son máquinas de guerra o frías constelaciones estelares.

viernes, 2 de marzo de 2012

Fragmentos (varias entradas en una)

Transvalorar. Que evaluar sea no remitir algo (gesto, obra, pensamiento) a una escala de valor previa, o simplemente desentenderse del asunto, sino poder captar en qué medida inaudita ese "algo" suspende cualquier escala de apreciación y habilita así una impropia, tejida de múltiples otras que ya no se reducen a su ámbito específico. Que evaluar sea remitir a la potencia, a la potenciación de lo Múltiple, y no la reducción a lo Uno de lo ya sabido y sus posibilidades. A eso yo le llamo transvalorar.

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Ciencia. Intentar decir es un chiste; uno dice como puede lo que puede y a veces, con suerte, un poquito más. Luego, ese decir se olvida tras lo dicho (según Lacan). Y esto ha sido desde siempre el decir de la Metafísica (según Scavino). Lo que caracteriza a nuestro tiempo, en cambio, es un esfuerzo denodado por querernos callar definitivamente, incluso con la profusión de dichos que no dicen nada, porque la última palabra va a ser escrita siempre en un lenguaje mudo.

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Crítica. Una ontología crítica de nosotros mismos, proponía Foucault antes de su muerte. Allí condensaba, en un rapto de lucidez, todos los motivos de sus desvelos teórico-prácticos de décadas: la arqueología del saber, la genealogía del poder, el cuidado de sí, en cruces novedosos que remitían a la Ilustración e incluso más atrás: a los primeros filósofos griegos. A partir de ahí, no se tratará entonces simplemente de criticar al otro, de generar un contrapoder, de poner palos en la rueda; sino de asumir cómo uno mismo está involucrado en los límites del poder, del saber y de la ética actuales, para poder así atravesarlos, para poder ser de otro modo a los posibles dados. No se trata de posibilismos sino de potenciaciones imprevistas. Eso es ejercer una crítica rigurosa; que necesita no sólo de movimientos genealógicos o arqueológicos sino de invenciones conceptuales.

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Juego. La diferencia entre la inteligencia y la estupidez es que la segunda ni siquiera se la plantea. El problema es que la primera, al responder, pareciera que ya no se la planteara. Y así, todo recomienza: el juego de las diferencias se modula infinitamente (la estupidez lo ignora).

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Apropiación. El estado somos todos, dijo antes de morir Néstor Kirchner. ¿Qué implicaría asumir hoy la radicalidad de esta frase, encarnarla de un modo propio, inventar el modo? Pues al todo aludido yo no lo leo como prescripción de totalización sino como posibilidad abierta a cualquiera, en tanto la haga suya.

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Decir. A este gobierno le falta aún dar un paso crucial: haciéndose eco de las profundas raíces macedonianas que nos constituyen, y de las últimas elucubraciones de nuestro exiliado filósofo Dardo Scavino (que por cierto habría que repatriar), debería declarar ¡Metafísica para todos! ¡Todos podemos ser, basta decir! Y romper de una vez por todas con la sutura tecno-científica que limita el espacio político (metafísico por excelencia); quedando así la ciencia y la técnica sólo como modalidades posibles de ser, entre otras.

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Agenda. Lo que no comparto con mucha gente querida, incluida la presidenta, es que siga discutiendo contra lo que se dice y escribe en los medios hegemónicos (MH). Es un error. Habría discusiones mucho más interesantes -que abordarían los temas que nos urgen- si se plantearan otros interlocutores y otros medios (que existen en potencia). Porque si no le seguimos dando el poder -que ya no tienen como antes- a los MH, al modo del fetichismo: todos sabemos muy bien que ya no voltean gobiernos con dos o tres tapas pero aún así, por las dudas, los leemos porque seguramente otros sí les creerán a pie juntillas. ¡Hagamos nuestra propia agenda en serio, como dijo Cristina -incluida ella misma-!

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Fin. Bien, hemos empezado el año; se vislumbra áspero y con muchos desafíos en ciernes. Así no fuera el último, como vaticinaban los Mayas, vale la pena dar batalla como si lo fuera (siguiendo las enseñanzas de Don Juan). Quien lo hubiera dicho, hace algunos años, que una mina valiente iba a marcar agenda desde el ejecutivo: ¡Cristina combativa! Pero no hay que perder de vista -no hay que olvidar- que lo que se dice ahí es sólo uno más entre tantos otros decires (verdad de la democracia).

lunes, 20 de febrero de 2012

Cuestiones políticas del momento

Sobre la soberanía energética. Interesante. El asunto -político por excelencia- es no permanecer estático. Lo que a veces no alcanzamos a comprender es que el movimiento se produce de distintas formas en el complejo espacio social, según lo que le toca a cada quien, es decir, según lo que le afecta y a su vez puede afectar. A algunos les toca producir frentes, a otros sumar información, a otros producir conceptos -por dar sólo algunos ejemplos-; sin privarnos de que, según la modalidad del tiempo, el afecto cambie de orientación y de tarea imprevistamente. Lo que sí es antipolítico por excelencia es la estática que se cristaliza y la reacción que se escandaliza.

Igual no soy extremista, es lógico que uno a veces reaccione y otras veces se inmovilice, el asunto es salir de ahí y comprometerse con la potencia, con lo que moviliza, en una combinación inesperada.

Y aquí está la cita de Ma. Pía López que yo tomaba de Forster hace unas semanas (se ve que hubo un atraso en la publicación del artículo o circuló informalmente). En cualquier caso, acuerdo bastante con esta perspectiva -al igual que con Forster y González-. Mi aporte a esta serie de debates en curso, sería pensar la idea de nación como un nudo solidario de al menos tres dimensiones heterogéneas e irreductibles entre sí: 1) los recursos naturales (tierras, agua, montañas, bosques, etc.), 2) los recursos institucionales y organizacionales (estado, empresas, ong's, asambleas ciudadanas, etc.), 3) los recursos subjetivos y proyectivos (modelo, proyecto, formas de vida, etc.). Como dice Pía, el diálogo democrático consiste en articular esa composición heterogénea. Agregaría yo: no de cualquier forma, sino de alguna que permita que ninguna instancia prime sobre las otras totalmente sino sólo en puntos locales, desplazables e invertibles. Probar aquellas combinaciones que no reduzcan el nudo a una sola lógica (ecológica, productivista, ancestral, etc.) ni tampoco a una rígida compartimentación sectorial. Encontrar los sitios de enlace solidarios que abran a la potencia del ser-en-común. Esa es la apuesta.

jueves, 2 de febrero de 2012

El hombre nuevo

Pienso hoy el hombre nuevo no como un producto terminado (esencialmente), ni siquiera de-terminado (en el doble sentido de: voluntad y sujeción) por instancias que lo trascienden, o sencillamente in-determinado (el hombre sin atributos, el relativista: 'me da lo mismo cualquier cosa'); lo pienso más bien como proceso, abierto, múltiple y complejo; lo pienso, así, sobre-determinado por una serie de prácticas irreductibles entre sí, que se hallan en tensión articulada y se exceden mutuamente. Prácticas que escasamente se coordinan y/o armonizan.

La sobredeterminación no es una determinación múltiple ni una co-determinación dual; es un nudo solidario de al menos tres componentes a los que les basta con que uno de ellos no se sostenga para que el conjunto entramado se desarme. El hombre nuevo se hace en las brechas e intersticios de la estructuras prevalentes, anundando entre ellas una doble heterogeneidad: la que disponen las verdades, como procesos genéricos que horadan los saberes y lenguajes legitimados, y la que presentan las mismas verdades entre sí. Tiempo único.

El hombre nuevo no se aferra a ninguna verdad particular, ni a un lugar, ni a un nombre privilegiado; no es dogmático. Pero tampoco circula livianamente por todos lados, cual frugal cosmopolita, probando un poco de todo; su trayecto es eminentemente singular. Es axiomático. Y más. El hombre nuevo es el hombre-nudo, así de frágil es su fortaleza, su consistencia genérica tramada en la reduplicación de al menos tres cruces alternados.

¿Ustedes -camaradas, compañeros, hermanos- se dan cuenta (se cuentan así)? Entre el vacío lógico del nombre propio, el vacío ontológico que dispone el ser de cualquier situación, y el vacío de una imagen adecuada a semejantes procesos de vacuidad, entre esa triple distancia tomada, algo sutilmente se compone, toma cuerpo, nombre, materia. Estoy hablando del nudo que teje cualquier existencia en tanto que cualquiera.

Pues ahora es así: todo es múltiple. Hay múltiples exigencias, múltiples censores, múltiples moralistas, múltiples estructuras jerárquicas. La ruptura con la lógica del uno (reductio ad unum), de la autoridad, del canon, del padre, exige entonces una potenciación extrema, una ruptura de rupturas, una fidelidad de fidelidades, una apuesta a que hay apuestas, un devenir múltiple de lo múltiple. En fin, un pensamiento o una praxis de segundo grado, que abre tanto al poder-ser como al poder-no-ser; y no es meramente agresiva, es más bien trans(a)gresiva. Para ello hay que hacer que las exigencias, los padres, las valoraciones, los cánones, las cuentas, se anulen entre sí, se interrumpan mutuamente. Para ello hay que anudar por otros lados, por otras partes, anómalas, potenciadoras, imprevistas.

Porque no es que pasamos simplemente, así como así, de la lógica cerrada del uno a la proliferación espontánea de lo múltiple; antes hay una estructura compleja que se abre sólo en la potenciación imprevista del segundo grado aludido, y es ella la que habilita que lo múltiple no se reduzca de nuevo a lo uno.

Mi tesis entonces es que la mayoría de nosotros no pasa habitualmente del 1° grado, en términos de un pensamiento materialista estricto, por más doctorados que se haga, idiomas que se hable o reconocimientos que se reciba (engrosamientos del cv). No obstante, no creo que haya que ser un genio o producir algún invento que conmocione a la humanidad para pasar a 2° grado; aunque tampoco se trate de una posición que se conquiste definitivamente y, además, nada garantiza que no haya retrocesos. Al segundo grado de pensamiento se accede en cualquier juego de lenguaje -hasta el más nimio- en tanto se capta la imposibilidad de metalenguaje y lo que hace sus veces de sustituto: un agujero recubierto por diversos semblantes (voz, mirada, etc.).

No basta con hablar de psicoanálisis, o llegado el caso, de metafísica y de los conceptos altamente especulativos asociados a esos discursos; hay que hallar la falla singular que nos causa a hablar -en tanto somos seres hablantes- en el seno del discurso, cual sea, por nuestros propios medios. Ahí se abre la verdadera potencia, que no versa sobre contenidos o lenguajes-objetos, sino sobre el objeto mismo, la pérdida o agujero, sin garantías de significación o deslumbramiento.

Ser materialista, en el sentido arriba aludido, no implica volverse sobre objetos o prácticas concretas que otros realizan o disponen, menos aún volverse sobre uno mismo para encontrar la quintaesencia de la cosa del pensamiento; sino, simplemente, encontrar y operar en y desde umbrales de indiscernibilidad de prácticas y discursos, de objetos y pensamientos, allí donde no hay garantías, no hay significaciones establecidas, ni dominios de saber.

jueves, 26 de enero de 2012

Practicar la filosofía

Considero de extrema importancia, en esta época de superespecialización técnica y periodismo generalizado, practicar la filosofía; no la filosofía práctica o teórica, o la epistemología de la supercomplejidad y/o de los saberes yuxtapuestos, o que se yo qué, sino ese modo de interrogar simple y directo que va al hueso de lo real; y que, al hacerlo, destituye los saberes y sus portadores: artesanales, técnicos, metafísicos, proféticos, profesionales, políticos u otros. Sobre todo, digo, en una época como la nuestra en la cual al malestar por la superespecialización, y lo que bobamente se llama 'intelectualismo', se le suele responder con florecimientos anti-intelectuales místico-mistificantes de lo más jodidos y retrógrados.

Por ello, al igual que Sócrates, pienso que el Estado debería subvencionar la actividad filosófica, por más que consista nada menos que en cuestionar los saberes instituidos, los lugares ideológicos comunes y la necesidad subsecuente de reproducción. Al igual que Sócrates, sé que esta demanda es imposible, ¡pero jamás beberé la cicuta!

Aunque, para ser más riguroso, debería escribir "estado", con minúscula, tomando en cuenta así todas las instancias representativas de la situación actual (académicas, administrativas, culturales, etc.) que disponen modos de valorar los saberes y sus lenguajes legitimados, y que no quieren saber nada, eso sí, de desestabilizar los lugares y los nombres.

viernes, 20 de enero de 2012

De la función intelectual y otras apreciaciones

En general, se suele decir que la filosofía no apunta a brindar respuestas sino a reformular las preguntas; así, apuesta por lo abierto. El problema es que uno puede caer rápidamente en una especie de mistificación de lo abierto, bajo otros nombres paradójicos tales como lo innombrable, lo inasible, lo imposible, etc. Pues, como dice J.-L. Nancy, "lo 'abierto' no es la cualidad vaga de una hiancia indeterminada, ni de un halo de generosidad sentimental. Lo 'abierto' vuelve apretada, trenzada, estrechamente articulada, la estructura del sentido en tanto sentido del mundo." Prefiero pensar la filosofía, entonces, como ese modo de preguntar que no sólo disloca los saberes y prácticas (políticas, estéticas, científicas, religiosas y demás), en su tendencia eterna a cerrar el círculo para comprenderlo todo, sino que en dicha empresa se alía, además, con todos esos otros modos disponibles que ya se encuentran haciéndolo en su terreno propio. Para ello, circula a su modo impropio.

Pues sucede generalmente, en las argumentaciones y contrargumentaciones específicas de cada campo, que unos suelen ver una parte por el todo y otros, de manera especular, otra parte que también creen es el todo; y en general, tanto unos como otros, no suelen pasar de una breve -en el mejor de los casos- lista de condiciones a favor o en contra del objeto en disputa. Así también se pueden objetar mutuamente, en los momentos de máxima tensión y malentendido, el lugar de enunciación del otro: si es más o menos inteligente, más o menos comprometido, más o menos experimentado, más o menos pasional, etc. No es que algunos sepan más y otros menos, que unos tengan la posta y otros sean inmaduros, es que la operación de lectura de la realidad exige un desplazamiento de terreno que articule tópicos profundamente heterogéneos entre sí, de una manera original.

Así Althusser, por ejemplo, hacía notar que la genialidad de Marx no consistía tanto en ver lo que los economistas clásicos no veían, desde una posición externa o trascendental, sino que producía su enunciado-concepto sobre la 'fuerza de trabajo explotada' a partir de la misma matriz teórica que aquéllos utilizaban: veía que ellos habían producido una respuesta correcta sin haberse planteado siquiera la pregunta (por no haber salido de su ámbito de producción específica). Si Marx lo pudo hacer no fue porque era más vivo o inteligente que los otros, sino porque circulaba por ámbitos de pensamiento muy heterogéneos entre sí: política obrera francesa, filosofía idealista alemana, economía científica inglesa (entre otros). Y ese circular incesante, podemos afirmar hoy, es lo que permite articular un punto de vista complejo que cierna aquel objeto inasible que llamamos realidad. Y no es una parte de un todo, ni el todo mismo, es un nudo que se teje en la alternancia de tópicos.

Quisiera intervenir, a partir de estas breves puntualizaciones filosóficas, en un debate actual que toma por objeto a la posición misma de los intelectuales y su función.

Carta Abierta (CA), Plataforma y Argumentos

En un artículo reciente, publicado en Página 12 (Domingo, 15 de enero de 2012 -de aquí en más hacer clic en los subtítulos para ver los enlaces-), se puede encontrar expresada una pequeña parte del campo intelectual argentino. Tres posiciones, tres estilos retóricos, tres modos de enunciación. No está nada mal que exista este abanico de opciones político-intelectuales. Lo que no se puede pasar por alto, al leerlas y acordar o disentir con ellas, es que tal diversidad de pareceres es justamente posible gracias al enriquecimiento del campo político-cultural que ha logrado activar el actual gobierno. Condición de posibilidad que, por lo menos, debería desactivar correlativamente algunas chicanas referidas al 'verticalismo' y lo 'monacal' de quien preside el ejecutivo nacional (i.e. Svampa-Gargarella).

Por mi parte, coincido transversalmente con algunos puntos aludidos de las tres posiciones, más no así con el estilo y el modo de enunciación elegido en cada caso. Disiento allí pues también con amigos, afectos y otros tantos pares, vamos encontrando modos de escritura singulares para pensar la coyuntura actual (expuestos en libros, artículos y post). Pensar implica, desde ya, evitar las burdas dicotomizaciones del campo y los esencialismos estratégicos. Y pensar verdaderamente siempre se da en conjunto (genérico, indiscernible, abierto), de muy diversas maneras.

Así pues, antes de calificar al pensamiento -si es crítico o no, de izquierda o no, abstracto o no- y de atribuirlo específicamente -si es patrimonio de intelectuales, académicos, políticos, entidades suprasensibles, históricas u otras-, hay que pensar; y la aparentemente obvia pregunta por si pensamos -o no- no lo es tanto si permanecemos dentro del círculo de las calificaciones y atribuciones -las respuestas-, tan característico de los mentados 'intelectuales' -que además pretenden autocalificarse-, o si salimos de él. Si la planteamos, a la pregunta, quizás ya no estemos allí, dando vueltas. Pues pensar no es cuestión de oficio o profesión; es algo que puede producir -y ocurrirle a- cualquiera en tanto se sustraiga a la estupidez de esos círculos, tan bien dispuestos en cada situación.

Para mí, el pensamiento es autónomo por definición, pero eso no quiere decir que esté separado y desvinculado de lo que pasa, acontece, procede (en torres de marfil, despachos de gobierno o barrios marginales); al contrario. Por otro lado, tampoco creo que el pensamiento sea patrimonio exclusivo de personas identificables como 'intelectuales'; hay pensamiento cada vez que se da cuenta de la complejidad de habitar el espacio y el tiempo singular que nos toca (y afecta), y cada quien lo hace con distintas herramientas (palabras, pinturas, gestos, movimientos).

Por eso quisiera salirme un poco del eje en el que suele plantearse la localización del intelectual. Pues se me ocurre que la cuestión tan mentada de la derecha y la izquierda (sobre todo eso de que 'te corran por izquierda') es demasiado lineal; y como tal, escaso pensamiento puede haber si se toma sólo una dimensión del espacio para calificar una posición. Me gustaría que de una vez por todas se asuma la radical complejidad del pensamiento (ni abstracto ni concreto, ni por arriba ni por abajo, ni soberano ni súbdito), es decir, su corporalidad, su multiplicidad, su materialidad. En sintonía fina con los ensayos de Wenders y Herzog, por el lado del arte (del cine, de la danza, de la pintura), formular el pensamiento y la función intelectual en por lo menos tres dimensiones, ¿sería posible eso, en conjunto?

En este sentido, me parece necesario problematizar la formación intelectual. Examino a continuación la CA11, para indagar la extraña heterotopía que ello exigiría.

Sobre la CA11

Acuerdo en el tono y el contenido de la mayor parte de los puntos definidos allí. Me interesa particularmente el cruce atento de análisis políticos, económicos, culturales y demás.

Lo que en cambio me parece sigue quedando impensado, en esta valoración compleja del proceso político en curso, es el modo en que dicho pensamiento múltiple, complejo, heterogéneo, puede ser sostenido en conjunto (genérico), no sólo atendiendo a los distintos sectores particulares, esto es: la formación de ciudadanos que puedan pensar en el entramado social multiforme que nos constituye. Y eso no se logra privilegiando una experiencia por sobre las otras, o todas por separado, sean éstas militantes, científicas, técnicas, culturales, etc. Se logra pensando justamente en conjunto, en el entramado solidario de esas tensiones irreductibles. No se trata de establecer un plan o programa de gobierno; se trata de tener claro que el pensamiento (y no los intelectuales) múltiple de lo múltiple, el pensamiento transpolítico, debe ser articulado y sostenido en su (im)propia materialidad, en su anudamiento alternado de tópicos, prácticas y temporalidades. Cada pensamiento -y desde cada pensamiento- singular puede pensar el nudo que articula la materialidad del ser (en) común.

El desafío quizás esté ejemplarmente resumido en esta hermosa expresión de deseos: "Si la Igualdad es el horizonte de estas políticas [del gobierno], lo es como igualdad en la diferencia y reconocimiento de la heterogeneidad. Lo es como ampliación de la ciudadanía, que se va desplegando en un recorrido desde la inclusión –con las múltiples estrategias de reparación social– hacia la Igualdad. No es poco lo que falta en este sentido y seguramente nunca el camino estará cumplido." (CA11)

Sostener la igualdad, y al mismo tiempo la heterogeneidad que nos constituye, implica, por un lado, reconocer el fondo múltiple ontológico que somos en cada caso (múltiples de múltiples) y, por otro lado, la diversidad de operadores de conexión por los que podemos encontrarnos -con otros que somos- al sustraernos a la lógica reproductiva y alienante que dispone cada situación, sus saberes y lenguajes instituidos.

La inclusión y sobre todo la pertenencia deben ser forzadas singularmente por operadores especiales no reductibles a saberes programáticos. Estos operadores son nada menos que: obras de arte, descubrimientos científicos, expresiones afectivas y modos de organización que indagan, a su modo, las multiplicidades genéricas en situación. El Estado, en su repolitización continua y autodislocante de sus propias estructuras debería abrir espacios donde ocurran dichas producciones de verdad no programadas ni anticipadas desde saber alguno. Y la función intelectual es clave en el sostén de esas aperturas, más acá de la remanida cuestión de si se es 'crítico' o 'acólito' de un gobierno dado.

La formación de nuevos intelectuales (en 'funciones' y no en 'figuras'), entonces, no puede ser dejada en manos de la mera especialización sectorial; como tampoco se va a producir por la lectura de cartas públicas, cuya función es evidentemente otra (más bien: expresiva). Sería consecuente que el gobierno, en la misma orientación política que propone -en 'sintonía fina' ideológica- disponga lugares de formación de ciudadanos que las universidades, institución donde históricamente se ha depositado esa función, no están habilitando por su misma lógica de exclusión sistemática de lo nuevo (su lógica burocrática-reproductiva).

Pues la función intelectual es la que permite pensar el conjunto social heterogéneo, multiforme, en movimiento e investido afectivamente, y no sólo ocuparse de lo que cada quien más o menos maneja o cree manejar disciplinarmente según lo aprendió en su facultad (incluida la de 'la calle'): artes, ciencias, técnicas, tácticas y estrategias.

Es decir, algo obvio: las universidades, a pesar de sus progresiones o regresiones circunstanciales, no forman intelectuales, forman técnicos o profesionales o expertos. ¿Cómo, entonces, abrir esos nuevos espacios necesarios para generar pensadores que estén a la altura de los acontecimientos actuales?

Dejo abierta esta pregunta porque no tengo la respuesta y no sé si cabe asignar a alguna institución particular la heterotopía necesaria para que la vitalidad de un proyecto político complejo se sostenga. Seguramente no. Lo que sí sé es que hay que apostar siempre por la apertura necesaria para que no se cierre e identifique el proceso político en curso con una sola lógica, un sector privilegiado y una serie de procedimientos o planes determinados. Si esta orientación ontológica de la política está clara en múltiples lugares del espacio social, y no sólo en el gobierno, iremos por buen camino.

Por último, un breve comentario sobre las modalidades que puede adoptar la crítica.

CA10 y Grüner

Respecto lo que allí se expone, diría: ni tanto ni tan poco. La externalidad entre 'modelo' y 'anomalías' que ve Grüner en CA10 -su exigencia dialéctica digamos- tampoco le permite ver a él la totalización que ejerce ahora su propio análisis por el lado de la determinación económica: el 'capitalismo agrexportador' como el verdadero poder que en 'última instancia' determina el todo social, mientras que las tensiones y contradicciones fácticas (políticas, sociales, culturales) que señala CA10 son secundarias (meros 'efectos' y 'partes'). Grüner pareciera reemplazar un lenguaje histórico-poético como el de CA, que intenta dar cuenta de la complejidad social, quizás -eso sí- regocijándose demasiado en su propio dominio (intelectual), por un lenguaje dialéctico totalizante que no goza menos de su supuesto saber (académico) aquella clave que explicaría el Todo: la 'lógica de la falta' sigue quedando inscripta así en algún lugar privilegiado, y no se encuentra en ello el nudo complejo de sobredeterminaciones que nos constituye.

Después de todo, el papel del intelectual en cuestión es parte del asunto, es decir, se encuentra inextricablemente implicado allí, de algún modo, y 'falta' aún demasiado por escribir-pensar al respecto, pues nadie tiene la clave de nada, sin que todo dé lo mismo. Sin Todo, ni falta determinada, es necesario pensar entre partes, anómalas, heterogéneas, desjerarquizadas, para desplazar y destituir los órdenes de privilegios instituidos (económicos, culturales, intelectuales, etc.).

En fin, es un buen puntapié el de Grüner, pero se queda corto en muchos aspectos: vuelve sobre esquemas de análisis que hacen recordar a las peores lecturas de Althusser, que se pueden desmontar incluso desde el mismo Althusser, ¡y ni que hablar desde sus discípulos! Por ejemplo Badiou, a quien tanto se resiste a leer Grüner, diría que en efecto 'hay verdades' políticas, científicas, artísticas, amorosas, pero nadie las posee, ni domina ni totaliza, pues se trata de procedimientos genéricos infinitos, inacabados, no hay algo así como 'el todo social', ni siquiera 'constelado'; hay composibilidades, apenas. Lo cual no es poco.

Y si, como dice Daniel Freidemberg, "lo que aparenta ser una discusión política, sobre todo en EG [Grüner], es en gran medida una disputa por quién tiene el dominio de la verdad, quién es el que accede por un acto de honestidad y compromiso con La Verdad al verdadero patrimonio del 'ser real y único de las cosas' que al fin y al cabo estaría ahí, establecido, esperando que un espíritu dotado de una lucidez más alta que la del común de los mortales lo revele 'tal como es', enfrentando a todas 'las distorsiones' y entronizando entonces a quien nos esclarece así en el podio de la autoridad, con cetro fálico y todo." También es cierto que a esa aspiración eterna de acceso privilegiado al falo, el Uno, el cetro, el Todo, le respondemos desde siempre con la contraparte histórica que la excede por todos lados: ontologías de lo múltiple, de las sobredeterminaciones, de los nudos solidarios; pues escribimos y pensamos hace tiempo en el registro musical de lo múltiple.

Y, finalmente, hay también una dimensión política en estas discusiones: con mis amigos le llamamos "Ontologías políticas" (AA. VV, Buenos Aires, Imago Mundi, 2011); y yo, a veces, uso el término "transpolítica".

lunes, 16 de enero de 2012

García Linera

Excelente entrevista a García Linera. Un par de anotaciones al respecto.
1º Me siento muy próximo a esta concepción ideológica del Estado y la política.
2º Me parece muy atinado sustituir el viejo término de las 'contradicciones internas' (esa topología clásica del todo y sus partes internas/externas) por el de 'tensiones creativas' y su 'lenguaje plebeyo' -de cortes- correlativo (topología de pliegues y desplazamientos).
3º Creo que vernos en ese espejo contigüo que nos ofrece Bolivia, nos puede ayudar a pensar parcialmente nuestras propias tensiones creativas y lenguajes políticos.
4º Finalmente, extraño esa claridad conceptual articulada con lo real complejo de la sociedad en el lenguaje de nuestros funcionarios (por momentos brilla en el lenguaje de CFK aunque suela deslizarse fácilmente, como ella misma dice, en la numerología). ¿Será que nos falta esa formación simultánea en Ciencias Sociales y Matemáticas? ¿¡Ni que hablar de los modos de organización indígena?!
No me quejo; sé reconocer también nuestra propia potencia y singularidad.

martes, 25 de octubre de 2011

El triunfo de Cristina (análisis coyuntural)

Transcribo el análisis minimalista que hace AG sobre el triunfo de CFK y luego un breve comentario, en síntonia político-formal, de mi parte.

Las razones de la victoria de CFK- La Voz del Interior 24-10-2011
Alejandro Groppo

Las victorias electorales obedecen a múltiples causas y factores. La explicación del seguro triunfo de CFK tiene tres componentes: estratégicos-utilitarios, ideológicos y político-partidarios. La explicación estratégica indica que CFK gana porque los votantes entienden que su situación mejoró en los últimos años y que será mejor bajo CFK que bajo un gobierno de cualquiera de los opositores. Así de simple. En la ponderación del voto utilitario-estratégico confluyen desde elementos de corto plazo tales como la afluencia macroeconómica pasada y presente, la AUH y el mejoramiento del salario y el empleo hasta valoraciones de mediano y largo plazo como la percepción que frente a una posible crisis internacional el gobierno tiene la capacidad y la experiencia para administrar su impacto nacional mejor que cualquiera de las otras ofertas electorales. El impacto electoral de las imágenes de un ‘primer mundo’ en llamas e ‘indignado’ frente a la tranquilidad argentina no es menor.
La explicación ideológica indica que todo lo anterior, los resultados de la política económica y social del gobierno, son presentados, ‘enmarcados’, en un relato de la igualdad, la justicia y la reparación histórica. La política no es solamente proveer bienes, es también proveer sentido, construir un lenguaje para simbolizar la realidad, para ‘orientarnos’ en el mundo social. El imaginario de la democracia ‘nacional-popular’ galvanizó exitosamente ese nuevo lenguaje.
La explicación político-partidaria tiene que ver con que el peronismo es una máquina de ganar elecciones en los territorios donde la oposición nunca pudo y difícilmente pueda hacer pie. Es el único partido con dimensión nacional de la Argentina. Y en una democracia, cada pueblo, cada familia, cada barrio cuenta. Es parte de la idea de Igualdad. Todos deberían saberlo.

Comentario.
Excelente análisis de Alejandro Groppo, sobre el triunfo de CFK. Los tres componentes que le permiten desarrollar su explicación:
1. estratégico-utilitario (económico),
2. ideológico-simbólico,
3. político-territorial,
y dar así con el nudo del acontecimiento político en su estricta singularidad, no señalan dimensiones de análisis separadas que obedecerían a distintos principios causales sobre los cuales habría que remontarse hasta totalizar su sentido último; tampoco se trata de una mera sumatoria de factores que por simple acumulación cuantitativa darían cuenta del éxito de este proceso eleccionario; se trata justamente de captar el nudo o la sobredeterminación por la cual cada uno de estos componentes, en su mismo inacabamiento e imposibilidad de determinarlo todo, se sostiene, contamina y atraviesa de los otros dos. No hay una estructura jerárquica que disponga el orden de determinación de los componentes del nudo político; éstos se determinan mutuamente. Se abre entonces una muy amplia dimensión de análisis, infinita y actual, entre los mutuos atravesamientos, tensiones y distensiones locales, e incompatibilidades lógicas, que hacen a la riqueza y complejidad de este proceso político en curso. No solamente lo que aparece quizá más remarcado, i.e. cómo los beneficios económicos son leídos en clave ideológica, sino también cómo esos beneficios son extendidos hacia todo el territorio nacional, y a la inversa, cómo la singularidad de que cada región exige nuevos beneficios y a su vez marcos ideológicos para interpretarlos (i.e. los problemas ambientales). Toda una serie de tensiones se juega en la mutua contaminación de estos componentes, lo importante es dar con el nudo que los articula en sus irreductibilidades y que, por supuesto, también puede ser cortado. Pues hay que tener en cuenta que, más allá de las formalidades, a las élites les convienen siempre las estructuras jerárquicas de poder, díganse democráticas, mediáticas u oligopólicas. Seguiremos entonces por esta vía que sostiene el nudo complejo del poder, más acá de las bobas cuestiones de ser o no ser tal predicado, o bien de fingir asepsia y neutralidad valorativa. Antes que el juego continente/contenido de quién está adentro y quién afuera, se trata de sostener el complejo y riguroso juego de la gramática pulsional: afectar, ser afectado, dejarse afectar por los acontecimientos.
Roque Farrán

viernes, 21 de octubre de 2011

La juventud, Cristina...

En este artículo se comenta elogiosamente la actitud militante de la juventud argentina. Me parece muy bien. Pero lo que no dice es que nosotros, los argentinos, tuvimos que pasar antes por una grave crisis de representación, como la que están viviendo ahora los países mencionados, para que la fortuna y la virtú se encontraran imprevistamente bajo el nombre de los K. No cuentan que también tuvimos que pasar por el dolor, la desesperación y la falta de sentido, hasta tocar el fondo mismo de la inconsistencia en que nos había sumergido el neoliberalismo. Y que este proceso político sigue siendo ante todo una apuesta, apenas una posibilidad de otra cosa. Es por eso que desde el lugar subjetivo más bobo, si se quiere, mi deseo es que Cristina gane con el 100 % de los votos. No tanto por cuestiones de modelo, de seriedad, de consistencia, ni siquiera porque se lo merece, como dije por ahí, sino porque NOS lo merecemos: nunca imaginé que, en tanto argentino, iba a tener una presidenta semejante, que estuviera a la altura de lo que nos toca vivir.

domingo, 31 de julio de 2011

Pensamiento materialista

La complejidad del pensamiento no es homologable a lo complicado, ni mucho menos a lo retorcido; es el anudamiento solidario de las singularidades irreductibles que acontecen (lo que pasa, no cesa de pasar, y no lo que fue). O, lo que habrá sido para lo que está llegando a ser. Historicidad viva, retroactiva, y no mortificante determinación absoluta de un pasado fijo (como sueñan idealistas y moralistas).

En este sentido, lo material, lo real, no es solamente lo que uno se imagina, o lo que dicen los diarios, o la experiencia vivida, o la memoria; es más bien el anudamiento actual de procedimientos políticos, artísticos, científicos y amorosos inconclusos, en curso, pues seguimos viviendo. La forma del juicio (ético, estético, político, etc.) es, en cambio, la renuncia misma al pensamiento.

Así, quienes pensamos materialmente podemos parecer desprolijos, incluso hasta violentos; pero ello no se debe a la informidad o rudeza de la materia con que trabajamos, sino a las torsiones de los planos discursivos que activamente padecemos y por donde derivamos sin previsiones, ni programas ni mandatos.

Por eso me causa gracia, ocasionalmente, ese procedimiento común, idealista, que consiste en apelar a la memoria y en citar dos frases al voleo para legitimar lo que, se imagina, tiene una fuerza de evidencia inapelable (i.e. "yo me acuerdo que Kirchner decía que Menem era el mejor presidente"). Ante semejantes linealidades discursivas, no se debe responder con justificaciones o contextualizaciones amplificatorias (círculos hermenéuticos de sentido), se responde en un acto sin garantías de nada, que no necesita idealizar pues confía en su desmesura; que traza diagonales y bucles imprevistos sobre los planos discursivos. Movilidad que define un pensamiento materialista en acto, e inconcluso de múltiples modos (anudados).

lunes, 4 de julio de 2011

Del poder mediático

Recuerdo que cuando estudiaba periodismo casi todo lo que nos transmitían en la facultad estaba vinculado al surgimiento omnímodo de ese cuarto poder en el que se estaban convirtiendo los medios; sin embargo, no quedaba muy claro, más allá de las más obvias manipulaciones, hasta dónde llegaba y cómo operaba efectivamente ese poder sobre el relato de lo cotidiano.
Hoy, las redes tendidas por el poder relator/constructor de realidades han quedado bastante expuestas (en nuestro país, en virtud del enfrentamiento del monopolio mediático con el gobierno). Incluso se puede entender cómo esas redes del poder mediático monopólico construyen, además de los lugares comunes, los lugares plurales, alternativos y hasta opositores, siempre según sus propias reglas, lógicas y gramáticas (desde el "A dos voces" hasta el lanatismo).
En esta cita, extraída de una entrevista a Zizek y Assange, el primero se refiere lucidamente al segundo y su operación de develamiento del poder mediático:

"Para el filósofo, Wikileaks representa un hito. “Ojo, yo no soy un utopista. No es que todo lo que dicen los grandes medios sea falso. Su gran mentira está en cómo deciden mostrarnos la realidad. Julian y su equipo están trayendo un cambio porque intervienen justo ahí. Es igual que cuando en las revoluciones el rey quedaba desnudo. Todos lo sabían; sin embargo hacía falta que alguien lo gritara y lo remarcara para que se abriera la posibilidad de una situación nueva”, subrayó. El análisis del esloveno invitó a no confundir lo de Assange con el llamado “periodismo investigativo”. “No. Esto es mucho más radical. Porque en general la ideología no sólo controla lo que decís, sino también los modos en que podés rebelarte. Pues bien, vos y tu grupo –y aquí apuntó a su partenaire– están haciendo más que rebelarse. Están cambiando el modo de transgredir las reglas.” (página 12 de hoy)

Finalmente, operaciones como ésta han des(a)nudado las redes del poder mediático real, el rey, del que casi todos sospechábamos -su desnudez- pero del que no podíamos sustraernos fácilmente, pues tan bien tejida estaba la trama -de su vestido- que hasta los supuestos investigadores y denunciantes de profesión formaban parte de ella (hoy se los ve expuestos en su patetismo).

domingo, 26 de junio de 2011

De las voces ausentes (mis padres)

Leo una breve nota de Estela de Carlotto; allí saluda a su nieto perdido, que hoy cumpliría la misma edad que Cristo.

Tengo 33 años; bien podría ser hijo de desaparecidos. Mis padres están vivos, pero muchos de sus compañeros de militancia durante los 70s no lo están.

Imagino, quizás algunos de ellos me hayan sostenido en sus brazos. No lo sé. Pues, según me cuentan, en aquélla época todos se ayudaban y cuidaban entre sí, y cuando mis padres cursaban, o trabajaban, o militaban, a veces, yo quedaba en manos de otros.

Quizás también me hayan sostenido sus palabras y afectos, en arrullos y sueños, con voces tenues e insensatas. Quizás por eso mismo me haya dolido tanto su desgarradura feroz, la de aquéllos sueños y tramas, durante largas décadas de represión y olvido, y ahora me cale hasta el alma (que aquí está expuesta) oír dulces y firmes voces que los invocan (a mis otros padres), e intentan reconstituir ese tejido de sueños deshilachados que algunos llaman "nuestra historia reciente".

Poder decir el dolor de la pérdida, durante tanto tiempo acallado, deshilvanado, en virtud de nuevos tejidos, de incipientes alegrías, de otros nombres, ¡vaya, eso sí que conmueve (hasta la médula)! Escribir, pensar, decir, para mí, para otros, implica recorrer esta herida expuesta del ser común, del ser-conjunto, para ligar sus bordes desagarrados (aunque más no sea en partes, que es todo lo que hay). Así de imposible es la tarea que me han asignado los ausentes, sus causas, con sus voces múltiples ya idas, ya reencontradas, cada tanto, en otras actuales. Decir a pura pérdida, hoy, como siempre.

miércoles, 15 de junio de 2011

Hebe, la verdadera política

Hay una forma de pensar y practicar la política que resulta fundamental y que se vuelve aún más notable, o más visible, en una época como la nuestra en la que, justamente, carecemos de fundamentos últimos para justificar nuestros actos. Es decir que nuestros posicionamientos éticos y políticos se juegan, hoy, en las contingencias de un cotidiano vivir, sin amparos en códigos morales o reglas preestablecidas.
Y deseo referirme aquí, puntualmente, al caso paradigmático que motiva estas improvisaciones. Hablo de la actitud de apertura incondicional y de vulnerabilidad extrema que ha mostrado recientemente Hebe de Bonafini al descubrirse estafada por los hermanos Schoklender. Ante la requisitoria de los periodistas ella insistía en que, a pesar de todo, seguía creyendo en la gente y que volvería a abrirle las puertas de la Organización de las Madres a quién así lo necesitara, tal había sido el caso de aquellos hermanos estigmatizados en su momento por la sociedad. Posicionamiento, el de Hebe, que me recuerda también el ejemplo del diputado Jorge Rivas, quien defendía y aún defiende una posición progresista de no represión frente a la problemática de la inseguridad, incluso luego de haber sido brutalmente golpeado y de haber quedado en silla de ruedas a consecuencia de dichos golpes, productos directos de la mentada inseguridad. La verdadera política, así, es aquella que se juega incondicionalmente por otros, sin prejuzgar quiénes son esos otros, ni qué pueden o no pueden esos otros; sin determinar sus rasgos y cualidades, sean éstas de índole económica, moral, religiosa o cultural. Por ello, se trata de una apuesta a puro riesgo, en tanto no pide garantías ni credenciales; como un acto de amor sin objeto particular, se dirige hacia una sola y única meta, siempre la misma: que cada vez más personas puedan vivir mejor, es decir, puedan tener condiciones de vida digna, justa e igualitaria. Así de simple. Claro que sostener con coherencia ("militancia", se suele decir) semejante tarea no es nada fácil, y no todos se animan a involucrarse en los rigores que ésta implica. De hecho, lo primero que se le escuchó decir a Sergio Schoklender, luego de su separación de la Organización, fue que las Madres tenían un estilo de vida demasiado austero y que él prefería en cambio darse más gustos. El trabajo político concreto excede ampliamente las cuestiones electorales, mediáticas o, incluso, aquello que debe resolver la Justicia. La verdadera política, tal como lo muestra el sostenido trabajo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, casos ejemplares de nuestra historia reciente, no sigue el cálculo ni la estrategia sino la coherencia, la apertura incondicional al otro y una extrema vulnerabilidad por las deudas pendientes, puesta en acto en cada obra. Y esto implica, por supuesto, una reducción de ese “goce” tan caro al espíritu pequeñoburgués (como se decía en otras épocas) al que hacía alusión Sergio S. Lo cual no quiere decir que la verdadera política carezca de afectividad; más bien todo lo contrario. La extrema sensibilidad que comunican Hebe o Estela, cada vez que toman la palabra, aun teniendo estilos y personalidades muy diferentes, resulta fundamental para entender cómo se trama la sutil pero consistente lógica política de la articulación incondicional. Claro que para ser receptivos a dichos rasgos sutiles necesitamos complejizar aún más nuestras categorías y conceptos políticos; necesitamos romper con la idea de que los sujetos políticos son movidos sólo por intereses, cálculos y estrategias (cual si fueran piezas de un tablero de ajedrez). Por supuesto que estas dimensiones claramente imaginarias, resaltadas hasta el hartazgo en cualquier análisis periodístico o charla de café, son ineludibles para nuestra existencia humana (sí, demasiado humana), pero además, debemos entender que los procesos de constitución política reconfiguran constantemente las identificaciones y los afectos puestos en juego (al jugar-se). Debemos estar abiertos, también, a las diversas formas de captar la singularidad de los procesos políticos de nuestro tiempo. Nada más y nada menos que para hacer justicia con todos los muertos y vencidos de nuestra larga historia de catástrofes humanas, y estar así a la altura de lo que nos toca vivir.

Roque Farrán

martes, 14 de junio de 2011

Teología política minimalista

A ver, mi proceso esquizoanalítico es muy simple: yo no destituyo a dios, o a sus remedos seculares, para instaurarme a mí mismo en dicho ce(n)tro vacuo. Antes que nada porque yo no soy Yo, ni mucho menos Uno. Y más que de centro hablo de nudo, hecho de varios hilos entrecruzados. Les cuento, soy al menos tres (o cuatro, esto permanece indecidible). Antecedentes inmediatos. Freud contaba: ello, yo, superyo (más la realidad). Lacan contaba: real, simbólico, imaginario (más el sinthome). En mi caso, cuento entre ellos lo mismo, pero a mi modo (...). Así de simple.

jueves, 26 de mayo de 2011

Sarlo vs K

"Yo soy de las personas que cree que sería deseable ganarle al kirchnerismo, pero para adelante. No de cualquier manera. No cantando una que sepamos todos porque no hay ninguna que sepamos todos. Al kirchnerismo no se le puede ganar con una colcha de retazos donde convivan los partidos y las organizaciones más diversas." (http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=13438)
1. Beatriz Sarlo, o mejor dicho, el discurso del que ella se hace portavoz, creo, performaría un adversario digno del kirchnerismo (lejos de la sola cuestión mediática). En el sentido que le permitiría a este movimiento político, por un lado, no dormirse en los laureles de lo producido hasta el momento y, por otro, alejarse de la siempre peligrosa hipóstasis de una identidad.
2. El único problema que tiene, para mí, adherir in extremis a una perspectiva "lúcida" como la de Sarlo, objetaría aquí, es que en su pre-tensión de verlo todo, todos los movimientos y operaciones del campo político-cultural (según dicen quienes le suponen ese saber), termina no viendo nada (la luz se torna enceguecedora), o muy poco, pues carece justamente de ese plus de afectividad que podría sobreinvestir algún significante-de-más, suspenderse, y reestructurar así el campo de los posibles junto a sus multiplicidades indiscernibles (no sobre los demás), sin precipitarse por ello en el mero vacío situacional. De este modo, el sentido material concreto aparecería como una vección real, una orientación efectiva, producto de la convergencia dispar -y precaria- de dichos múltiples, y no un abstracto y teleológico "para adelante". En fin, está claro que la posición política de Sarlo resulta elitista e idealista (como han dicho otros), y que esa no es la única opción lúcida para un intelectual, sobre todo si piensa desde una orientación genérica donde las jerarquías (incluso de saberes) están de más.

lunes, 11 de abril de 2011

sumak kawsay (buen vivir)

Estos principios del movimiento indígena, incorporados a la constitución ecuatoriana, coinciden bastante con lo que intento pensar políticamente en este espacio de escritura.

Dos preguntas extraídas del página 12 de hoy:

–¿Podría definir los puntos centrales de su carácter alternativo?

–En primer lugar, hay que romper las individualidades estratégicas, porque en el capitalismo uno piensa primero en sí mismo, uno dice “primero yo, yo soy ciudadano, yo soy consumidor, yo maximizo mis propios beneficios y utilidades”. La noción de sumak kawsay plantea una solidaridad de los seres humanos consigo mismos, que ha sido rota por el discurso del liberalismo. Pero, a diferencia del discurso del socialismo –que planteaba una relación con una sociedad más grande, y de esta sociedad con el Estado–, en el discurso del sumak kawsay la relación del individuo ya no es con el Estado sino con su sociedad más inmediata, con su comunidad, de donde los seres humanos tienen sus referentes más cercanos. Y esta sociedad a su vez se relaciona con otras sociedades más grandes de tal manera que las estructuras de poder se construyen de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Lo segundo que plantea el sumak kawsay es quitarnos de la cabeza la noción de que más es preferible a menos. Es decir, de que siempre tenemos que producir y tener más según reza el paradigma del desarrollo, del crecimiento, de la acumulación. Y a no ver en los objetos la ontología de los seres humanos.

–Eso supone casi un cambio radical en los modos de vida...

–Por eso lo tercero tiene que ver con la dimensión del tiempo. Nosotros creemos que el tiempo es lineal y, por tanto, creemos en la acumulación. La estructura del tiempo que en este momento pertenece al capital. El sumak kawsay plantea devolverle a la sociedad el tiempo: una noción de temporalidad donde el tiempo pueda ser circular abierto. Un cuarto elemento es conferirle un sentido ético a la convivencia humana. Para el liberalismo puede haber democracia política pero no puede haber democracia económica, por eso la formación de utilidades de las empresas y de los consumidores no tiene absolutamente nada que ver con la ética. El sumak kawsay propone un cambio en ese sentido: ya no puedo enmascarar decisiones sociales en nombre de un consumo individual. Y eso significa que los recursos que han sido producidos por la explotación laboral o la depredación ambiental ya no pueden ser objetos del intercambio social. Hemos ahora logrado cierta legislación, por ejemplo para defendernos de la esclavitud o del trabajo infantil. Pero tenemos que avanzar más allá.

viernes, 11 de marzo de 2011

Literatura y política

Me gustaría dejar constancia, en este minúsculo espacio de escritura, de un debate que ha tenido lugar apenas, debido en parte al oportunismo mediocre de los medios. Me refiero al debate sobre literatura y política que esbozó Horacio González en torno a Vargas Llosa. Transcribo aquí el texto que mejor ha condensado, desde mi punto de vista, el asunto: cómo la lengua misma se teje de la ideología política (no hace falta suponer ninguna intencionalidad).

La feria de Vargas

OPINION
Por Américo Cristófalo *

“La ciudad no hablaba de otra cosa.”
Vargas Llosa, El sueño del celta

La polémica de estos días acerca de Vargas Llosa –la invitación que le concede la Fundación El Libro para abrir la Feria de Buenos Aires, y las dos cartas de Horacio González– puso en escena una serie de supuestos acerca de lo que es posible decir, qué actores y en calidad de qué lo dicen, cuándo decirlo, y la oportunidad política de hacerlo. Supuestos de compleja elucidación y que merecen alguna mesura mayor, pronunciamientos más serenos, un lenguaje más sutil para el tratamiento de las categorías en disputa: censura, libre expresión, literatura y política, etc. Pero hay dos presunciones que han tomado la apariencia de verdades universales. La primera se refiere al carácter “indiscutido” de Vargas Llosa en cuanto escritor, independientemente de sus opiniones; se lo ha llamado “gran maestro” de la novela, se invoca el consenso del Premio Nobel, se habla de su “inmensa erudición”, se juzga eminente su obra... en fin, se pone a Vargas en la cima de la literatura contemporánea en lengua española. La segunda presunción establece que las instituciones públicas no deben ni pueden pronunciarse acerca de lo que en el terreno del libro hacen o deshacen las fundaciones privadas, el mercado y la industria cultural; se considera peligroso y aun aberrante que una institución del Estado abra y promueva un debate en este sentido, se recurre al típico prejuicio liberal, por otra parte propio de propagandistas y agentes como el Nobel implicado, que de entrada cierra toda alternativa de discusión alrededor de un sector simbólicamente sensible de la producción y las prácticas culturales, y se estima que el Estado no tiene nada que hacer ni decir acerca de ellas.

Por razones que no sería pertinente delimitar aquí, algo –llamémoslo provisoriamente deseo– comprende la distinción entre novela estándar y novela, probablemente porque la novela moderna buscó desde siempre la negación de la novela. Esta cualidad negativa fue uno de sus rasgos fuertes hasta aproximadamente la década del ‘80. Hablo de la potencia que dio lugar a Ulises, a Molloy, a las sagas faulknerianas, por citar momentos clásicos, o entre nosotros novelas como, Cuerpo a cuerpo, de David Viñas o El amhor, los orsinis y la muerte, de Néstor Sánchez, o La experiencia de la vida, de Leónidas Lamborghini. El debate hasta aquí viene excluyendo con todo cuidado lo que se revela en la política de las formas. Se define al ex candidato como escritor de derecha porque opina y propaga argumentos tópicos de la derecha política. A mi modo de ver, Vargas es un escritor de derecha porque ha sabido interpretar y cumplir con evidente docilidad, libre sometimiento y sentido de ocasión, el giro general que a partir de los años ’80 se recomendó aplicar y se recomienda seguir aplicando desde los grandes consorcios editoriales. Pasado el suspiro verde-continental del boom, para superar 20 mil ejemplares había que acomodarse al conjunto de normas de la industria editorial, tardíamente alcanzada por conocidos y quizás inevitables movimientos de concentración, bancarización y virtualización financiera, movimientos que dieron paso a la moneda universal única de la novela, el mismo relato escrito una y otra vez en Tokio, Londres, Buenos Aires o Lima, con variantes de ingenio, mayor o menor competencia técnica y en lenguas llamadas neutras. Un lenguaje de novela que no tenía el alcance que llegó ahora a tener cuando Barral era todavía el señor Carlos Barral, y Gallimard el señor Gastón Gallimard, y los dueños del negocio no eran fondos de inversión que apresuran resultados a Prisa. Es al menos ingenuo pensar que los grandes procesos de monopolización editorial se limitaron a cambiar la forma y fachada del negocio. Tuvieron y tienen una incidencia no del todo entendida, asumida irracional o deliberadamente, sobre las elecciones formales, los procedimientos técnicos y la ideología literaria. El malentendido es fenomenal. Vargas es un escritor de la derecha porque opina lo que opina y porque en correlato habla plácidamente la lengua mitológica, oscura y redundante de las fórmulas salvajes que impuso la industria cultural. Escrituras como las de Viñas o Lamborghini (ver Tartabul, 2006; ver Trento, 2003) persistieron en cambio y a través de la novela sobre tonos dramáticos, satíricos y desmitificadores de la cultura. No está de más agregar al debate que Vargas, su premiado trabajo de novelista, responde al llamado celestial del mercado y que ese llamado es un mandato acerca del buen hacer narrativo: claridad y sucesividad de trama, personajes consistentes, equilibrio, intriga, peripecias ocurrentes, enciclopedismo histórico, psicología, destreza de voces, etc. El conjunto de apreciaciones que domina la correcta literatura con agregados de color existencial, altisonancias culturales, alardes profundos, aburrimiento insípido, frases solemnes y empalagosas. Cartón lleno.

Por la vía de las comparaciones y semejanzas se escucha insistentemente en estos días, y como réplica a la discreta sugerencia de Horacio González, llevada al paroxismo de la sordera y la deformación: “¿Y qué hubieras hecho si la inauguración de la Feria se la daban a Borges?”. Refiero la ligera comparación “ideológica” entre Borges y Vargas, definidos según se dice por una común costumbre conservadora. Dicho muy rápidamente, Borges permaneció en la lengua Borges, permaneció irónicamente exterior a la lengua del espectáculo. Habló una lengua acriollada, una lengua reminiscente, que se estimó elegante en la elusión o la cita estereotipada de tonos plebeyos, una lengua que se presentó según linajes argentinos, una lengua escrita sobre una superficie muy delgada, que quiso arrogarse una vaga hazaña incorpórea. Esa lengua tan reconocible y problemática para lectores argentinos, objeto discutible para el oído puesto en otros lenguajes argentinos, no está sin embargo arraigada en la difusión contemporánea de las reglas y ritmos de la industria editorial. Vargas Llosa, según esta somera hipótesis, se movió en el sentido de la nueva derecha cultural, se inclinó a su lengua, la propagó tanto en su catálogo de opiniones como en su obra de narrador. Y para un lector atentísimo a los matices, a las implicancias políticas de la lengua y las paradojas borgeanas como Horacio González, imagino, o mejor, tengo la certeza de que esta comparación debe resonarle como uno más de los muchos absurdos que inesperadamente se pusieron en marcha esta semana.

El segundo supuesto, la idea de que las instituciones públicas no deben opinar, ni ejercer ninguna tarea crítica respecto de las iniciativas privadas, define un tejido político, una ciudad –mal que le pese al seudoliberalismo contemporáneo– muy escasamente republicana. El estado de derecho no se define sólo por el monopolio de la fuerza, por la sujeción a la ley o el cumplimiento de las obligaciones y garantías civiles; es también, como se sabe, un dispositivo de mediación en la conflictividad social. La industria de la cultura no es un bloque homogéneo, está compuesta por una multiplicidad de actores e intereses enfrentados. Y la Feria del Libro es un objeto cultural de la misma naturaleza que los medios de comunicación. Un objeto de masas. Uno o dos grupos de empresas editoriales, empresas de composición financiera de capital, empresas que controlan y obtienen los mejores precios de insumos, capaces de grandes programas de marketing, empresas asociadas a gigantescas cadenas de distribución nacional e internacional, empresas que representan el 5 por ciento de las casas de edición que funcionan en el país y que dominan cerca del 80 por ciento del mercado, esas empresas que convierten a Majul en escritor y lo llevan a altísimos niveles de venta, esas empresas, de las que el conferencista Vargas es socio y amigo, las mismas que rigen pautas y consensos formales acerca de lo que debe ser una novela, son las que lo proponen y promueven junto con oscuras asociaciones y fundaciones emparentadas con la escuela de Chicago y con los amigos hollywoodenses del rifle. ¿Por qué no habrían de expresarse acerca de esta realidad las instituciones públicas, universidades, bibliotecas, secretarías y subsecretarías que están en relación con la vida cultural? ¿Por qué no habrían de expresarse críticamente los intelectuales argentinos o aun las empresas, los escritores y artistas que padecen las brutales asimetrías del sector?

Cristina Fernández interpretó con toda eficacia el tenor del debate, y desde su investidura puso sin ningún género de duda que en ningún caso se trata de impedir al señor Vargas (a pesar de sus conocidos desvaríos acerca del carácter del gobierno argentino, de los argentinos y del clima en el que estamos) que nos deleite e instruya con su conferencia inaugural. Entiendo sin embargo que este no fue un modo de clausurar el debate, sino más bien un modo de inspirarlo y extenderlo. Si este episodio quedara en la mera anécdota –como escuchamos decir sistemáticamente en los medios de comunicación y por boca del propio Vargas– de que un “pequeño grupo” de intelectuales “vetó” su palabra sacerdotal, se habría empobrecido y disuelto el interés real que representa y que apunta a una reflexión seria a propósito del estado de la cultura, de sus industrias y de las políticas culturales. ¿No es este momento argentino un momento propicio para dar con intensidad los debates que, comparables con las discusiones sobre ley de medios, pongan foco sobre cuestiones de primer orden como la democratización de la palabra, el libro, la educación literaria, los usos de la lengua?

Dos palabras más acerca del furor comparativo que se ha despertado. Abel Posse, por ejemplo, argumenta en televisión en el sentido de que los dichos “provocadores” de un escritor no deben alarmar, y que la provocación de Vargas es comparable a las de Flaubert o Baudelaire. Si la comparación con Borges no resiste discusión, esta otra resulta una enormidad disparatada. Flaubert o Baudelaire, dos casos bien conocidos de desprecio de la moral dominante, señor Posse. Usted y muchos, aunque difieran de usted, no entienden que Vargas está rendido al discurso difuso o uniforme de la mercancía espectacular; acoto que no es alarma lo que ocasiona, sino más bien, y en el terreno de las emociones primarias, otra que educadamente declino nombrar. Son frágiles y huidizas las acciones, pero diremos que el teatro de Vargas presenta al profesional correcto, en su círculo acumulativo, en su régimen de conservación, que nada tiene eso que ver con las distancias flaubertianas, con la invención idiomática de Borges, con el derroche baudelairiano. Ni tampoco con el riesgo de escritor que ha asumido Horacio González, del mismo modo: en sus declaraciones públicas como en sus libros y artículos, como en su extraordinario trabajo al frente de la Biblioteca Nacional. La literatura se hace siempre con la vida, señor Posse. Diremos algunas obviedades más para terminar: que la prohibición legal que pesó sobre Las Flores del Mal se levantó en Francia casi un siglo después de su primera y condenada edición. Que ese libro cambió el destino de la lengua poética, que Bouvard y Pécuchet desafió la metafísica tradicional de la novela, y que los libros de Vargas, pienso, no han ido más allá de las formas convencionales de la literatura moderna.

* Director de la carrera de Letras, UBA.

martes, 8 de marzo de 2011

Política y Existencia

"La política no tiene la tarea de trazar la identidad o el destino de lo común, sino de dictar las reglas -incluso al infinito- de la justicia (por lo cual tiene que ver con el poder). Mientras lo común pone en juego la existencia (por lo cual tiene que ver con el sentido). Y es de la distancia entre el sentido y el poder de lo que se trata aquí. Uno no excluye ciertamente al otro, pero tampoco lo sustituye (lo que no anula la legitimidad de la revuelta sino que disloca sus horizontes). Lo teológico-político absorbe a la vez el poder como el sentido, la justicia y la existencia, de modo que lo político termina por reabsorber en sí a lo común (o viceversa). Y, es más, ya no se comprende qué cosa signifiquen 'común' y 'político'. Es esto lo que nos vuelve tan perplejos ante la palabra 'democracia'. Se trata entonces de pensar el intervalo entre lo común y lo político: no se pertenece a uno de la misma manera que se pertenece al otro, y no 'todo' es 'político'. Así como no 'todo' es 'común', puesto que lo 'común' no es un todo y no es una cosa. Entre el poder y el sentido hay proximidad y hay distancia, hay -a la vez- una relación de poder y una relación de sentido...Tal vez sea una forma inédita de relación del hombre consigo mismo, que no podría ser 'el final de sí mismo' (si éste es el fundamento de la democracia) sin distanciarse también de sí, para impulsarse más allá" (Jean-Luc Nancy, "Tres fragmentos sobre nihilismo y política").

En este breve extracto, con el cual concluye Nancy su artículo, se condensan la perfección formal de la escritura y una tesis muy fuerte sobre lo que implica la política democrática en nuestro tiempo. A tal cruce efectivo estaría dispuesto a llamarle, con todo gusto: pensamiento. Distinción y distancia, aunque en proximidad, entre la política y los modos irreductibles de existencia. No todo es política -lo mismo decía en La verdad de la democracia- pues ella debe garantizar que haya apertura hacia lo común de la existencia (gestos, obras, amistad, amor, decía Nancy; producciones genéricas de verdad, diría Badiou) en lugar de asumir la regulación del "sentido" que a-comuna. Se ve una y otra vez resurgir este peligro que entraña propiamente lo teológico-político (vía negativa o positiva), cuando se intenta ligar la política a ciertos términos privilegiados que otorgarían sentido a la existencia (en) común. Por ejemplo, como lo hace del Barco con términos como "hospitalidad", "mansedumbre", "amor", etc. en su texto "Notas sobre la política" -lo señalaba en otra entrada del blog- donde la aparente multiplicidad queda "subsumida" bajo un solo término.

"Es en ese otro que Sistema, en ese hay post-trascendental, donde muere o se extingue la política y donde surge como acto fundante (a partir de la caída de todo fundamento) y, a la vez, Imposible, el Imposible 'amor' que pide incluso, hiperbólicamente, amar al enemigo. Pero desde allí, desde ese Imposible, 'políticamente', si es que la palabra aún le cabe, es posible volver a plantear el mandato no-posible pero a la vez el único posible, de la compasión, de la piedad, de la solidaridad y la hospitalidad, en otras palabras, el acto del amor como amor-real, me atrevería a decir ontológico. Sin esas formas, repito subsumidas en un nombre y 'ontologizadas' (dándole 'un codazo', o fuera o por sobre toda ontoteología), no hay espíritu y sin espíritu no hay comunidad ni hay hombre, pues 'llamamos' hombre precisamente a esa manifestación trascendental del amor. Tal vez la única 'política' posible, más allá de los niveles opresivos, oprobiosos y trágicos del Sistema, a los que hay que resistir y combatir, sea el amor." (Oscar del Barco, "Notas sobre la política", cursivas mías).

Tanto Nancy como del Barco invocan cierto trascendentalismo (un "más allá") en relación a lo que define al hombre, pero mientras el primero habla de un "distanciamiento de sí" que (lo) impulsa, de un "intervalo" entre política y sentido, el segundo cae en una nominación que identifica al hombre (su humanidad genérica) con el "amor-real" (religioso), lo unifica y detiene. Nunca más claro que en aquéllas dos citas, se expresa la rigurosidad del pensamiento filosófico actual para marcar sus diferencias inconciliables, que muchas veces se confunden en la apreciación estética de la escritura (¡como si fueran metáforas sin consecuencias!). De hecho, creo que esta dificultad de "distanciarse de sí" se nota en del Barco, ya más groseramente, en sus declaraciones ético-políticas vertidas en cartas públicas (polémica "no matarás" o, recientemente, contra Gelman) que no trabajan en torno la escritura/pensamiento.

Afirmo entonces junto a Nancy, Badiou y tantos otros: hay que mantener la distancia en proximidad, el intervalo irreductible entre política y existencia, en vigilancia constante de cualquier sutura y unificación totalizante de sentido (político-religioso) bajo un término privilegiado; eso es lo que define rigurosamente, para nosotros, la tarea filosófica y política que exigen los acontecimientos heterogéneos (existencias irreductibles) de nuestro tiempo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

La parrhesía de Cristina

Cristina en su discurso impecable de ayer -cuyo mayor mérito, para mi al menos, se debió más a su decir veraz que a su retórica- habló de "certezas"; hay que prestar mucha atención al carácter fundacional que expresan esas palabras, pues implican un cambio de paradigma efectuado sobre actos políticos concretos (que los números apenas indican). Cuando se efectúa un cambio paradigmático de tal índole -que también se expresa en la multiplicidad de planos discursivos que atravesaron su decir- hay ciertas posiciones y pro-posiciones que se descalifican solas (no hace falta contestarles) pues pierden sentido. Pienso en los clarinetistas y en los comentadores insoportables de los diarios, por ejemplo. Se nota que algo ha ido aprehendiendo nuestra presidenta, entre duelos y elaboraciones varias, y nos lo está enseñando ejemplarmente (también a la oposición). Me da una inmensa alegría vivir en un tiempo que creía imposible (aunque sea muy difícil estar a la altura de las circunstancias).
Aclaración filosófica-ontológica: la disolución de los "marcadores de certeza", a este nivel, no impide que en la cotidiana contingencia en la que se inscriben nuestros actos vayamos produciendo marcas simbólico-materiales efectivas (al andar se hace camino); es más, lo segundo sólo es posible si se ha asumido verdaderamente lo primero.