martes, 22 de febrero de 2011

Respecto de "Notas sobre la política" de O. del Barco

A continuación transcribo algunos fragmentos de un texto de Oscar del Barco, "Notas sobre la política" (publicado en la revista Nombres), que había seleccionado una amiga por su -según opinión de la susodicha- particular 'provocación' e 'intensidad' (y agrego algún otro). Luego, un breve comentario de mi parte.

(1) Sobre el tema de la “política” como problema teórico existe una bibliografía inmensa, en gran parte escrita por intelectuales al margen de toda práctica que pueda realizar la “idea” del socialismo o del comunismo (ideas éstas que durante más de un siglo fueron el objetivo de grandes luchas “políticas” desarrolladas en el mundo). Se trata de construcciones ideales que no pueden ser confrontadas con ninguna realidad. Al decir esto no pretendo descalificarlas. Al contrario, diría que muchas de esas “construcciones” son ricas en análisis que nos permiten, incluso por oposición, entrar en la densidad de la problemática que nos plantea la política.
El hecho de que esas teorías, modelos ideales o utopías, no hayan podido realizarse se debe, ante todo, a lo que llamo la realidad insuperable del Sistema en cuanto tal. Cualquiera de las narraciones propuestas como alternativas totales al Sistema, carecen de viabilidad práctica. No importa lo que digan o lo que digamos (me refiero a los “intelectuales”) pues nuestros análisis no pueden dejar de ser juegos (alguien dirá:”juegos de lenguaje”) teóricos o simples deseos proyectados como ideales a realizar. A la pregunta clásica sobre los “sujetos” de la “revolución” y sobre el “¿qué hacer?”, las respuestas son por lo general “fantasías” bien intencionadas que se expresan en un lenguaje técnico casi incomprensible."

(4) Las transformaciones en el campo del “arte”, de las relaciones sexuales, de la heterodoxia religiosa, o el ateísmo místico y los movimientos gnósticos, se producen en un mismo impulso y tienden a permear y destruir todos los enclaustramientos, y ante todo el enclaustramiento de los “partidos políticos” autoerigidos como los únicos lugares de una posible resistencia al Sistema.

(9) Después de las grandes guerras, de los genocidios y las matanzas, del hambre y la venta de órganos de niños, entre otras tantas e infinitas monstruosidades, ¿la “política” puede seguir siendo “política” como si no hubiera pasado nada, como si sólo existiera la libertad de las almas bellas de los intelectuales marcando sus ritmos mediáticos o el mundo empírico que nos brinda el capitalismo? Si después de Auschwitz no se puede, como dijo Adorno, seguir escribiendo poesía (al menos una “poesía” como si Auschwitz no hubiera existido) ¿se puede seguir viviendo como si no hubiera existido? ¿Podemos seguir viviendo como si el llamado “proceso” argentino no hubiera existido?

(9) Existen infinidad de cosas “positivas” que pueden hacerse dentro del Sistema, pero hay que hacerlas. No sólo hablar de hacerlas sino hacerlas. Esta es la cruz de la política y de las “bellas almas” que seguimos hablando del sufrimiento y del dolor pero aferrados a nuestros privilegios y regalías. Es posible que nuestro primer acto “político” consista en superar nuestro cinismo objetivo.

(2) “Almas bellas” agasajadas, mantenidas, alabadas, paseadas, enriquecidas, homogeneizadas en sus hábitos, en sus gustos, placeres y proyectos…” (ref. intelectuales).

(8) Resumiendo: a) existe la política-política, llamémosla clásica, que se propone participar en la administración del Sistema. Es este espacio se inscriben las miles de formas de la resistencia. Y este orden siempre es asimilable por el Sistema por cuanto le pertenece como sus propias formas aunque puedan aparecer imaginariamente como negativas; b) en la hiancia que podríamos llamar amor, o con cualquier otro nombre que creamos pertinente, los humanos nos hallamos ante el abismo de una errancia libre y desconocida. No obstante ese es el lugar trascendental sin retorno al Sistema, o su más, su exceso. Esto no significa que no haya retorno a lo empírico cotidiano, inevitable por otra parte, pero que ahora se produce, según el relato budista, a dos centímetros sobre la tierra, se vive como suspendido en el aire, en el “vasto vacío”, en el “no sé”, etc.

(10) En una página del diario de hoy, 29 de abril del año 2010, se informa de la muerte de una bebé de 4 meses en estado de inanición y con hematomas en todo su cuerpo a causa de los golpes, además se informa de 28 niños apuñalados en una guardería en China, y de la detención del padre y el hermano de una niñita que fue abusada desde los seis años… En este contexto efectivo, real, espantoso, es donde deberíamos pensar no sólo la “política” sino nuestra responsabilidad, y en consecuencia, y en lo posible, no seguir hablando como profesores o sacerdotes dueños de la verdad, como administradores del “sentido” del mundo que ellos, los que ante todo lo padecen, desconocerían. Sí, el mundo es en gran parte una carnicería, pero además esa Carnicería es, en última instancia, lo que somos y lo que hacemos. Este es el inmenso dolor de la ética, la exigencia inmanente de vivir de otra manera, de vivir en contra incluso, o ante todo, de nosotros mismos. Ser capaces de hacer corresponder lo que decimos con lo que hacemos. Una ética loca, sin imperativos, sin deber-ser, sin todo.

Hasta aquí del Barco.

De mi parte estoy de acuerdo con varios de los trazos gruesos sobre la política -tal como la pensamos en la actualidad- de los que toma nota Oscar. Principalmente que política no es homologable a administración partidaria ni se reduce tampoco a ningún empirismo positivista y/o capitalista.

Ahora bien, el asunto es el estatuto que le damos al trascendentalismo invocado y al modo de sustraerse parcialmente a eso que del Barco llama "Sistema". Y aquí difiero bastante. En vez de la insistencia de términos duplicados con mediación del "sin", i.e. "yo-sin-yo", "sujeto-sin-sujeto", "dios-sin-dios", o de términos pseudo-religiosos, i.e. "ruego", hospitalidad", "mansedumbre", prefiero pensar topológicamente en términos de nudos, redes y trenzas; como así también en otros modos de articulación y composibilitación que no remitan a totalidad o unidad alguna (ni positiva ni perdida).

No puedo acordar con Oscar en que, desde ese lugar "postrascendental" invocado, se intente ahora una reducción de la política al amor. Pues, si convenimos en no reducir la política a otras formas de pensamiento, no veo por qué repetir el error de identificación o sutura a una forma privilegiada o término clave (y valga como índice de la violencia que esto produciría el equívoco de que el "codazo" vaya con "compasión"). Cito: "Pero desde allí, desde ese Imposible, “políticamente”, si es que la palabra aún le cabe, es posible volver a plantear el mandato no-posible pero a la vez el único posible, de la compasión, de la piedad, de la solidaridad y la hospitalidad, en otras palabras, el acto del amor como amor-real, me atrevería a decir ontológico. Sin esas formas, repito subsumidas en un nombre y “ontologizadas” (dándole “un codazo”, o fuera o por sobre toda ontoteología), no hay espíritu y sin espíritu no hay comunidad ni hay hombre, pues “llamamos” hombre precisamente a esa manifestación trascendental del amor. Tal vez la única “política” posible, más allá de los niveles opresivos, oprobiosos y trágicos del Sistema, a los que hay que resistir y combatir, sea el amor." (del Barco, idem) No pienso de ninguna manera que la única política posible sea el amor. Sostengo en cambio que hay que abrir el pensamiento a la captación de múltiples modos de resistir y de crear: uno es el amor, otro la política, otro el arte, otro la ciencia; y así, pensar su composibilidad sin subsumirlos bajo un solo nombre o procedimiento.

Sin embargo, de lo que me doy cuenta no toma nota Oscar en la mayor parte de sus intervenciones -y que por mi parte intento resaltar cada vez que tengo oportunidad de hacerlo- es que esta forma de entender la política, o más bien la praxis filosófica o transpolítica, lejos de ser algo completamente novedoso es lo que vienen haciendo desde hace tiempo autores como Badiou, Rancière, Agamben, Nancy y tantos otros que menciono por el blog; filósofos que siguen la estela de los acontecimientos del 68 para repensar las instituciones y sus modos complejos de apertura y cierre: la articulación, la composibilidad, la comunidad. Se trata de pensar con ellos, no de exaltar el narcisismo de las pequeñas diferencias, de idealizarlos o, al contrario, descalificarlos por "intelectuales" cuyas elaboraciones "utópicas" no se corresponderían con la realidad (con lo cual caeríamos otra vez en el empirismo chato).

Para mi, como ya he dicho, la especificididad de la praxis intelectual reside en inventar conceptos e ideas que hagan a la composibilidad de campos heterogéneos -algunos apenas mencionados por Oscar: amor, religión, ciencia, arte, modos de organización e intervención-; apenas en eso consiste la materialidad de la práctica que invoco. No tiene ningún sentido, en este contexto, seguir acicateando la culpa del "alma bella" del intelectual que debería dar recetas mágicas (omnisapientes) para todo y no puede. Hace rato que no se trata de eso. Pero tampoco pienso que debamos quedarnos en el rol de especialistas que nos dispone la situación actual (el "Sistema" según Oscar). Creo que romper con los moldes, excederlos, utilizarlos, no quedarse meramente en una contraposición renegada (resistencia al Sistema que es una más de sus formas), tiene que ver con la invención (lo de "hacer") en donde uno se autorice efectivamente a hacerlo, y ya: arte, filosofía, psicoanálisis, ciencia, etc.

No me va eso de andar mencionando al pasar las monstruosidades cotidianas a las que quiere acostumbrarnos nuestra época, y que son tomadas oportunistamente por los medios de (in)comunicación -sabemos demasiado de eso. El asunto es cómo responder allí, ante el agujero abierto en lo social (lo que llamamos "política"), singularmente, sustrayendonos a la imbecilidad capitalista que impera, mediante la elaboración de modos propios, que tienen su historia subterránea, que vienen de otros, que a veces se dan con otros, etc. Creo que esto tiene que ver con lo de las regalías y beneficios que menciona Oscar: sustraerse de la lógica del valor (del capital) implica producir a puro gasto, sin esperar nada a cambio (ni siquiera el "cambio"). Pero bueno, las redes de valoración son complejas, el mismo Oscar por más afuera de las instituciones que se autoproclame sigue siendo parte de valoraciones circulantes (representa el canon en este medio local, como decía alguien). Entonces, sustraerse efectivamente a ellas implica un trabajo "también" intelectual.

Creo en fin, que para la gente joven, la que recién comienza, no se trata de estar adentro o afuera del sistema sino de aprender a atravesar, exceder, dislocar y sustraerse de las instituciones, habilitando distintos registros temporales y espaciales (topológicos) -habilitando otras formas institucionales quizás-. Hay cierta complejidad en la mirada y en la escucha que es inherente a lo aprehendido de los errores -de los- anteriores, de los que por supuesto Oscar ha participado activamente (se notan algunos restos de culpas mal procesadas y dictums dirigidos a quienes ya no están). Ese plus que señala Oscar como otredad del sistema quizá tenga el estatuto de la mirada o de la voz ¿quién sabe? Es cuestión de cada quien circunscribirlo y trabajarlo (a veces con otros). Y aquí viene el tema de la transmisión (algo ya he dicho) ¿se trata de ver (oír) lo que el otro no ve (oye)? ¿o ver que el otro no ve que ve? La carta "estructuralmente" robada, por la que: el juego "materialista" siempre recomienza.

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