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lunes, 23 de julio de 2012

Uno fallido que des-cuenta

I

Alguien comentaba la otra vez que todo lo que se escribe en los 'estados' del facebook es autorreferencial. Lo cual es absolutamente lógico, si se tiene en cuenta que la pregunta que interpela desde el vamos es '¿qué estás pensando?'; y aunque uno pueda pensar en muchas cosas distintas es evidente que siempre lo hace desde uno, y por ende, de alguna forma u otra, luego de su breve excursión retorna al Uno. Ahora bien, excediendo ese mínimo 'estado', normal por antonomasia, ¿es posible escindir efectivamente la lógica del Uno, y el monólogo concomitante que la acompaña, incluso cuando cree referirse a lo múltiple y diverso? ¿Y si fuera al revés? ¿Si asumir la autorreferencia fallida (en el sentido de que no puede nunca coincidir consigo misma y por eso vuelve, una y otra vez, a referir), el Uno-en-falta, en lugar de creer a priori en la apertura, el diálogo y la multiplicidad de perspectivas que uno como buen demócrata siempre contempla, fuera lo que abre verdaderamente al común, ese sin rostros ni nombres preferenciales, es decir: a la política más allá del amor y del goce narcisista? Para luego sí, quizás, en una retroactividad imprevista encontrar el amor con alguien que porta un rostro singular y con quien se indaga una diferencia absoluta (el Dos), diferencia a explorar en la multiplicidad infinita que ofrece un mundo escindido.

II

Hay unas palabras muy atinadas, atribuidas a Germán García ('¿acaso importa quién habla, dice alguien que importa quien habla?'), sobre la táctica del analista: "¿Cuál es la táctica del analista? -se pregunta García- Es la interpretación. La interpretación es táctica porque es un saber que vale para la ocasión y desaparece con la ocasión. Sabemos que en los análisis nadie dice genialidades, sino que dice, con suerte, algo en el momento preciso". Lo que me llevó a preguntarme, esta vez a mí, por la táctica del analizante y lo que se abre más allá de un análisis: ¿Cuál sería esa táctica, entonces, si la hay? ¿Acaso el amor de transferencia, que vale para la ocasión y desaparece con la ocasión? Pues sabemos, también, que en los análisis nadie produce el Dos, sino, con suerte, ese Uno fallido que monologa creyendo que se dirige a un Otro (cuando no lo hay) y lo asume.

III

En el libro las mil y una noches hay un cuento que cuenta acerca de ese mismo libro, de 'monstruoso modo', decía Borges, porque ya no se trata de uno (en) más que se desliza en la lectura metonímica, sino del bucle recursivo que, al volver sobre el conjunto, lo destituye como totalidad virtual de sentido para actualizarlo en un punto paradójico imposible. Ese cuento no es extensivo, es decir, no puede contar parte por parte el libro que lo contiene (no es una reduplicatio), tampoco una síntesis del mismo (no es un resumen): cuenta al contador, devela la textura de la trama, des-cuenta; y eso, lejos de tranquilizarnos, nos resulta ominoso, porque entonces, nosotros lectores, creyéndonos inmunes a la escritura también podemos ser meros personajes de un relato que nos excede -sugiere Borges. Encontrarse de repente con ese punto paradójico donde se cuenta lo que cuenta, donde se destituye al contador virtual en beneficio del acto concreto de escritura, en su materialidad y exceso, no restituye para mí ningún metarrelato, si no, al contrario, la liberación del acto de escribir sin garantías, ni suposiciones absolutas ni mandatos determinados. Y esa operación es lo que llamo sujeto (o también, por qué no, una forma-de-vida).

viernes, 6 de julio de 2012

Momentos de una cura en proceso

Tres momentos que hacen al proceso de una cura: pensamientos, inteligibilidad, soledad (en) común.

Pensamientos. Al principio no quería pensar más, los pensamientos me hastiaban, eran bastante repetitivos y negativos; así que busqué orientación por el lado oriental, para aprender a dejarlos pasar -tal como mandan las buenas prácticas meditativas- cual si se trataran de vagones de tren que uno decide no tomar y sólo ve alejarse cada vez más rápido, hasta que se vuelven un continuum indiscernible. Funcionó un tiempo. El problema es que las formas de vida oriental, transplantadas a occidente al menos, son en general bastante aburridas. Y además, las prácticas aisladas se degradan de a poco. Así que volví al ruedo, el de las tensiones occipitales que nos caracterizan: ya no se trataba de pensar en contenidos negativos, o prescindir directamente de pensamientos, sino de asumir hasta el hueso la radical negatividad que los y nos constituye, atravesando las sucesivas capas de sentido hasta la insensatez misma, y su reverso. Empezaron a aparecer pliegues, nudos, quiasmos y toda una serie de infraestructuras tan extrañas como impuras. Ahora, he tomado el tren en marcha -como quería el viejo Althusser- y cada tanto salto de uno a otro, entre andenes.

Inteligibilidad. ¿Por qué a veces conocer la causa del síntoma, del padecimiento, no alcanza para curarse? Este problema ya era patente en Freud, quien por eso formuló la idea de un 'más allá del principio del placer' -al que Lacan traducirá luego por 'goce'-. Sin embargo, pienso que la respuesta se encuentra en otro lado. La verdadera inteligibilidad -la que conmociona, afecta y transforma- no depende de haber establecido la cadena causal, o sus múltiples concatenaciones, ni siquiera de remontarse hacia el prejuicio original, el principio trascendente o el trauma descen(ca)den(an)te; la verdadera inteligibilidad emerge en el medio mismo y se expone, en una simultaneidad que hace nudo, con interrupciones y enlaces parciales; tan rigurosos éstos como solidarios en sus modos de cruce alternados (es la ambigüedad del término 'sobredeterminación' la que está en juego). Por eso afecta, no hay más escape o deslizamiento; hay arrinconamiento y desenlace.

Soledad (en) común. Creo que en parte todos nos sentimos un poco solos en algún momento, y por ende buscamos el lugar, el grupo y la circunstancia donde por fin aboliríamos definitivamente una soledad que es constitutiva (incurable). A veces la búsqueda se intensifica, cuando el lugar nos empieza a quedar chico y el deseo de salir, las ganas de explorar y de crecer, aunque de un modo indefinido y difícilmente especificable, pujan. Lo que se intensifica es cierta angustia, cierta incomprensión, cierta sensación de ser 'sapo de otro pozo'. Hay tantos amigos y amigas que quisiera sepan pueden contar conmigo en esos momentos, y a quienes quisiera decirles que no existe EL lugar, EL grupo o LA circunstancia, sólo las ganas de encontrarse, quizás, de cruzarse un momento y luego seguir hacia donde dicte el deseo. Hay que animarse. ¡Y no escuchen a resentidos y oportunistas! [Hablo de soledad (en) común porque pienso que para entrar en cualquier colectivo humano cada quien debería, primero, curarse de esa idea sintomática relativa a que su pertenencia, y por ende la de todos, se debe a un rasgo o predicado característico que precisamente totaliza y hace al conjunto en su multiplicidad; entonces, así, de acuerdo al grado de locura de cada quien se tratará de purificar, unificar, homogeneizar en función de ese rasgo. Asumir en cambio la soledad de una singularidad irreductible (sin rasgo: a-especular) para, ipso facto, entrar al común, exige aceptar que no hay tal totalidad -o que las mismas son ficticias- y que, no obstante, esa tendencia unificante es un sinthoma -nudo- que puede devenir un saber-hacer con lo real de la pura dispersión, antes de precipitarse en ella, sin creérselo en absoluto; es decir, sin permanecer en un imaginario que totalice, según la lógica del para-todo, dicho saber; lo cual exige, por otra parte, que cada quien encuentre el modo de forzar su pertenencia al común en un gesto singular e intempestivo].

miércoles, 4 de julio de 2012

varia(dos)

Para mí, en cambio, lo único que importa absolutamente no es siquiera la interrogación del ser, del no-ser, de la materia o del espíritu; lo único que importa es esa operación sustractiva que se especifica siempre desde un borde singular con el nombre de 'sujeto'. Esa operación que me obsesiona e histeriza al mismo tiempo, que demando, necesito y deseo en todo tiempo y lugar, que funda el tiempo-acontecimiento bajo cualquier circunstancia; ese modo de hacer, esa praxis que sólo se da entre letras o instituciones, entre saberes y verdades, siempre anónima, translegal, inclasificable, es lo único que me genera verdadero respeto. Todo lo demás me puede provocar risa, simpatía o espanto, mas no (en)causar ese extraño pensamiento que define una praxis. ¿Pero cuál era? Como la bomba, un minuto más y estallaba...

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A lo mejor no se trata de ver o no ver a Tinelli, de estar o no estar en el facebook, o en todo aquello que sea pasible de ser deglutido por esta gran máquina de reproducción que llamamos consumismo-capitalismo, a lo mejor es más disruptivo darle otro uso que el que quieren los que la producen y reproducen incesantemente, con sus circuitos asegurados de información y consumo, a lo mejor la nueva disciplina que necesitamos para socavar este sistema es la de una inconsistencia sistemática, que abra permanentemente brechas e interrupciones en las lógicas sapientes que pretenden regularlo todo, en su ficción de libre mercado. Sí, pienso que necesitamos darles otros usos, inconsistentes y sistemáticos, que contaminen la purificación lógica que domina mediante su variante interminable de objetos de consumo.

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No es que esté lleno de contradicciones, como si yo mismo fuera una especie de recipiente a ser ocupado por ellas o sus contrarias: las coherencias; más bien soy esas mismas contradicciones, me juego en ellas y esa es la única coherencia posible.

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A veces, unas ganas de gritar inmensas que desbordan todo cuerpo pensable. A veces un golpe seco basta para aplacar la humedad del silencio. Cuerdas contra cuerdas, letras a través de letras, sólo se trata de escuchar lo que resuena, a veces: solo. Puedo adivinar ese sutil hilo que nos recorre el cuerpo en un escalofrío, como una daga infinitamente filosa que corta en todas partes, a la vez y sin cesar. ¿Duele? No. Que proliferaran las palabras así, insensatas pero urdidas en tramas infinitas que hicieran vacilar toda pretensión definitiva.

viernes, 1 de junio de 2012

Breves líneas biográficas

Al principio yo pensaba, luego de tanto fantasma, que estaba deviniendo materialista, ahora me doy cuenta que en realidad me estoy materializando; de a poco voy cobrando cuerpo. Siento una fuerza singular que deseo compartir.

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Breve biografía. Nací en plena dictadura. Participé, antes de acceder a la conciencia -pero creo que eso la ayudó a despertar un poco-, de infinitas discusiones políticas sobre las más increíbles y acuciantes paradojas que afectaban a todo el espectro militante juvenil de izquierda -creo que eso me ayudó, en parte, a desistir de seguir haciéndolo luego que mi conciencia hubiera despertado-. Leí elaborados discursos políticos a temprana edad. Me preocupé por el terror político, y los desastres ecológicos, y las mentiras de la prensa a una edad demasiado temprana. Compartí mucho antes de tener. Fui punk mucho antes de vestirme de negro y hacerme la cresta. Aprendí a nadar con mis abuelos en la pileta Arco Iris de Río Ceballos. Me enamoré del olor a tierra húmeda de las sierras cordobesas (además siempre me enamoré, en piletas o sierras o bosques o mares). Aprendí karate para defenderme de los matones en la escuela; lo practiqué todos los días, varias horas al día, durante muchos años, hasta alcanzar una técnica que resultara admirable para los adultos. Luego abandoné, desistí, me olvide de todo. En ese largo proceso de elaborar las pérdidas, que algunos llaman -y fechan- duelo, recomencé. Hace poco retomé las principales líneas de fuerza que me constituyeron históricamente; pues no creo que haya algo así como un destino, ni tampoco que uno se haga a pura voluntad, pero hay cosas que te marcan a fuego y después sólo se trata de aprender a hacer con esas marcas. Nada más.

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Qué loco, reducido a mi soledad inextricable, muchas veces pienso en la nada que soy, existencialmente, y cierto malestar me invade; pero, al entrar en relación con otros y otras me doy cuenta que lo soy esencialmente, y eso me reconforta. Sé que para muchos el problema de la esencia y la existencia se dirime en ver o fijar o determinar cuál está antes o después, cuál arriba o abajo, cuál vale más o menos, etc. Para mí, en cambio, el problema se juega siempre en el medio, entre ellas, porque se dan juntas, entrelazadas; y entonces se trata de pasar, de hacerlas pasar, de subvertirlas, una y otra vez; de quebrar las referencias, los valores, los juicios; ni la nada (se) salva en la lógica de la subversión, de la transvaloración.

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Uno advierte, quizás porque se va volviendo viejo o porque fue un precursor de lo que advierte, que lo jóvenes de hoy vienen cada vez más despiertos: dominan cada vez más rápido y temprano los lenguajes de los adultos (filosóficos, musicales, estéticos, corporales, técnicos); quizás sea parte de nuestra cultura mediática de múltiples estímulos y desestructuración continua de las jerarquías y los fines, no lo sé. El asunto es que, a su vez, esta situación a primera vista tan propicia para la creación, produce algo impensado: una subordinación inmediata a esos mismos lenguajes y esquemas de valoración, que impide cualquier invención verdadera, cualquier ruptura y producción de lo singular. Paradójicamente, hoy más que nunca nos regulamos mutuamente -el sueño- para no excedernos de los parámetros de lo que es considerado bueno, bello y verdadero. Para no despertar. Claro, sabemos demasiado de la historicidad de esos parámetros, pues hemos leído todo lo necesario al respecto, pero eso no impide que actúen como si fueran eternos e incuestionables. O peor, repetimos como loros: 'son históricos y socialmente construidos', 'son históricos y socialmente construidos'. En fin, quizás no esté tan mal echarse a dormir una eternidad, después de haberse levantado tan temprano, ¡pero entonces no me jodan!

martes, 29 de mayo de 2012

Varia

Ya que, según la concepción del tiempo mesiánico benjaminiano, cada segundo es la puerta estrecha por donde puede entrar el mesías, espacialmente hablando, escojo hacer entradas lo suficientemente estrechas como para que entren sólo oportunos mesías; quienes, por el contrario, adoren las amplias avenidas del sentido común, abstenerse.

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¿Cómo explicarles que el problema está en el medio, en el lenguaje, si ellos mismos nos aseguran, de buena fe, que quieren comprender pero se rehúsan a ponerlo en cuestión? Creen que entender no implica, por un tiempo lógico, perder el sentido. Es lógico, por otra parte, que se tema que en ese instante de pérdida se introduzca algo indebido, pero ese temor-deseo sólo se sostiene de imaginar que hay un lugar por donde hacerlo, mientras que el único lugar en cuestión es uno mismo; lo que demanda, más acá de cualquier fantasía sexual, la destitución subjetiva: que haya algo más en el lugar que el lugar mismo.

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Clausewitz decía que la guerra era la continuación de la política por otros medios y Foucault invertía la frase: la política era más bien la continuación de la guerra por otros medios; luego Mc Luhan decía que el medio era el mensaje. En definitiva, hoy, está claro que la ideología es la continuación de la guerra y la política fundamentalmente en los medios, ¡estamos metidos en una profunda guerra político ideológica, y ya se ven las víctimas por doquier! Pero esta guerra se da en la superficie (ya se sabe: la piel es lo más profundo).

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Estamos acostumbrados, por tradición, a que los agujeros sirvan sólo para introducirse, e incluso para ir cada vez más profundo en busca de la quintaescencia o la última partícula elemental, desechando lo que se encuentra en el medio. Pero también hay un modo de ser por el cual los agujeros no se atraviesan, sino que se enganchan mutuamente entre sí a partir de tres, y de ahí en más en número infinito; es la modalidad del anudamiento borromeo, que nos da una idea de cómo la cosa se trama en el medio, en el 'entre', pura medialidad condicionada por múltiples agujeros, y no en las profundidades cada vez más ignorantes y destructivas.

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Mejor ser un poco duro para descentrarse, al principio, para descolocarse; mejor ofrecer un poco de resistencia, no ser tan dúctil, tan maleable; así luego, la elaboración de eso que se dice acontecimiento lleva, de ser posible, toda una vida y se enriquece de múltiples aportes; en lugar de dispersarse en la locura de los años locos de juventud, en la multiplicidad de sentidos que parecen condensarse en una palabra clave.

domingo, 6 de mayo de 2012

Fetichismo ele-mental

"La mente es como un paracaídas, sino se abre no sirve", dice por ahí un grafitti. Y la mente es también como ese hombre que se cae de un edificio y ante cada piso que ve pasar, se repite para tranquilizarse: hasta aquí va todo bien, hasta aquí va todo bien; lo importante no es la caída sino el aterrizaje.

En aquélla ingeniosa frase no sólo se encuentra funcionando el doble sentido de la apertura, en dos circunstancias heterogéneas que parecen no tener nada en común, porque bien podría decirse lo mismo de un paraguas, por ejemplo; el asunto es que hay una conexión más sutil entre ambas situaciones: la mente, al igual que el paracaídas, no sólo requiere abrirse para funcionar como tal, sino que el pensar en el que ella se ejercita resulta sólo de arrojarse al vacío.

En la actualidad las mentes no paran, y para tranquilizarse encima se medican, cuando no con sustancias específicas lo hacen con placebos u otro tipo de objetos de consumo ¿Cuándo se abrirán? ¿cuándo aterrizarán? ¿cuándo soportarán el vacío que las constituye?

Lo que no falta en esta caótica realidad, en cambio, son formas de disfrutar, modos de goce, incluso todo apunta a que no paremos de hacerlo, ¡ni siquiera cuando nos tomamos un descanso! Por eso, pienso, hay que invertir las proposiciones -incluso sobre qué es realidad y qué metáfora- en juegos inútiles, al menos para la lógica del valor y el consumo. Hay que romper con el fetichismo y sus nuevas figuras.

El fetichismo funciona más o menos así: todos sabemos muy bien que tales objetos, que tales actos, que tales personas no valen lo que dicen, pero sospechamos que otros no tan despiertos como nosotros van a caer en la trampa de esa espuria y ridícula -a todas luces- supravaloración; por eso hacemos como si nosotros también valoráramos lo que los otros, hipotéticos engañados, valoran. Así se sostiene la estupidez de los privilegios y las competencias, la reproducción de los círculos, hasta el hartazgo. Así las mentes caen y caen, como los planetas hacia sus focos, sin abrirse jamás, sin apartarse de sus soles.

miércoles, 4 de abril de 2012

El ser

El ser es esa herida profunda que produce, por incisión, el lenguaje. El asunto -sujeto- se dirime en efectuar la sutura con los múltiples hilos del pellejo que nos ha dejado expuestos, en superficie, su incisión.

martes, 3 de abril de 2012

De la posición filosófica a la que he arribado

El cogito de la filosofía actual (de la cual participo), que se sostiene sin certezas (últimas o primeras), se formula no obstante por medio de una mínima que se diluye en el acto mismo de su formulación: cualquiera piensa, luego existo. La cualquieridad en cuestión no permite distinguir rasgos particulares, ni tampoco formular un principio universal; se trama más bien en el medio, en la multiplicidad cualquiera, en la heterogeneidad de pensamientos. Captar -afectar y dejarse afectar por- dicha cualquieridad, exige atravesar y circular por distintos saberes y prácticas.

Quisiera exponer brevemente mi deuda para con los pensadores que me han afectado y modificado en este breve trayecto de escritura, de un tiempo a esta parte.

Si el trabajo político se da en el cruce de varios colectivos de pensamiento y su afecto por antonomasia es el entusiasmo, el trabajo filosófico transcurre en cambio en la más absoluta soledad. No obstante, es una soledad atravesada de múltiples nombres y de otros tantos afectos (beatitud intelectual). Quisiera nombrar algunos de ellos y qué considero me aportaron para tomar posición en el campo.

i) De Lacan tomé el psicoanálisis (ineludible para pensar las transferencias de amor y saber);
ii) de Milner su epistemología y ontología lacanianas (ineludibles para posicionarse ante la tradición occidental de pensamiento);
iii) de Badiou, Foucault y Deleuze sus filosofías sistemáticas y radicales (ineludibles para salir de la dispersión y el consentimiento académico actuales);
iv) de Rancière, Agamben y Nancy las formas originales de pensar la política en clave filosófica (ineludibles para no caer en rupturismos, pragmatismos, conservadurismos o, incluso, filosofismos).

Estoy muy agradecido de los aportes que me han brindado los compañeros franceses para pensar lo que me afecta. Por supuesto, también hay otros pensadores afines que no son franceses: Zizek, Copjec y Dolar, de la escuela eslovena, que articulan filosofía y psicoanálisis; el viejo Althusser, y sus siempre actuales modos de imbricar filosofía y política; o el más reciente Laclau, y su teoría de la razón populista tramada entre aportes de la filosofía contemporánea y el psicoanálisis.

Si bien puede sonar a broma -y quizá lo sea en cierto sentido- este es el único medio semi-público que dispongo para rendirles mi modesto homenaje, sin pompa, y no quiero olvidarlo en caso que llegue la oportunidad de decirlo.

lunes, 2 de abril de 2012

Escritura y duelo

¿Por qué tardé tanto en hacer el duelo?, ¿por ella? ¿Pero acaso podría medirse el tiempo del duelo, y atribuirlo, como si acabara alguna vez, en alguien?

Recuerdo que se abrió el suelo ante mis pies, en el decir que era el mío de ese momento; literalmente se abrió y ya no hubo sostén ni respuesta: me dejé caer inexorablemente, en un mar incontenible, infinito, de pena.

Lloré. Lloré a mares, como nunca había llorado, sin razón ni consuelo. Lo más extraño fue que no me sentí apenado por eso; ni tampoco tenía que ver mi penar, me dí cuenta, con ella. Era otra cosa, infinitamente otra, la que se abrió de repente, en ese extraño tiempo.

Mi situación era lamentable, no podría describirla adecuadamente, y sin embargo ya empezaba a escuchar una multiplicidad de voces incontenibles que arrebataban la escritura.

Recién hoy puedo tomarme el tiempo de escribirlo, así no más, aunque ya haya anticipado fragmentos.

Voy a dejar de oponerme (por si aún quedaba algo); es tiempo de desaparecer, pues la fuerza reside en la sustracción (la implica).

domingo, 25 de marzo de 2012

Acerca de las religiones (siempre) por-venir y la filosofía

¿No será mucho re-ligar si en verdad ya estamos ligados (sonados)? ¿No bastan los nudos que nos constituyen para que encima vengan a querer contarnos que hay que anudar lo anudado, y siempre por medio de una persona especial, una palabra clave, un lugar determinado (que nos salvarán)? Claro, a no ser que la religión se ofrezca como el discurso contrapuesto a esta locura científica que -pulula y- quiere que seamos una especie de cuadrículas taxonómicamente separadas y examinadas por especialistas en la materia. Pero además, si la materia es el nudo que nos constituye, entonces no necesitamos de hermeneutas que nos lo redupliquen en significados trascendentales, ni tampoco de técnicos especialistas en diseccionar la más ínfima partícula hasta su última composición.

Se cree que la distancia crítica u objetiva garantiza cualquier cosa, pues no se sabe que lo real del corte y del anudamiento puede ser asumido inmanente e inminentemente. Lo real no se sabe por dónde pasa; hay que estar atento. A dicha práctica de atención flotante y corte y anudamiento por lugares imprevistos, le llamo filosofía. No es sin consecuencias, en tanto no se vuelve filósofo quien así lo quiere.

Hay un texto de Badiou donde interpreta que para Lacan los filósofos son psicóticos. Démos-lo por cierto. A mi me encanta trabajar con este tipo de psicóticos, aunque sean muy difíciles de tratar (quizás porque en parte también lo soy). Así que bien podría estructurar lo que vengo haciendo desde hace tiempo en un curso que se intitulara: "RSI en la lectura (clínico-crítica) de los filósofos (y sus filosofías)". No lo descarto.

En relación a otras concepciones más neuróticas o convencionales de la filosofía, ya lo he dicho: la filosofía no es un capricho, histérico o autosatisfecho, no se hace en primera instancia porque se quiere; sólo si verdaderamente urge pensar, si es una necesidad extrema hacerlo, luego uno puede aprender a querer ese deseo irrefrenable, molesto, que incomoda cualquier disposición regular del ánimo. Los filósofos que han dejado alguna marca en la historia del pensamiento (odiados o amados, según la época) lo han hecho porque deambulaban sobre los filos del abismo que nos constituye, en tanto seres precarios de lenguaje. La psicosis, la materialidad desagarrada, no se juega con dulces y almidonadas palabras. Los conceptos son máquinas de guerra o frías constelaciones estelares.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Italo Calvino y el nudo borromeo

En Nueva Caledonia los mensajes de paz y de guerra insistían en una rudimentaria cuerda de corteza de banian (Ficus bengalensis)anudada de distintos modos. Un pedazo decuerda con un nudo marinero en un extremo era una propuesta de alianza militar; el destinatario, si aceptaba la alianza, no tenía más que hacer un nudo similar en el otro extremo y devolver el mensaje al remitente; así quedaba concertado un pacto indisoluble. En cambio, un nudo en torno a una pequeña antorcha -apagada, pero con huellas de quemado- es una declaración de guerra; quiere decir: «Vendremos a incendiar vuestras cabañas.» El mensaje que ofrece la paz a los vencidos es más complicado; se trata de convencerlos de que vuelvan a la aldea destruída para reconstruirla (los conquistadores se guardan de establecerse en una aldea que pertenece a otros y a los espíritus de sus muertos; por eso el nudo del mensaje sujetará trocitos de caña, arbustos y hojas que sirven para la construcción de las cabañas).

Estas fibras anudadas se exhiben en una insólita exposición de la Fundación de Artes Gráficas y Plásticas de la rue Berryer: Nudos y Ataduras, que nos invita a reflexionar en el lenguaje de los nudos como en una forma primordial de escritura.

Los nudos traen a la memoria las cuerdecillas de los maoríes (estamos siempre en las islas del Pacífico de las cuales habla Victor Segalen en su novela Los inmemoriales: los narradores o aedos polinesios recitaban sus poemas de memoria, ayudándose con cuerdecillas trenzadas cuyos nudos se desgranaban entre los dedos siguiendo las episodios de lanarración). La correspondencia que habían establecido entre la sucesión de nombres y gestas de héroes y antepasados y los nudos de distintas formas y tamaños, dispuestos a intervalos diferentes, no está clara, pero lo cierto es que el haz de cuerdecillas era para la memoria oral un instrumento indispensable, un modo de fijar el texto antes de cualquier idea de escritura. «Esa trenza -escribe Segalen- se llamaba Origen-del-Verbo porque parecía hacer nacer las palabras.» El advenimiento de la escritura, es decir, el solo hecho de saber que los hombres blancos confían su memoria a signos negros sobre hojas blancas, pone en crisis los procedimientos de la memoria oral: las aedos olvidan sus poemas, las cuerdecillas enmudecen entre sus manos. La tradición oral -escribe Giorgio Agamben comentando a Segalen- mantiene el contacto con el origen mítico de la palabra, es decir, con eso que la escritura ha perdido y que continuamente persigue; la literatura es la tentativa incesante de recuperar esos orígenes olvidados.

En la exposición de la rue Berryer hay también un quipo de los antiguos incas del Perú; y una banda de hilos de algodón de diversos colores, que empleaban los altos funcionarios del imperio para la contabilidad del Estado, los censos de la población, la evaluación de los productos agrícolas: en una palabra, el computer de aquella sociedad basada en la exactitud de los cálculos y de las reparticiones.

Hay un objeto japonés hecho de láminas de madera anudadas en un complicado dibujo casi barroco que simboliza el dios de la montaña, quien durante el invierno se refugia en las cimas para descender a la llanura en primavera como dios del arroz y velar por las plantas jóvenes. En la tradición del shintoísmo nipón hay dioses llamados «anudadores» porque atanel cielo a la tierra, el espíritu a la materia, la vida al cuerpo. En los templos, una cuerda de paja anudada indica el espacio purificado, cerrado al mundo profano, donde los dioses pueden detenerse. En los rituales budistas más sofisticados, el poder del nudo subsiste aun sin su soporte material: basta que el sacerdote mueva los dedos como si hiciera un nudo para que el espacio de la ceremonia se cierre a las influencias nocivas. Los objetos etnográficos expuestos, prestados por el Museo de Artes de Africa y Oceanía, colecciones privadas, más los del Museode Artes y Tradiciones Populares, no son muchos. En realidad la exposición está dedicada sobre todo a las obras de artistas contemporáneos en las cuales ataduras, nudos y ovillos de los materiales más diversos se inspiran en la fuerza primitiva de los objetos estudiados por los antropólogos, pero también en las sugestiones inventivas de los innumerables usos prácticos del nudo en la vida cotidiana. Sin querer invadir el campo de los críticos de arte, señalaré un bellísimo
assemblage de Etienne Martin (cuerdas, correas, arneses de caballo, esteras); una barrera de palos, cuerdas, tiendas enrolladas de Titus Carmel; una empalizada sujeta por cordeles de cáñamo de Jackie Windsor; un cantero de guijarros con restos de cuerdas carbonizadas de Christian Jaccard; muchos objetos de brujería coloreados de Jean Clareboudt y arcos con lazos de Louis Chacallis; ligaduras de tubos de plomo de Claude Faivre; raíces hechas de cables de amarre de Danièle Perrone; otros ejemplos de materiales nudiformes naturales (una raíz, un esqueleto de pájaro de Louis Pons, fibras vegetales enmarañadas de Marinette Cucco). Una vitrina de exposición, la de los «libros prisioneros», me ha producidouna particular emoción «profesional», como una pesadilla de condenación: volúmenes atados, amordazados, encadenados, ahorcados de todas las maneras posibles, un libro envuelto en cordel de cáñamo y laqueado de rojo langosta (Barton Lidiced Benès) o, visión más liviana, un libro de páginas de gasa como telas de araña bordadas (Milvia Maglione). En el catálogo de la exposición, organizada por Gilberto Lascault, se presenta también un ensayo-relato de un matemático, Pierre Rosenstiehl. Porque los nudos, como configuraciones lineales de tres dimensiones, son el objeto de una teoría matemática. Entre los problemas que plantean están los del «nudo borromeo» (tres anillas enlazadas de las cuales sólo la tercera sujeta las otras dos). El «nudo borromeo» ha sido muy importante también para Jacques Lacan: véase, en el Seminario XX, el capítulo «Anillas de cuerda». Nunca me atrevería a tratar de definir con mis palabras la relación del nudo borromeo con el inconsciente según Lacan; pero me aventuraré a formular la idea geométrico-espacial que de él he conseguido hacerme: el espacio tridimensional tiene en realidad seis dimensiones porque todo cambia según que una dimensión pase por encima o por debajo de la otra, o a izquierda o a derecha de la otra, como en un nudo.

Esto se debe a que en los nudos la intersección de dos curvas no es nunca un punto abstracto, sino aquel en el cual se desliza o gira o se enlaza la punta de una soga, cuerda, cable, hilo, cordel o cordón, por encima, por debajo o en torno a sí mismo o a otro elemento similar, como resultado de los gestos bien precisos de un gran número de oficios, del marinero al cirujano, del remendón al acróbata, del alpinista a la costurera, del pescador al embalador, del carnicero al cestero, del fabricante de alfombras al afinador de pianos, del acampador al que hace asientos de paja, del leñador a la encajera, del encuadernador de libros al fabricante de raquetas, del verdugo al ensartador de collares... El arte de hacer nudos, culminación de la abstracción mental y de la manualidad a un tiempo, podría ser considerado la característica humana por excelencia, tanto como el lenguaje o más aún...(1983)

Extraído de Colección de arena (pp. 25-26).
¡Gracias Carlos Gómez Camarena!

Aquí el texto completo: http://es.scribd.com/doc/17756895/1/I-EXPOSICIONES-EXPLORACIONES

viernes, 2 de marzo de 2012

Fragmentos (varias entradas en una)

Transvalorar. Que evaluar sea no remitir algo (gesto, obra, pensamiento) a una escala de valor previa, o simplemente desentenderse del asunto, sino poder captar en qué medida inaudita ese "algo" suspende cualquier escala de apreciación y habilita así una impropia, tejida de múltiples otras que ya no se reducen a su ámbito específico. Que evaluar sea remitir a la potencia, a la potenciación de lo Múltiple, y no la reducción a lo Uno de lo ya sabido y sus posibilidades. A eso yo le llamo transvalorar.

***

Ciencia. Intentar decir es un chiste; uno dice como puede lo que puede y a veces, con suerte, un poquito más. Luego, ese decir se olvida tras lo dicho (según Lacan). Y esto ha sido desde siempre el decir de la Metafísica (según Scavino). Lo que caracteriza a nuestro tiempo, en cambio, es un esfuerzo denodado por querernos callar definitivamente, incluso con la profusión de dichos que no dicen nada, porque la última palabra va a ser escrita siempre en un lenguaje mudo.

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Crítica. Una ontología crítica de nosotros mismos, proponía Foucault antes de su muerte. Allí condensaba, en un rapto de lucidez, todos los motivos de sus desvelos teórico-prácticos de décadas: la arqueología del saber, la genealogía del poder, el cuidado de sí, en cruces novedosos que remitían a la Ilustración e incluso más atrás: a los primeros filósofos griegos. A partir de ahí, no se tratará entonces simplemente de criticar al otro, de generar un contrapoder, de poner palos en la rueda; sino de asumir cómo uno mismo está involucrado en los límites del poder, del saber y de la ética actuales, para poder así atravesarlos, para poder ser de otro modo a los posibles dados. No se trata de posibilismos sino de potenciaciones imprevistas. Eso es ejercer una crítica rigurosa; que necesita no sólo de movimientos genealógicos o arqueológicos sino de invenciones conceptuales.

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Juego. La diferencia entre la inteligencia y la estupidez es que la segunda ni siquiera se la plantea. El problema es que la primera, al responder, pareciera que ya no se la planteara. Y así, todo recomienza: el juego de las diferencias se modula infinitamente (la estupidez lo ignora).

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‎Apropiación. El estado somos todos, dijo antes de morir Néstor Kirchner. ¿Qué implicaría asumir hoy la radicalidad de esta frase, encarnarla de un modo propio, inventar el modo? Pues al todo aludido yo no lo leo como prescripción de totalización sino como posibilidad abierta a cualquiera, en tanto la haga suya.

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Decir. A este gobierno le falta aún dar un paso crucial: haciéndose eco de las profundas raíces macedonianas que nos constituyen, y de las últimas elucubraciones de nuestro exiliado filósofo Dardo Scavino (que por cierto habría que repatriar), debería declarar ¡Metafísica para todos! ¡Todos podemos ser, basta decir! Y romper de una vez por todas con la sutura tecno-científica que limita el espacio político (metafísico por excelencia); quedando así la ciencia y la técnica sólo como modalidades posibles de ser, entre otras.

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Agenda. Lo que no comparto con mucha gente querida, incluida la presidenta, es que siga discutiendo contra lo que se dice y escribe en los medios hegemónicos (MH). Es un error. Habría discusiones mucho más interesantes -que abordarían los temas que nos urgen- si se plantearan otros interlocutores y otros medios (que existen en potencia). Porque si no le seguimos dando el poder -que ya no tienen como antes- a los MH, al modo del fetichismo: todos sabemos muy bien que ya no voltean gobiernos con dos o tres tapas pero aún así, por las dudas, los leemos porque seguramente otros sí les creerán a pie juntillas. ¡Hagamos nuestra propia agenda en serio, como dijo Cristina -incluida ella misma-!

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Fin. Bien, hemos empezado el año; se vislumbra áspero y con muchos desafíos en ciernes. Así no fuera el último, como vaticinaban los Mayas, vale la pena dar batalla como si lo fuera (siguiendo las enseñanzas de Don Juan). Quien lo hubiera dicho, hace algunos años, que una mina valiente iba a marcar agenda desde el ejecutivo: ¡Cristina combativa! Pero no hay que perder de vista -no hay que olvidar- que lo que se dice ahí es sólo uno más entre tantos otros decires (verdad de la democracia).

martes, 28 de febrero de 2012

Pensar III

Demostrar que otro piensa es mucho más difícil que hacerlo respecto de uno mismo (maxime cuando pensar exige el descentramiento egomaníaco); claro que todos tenemos el derecho a imaginar, fantasear y suponer que lo hacemos (unos y otros) en alguna medida, el asunto es marcar la diferencia (lo distintivo) de manera tal que potencie y habilite múltiples cosas, pensamientos y decires (sin medida). Permanecer en cambio en las diferencias previsibles que dictamina el sentido común no me parece que abone en ese sentido.

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Las palabras 'complejo' y 'heterogéneo' se usan cada vez más en el sentido común, generalmente como sinónimos de 'complicado' y 'caótico'. Son formas de indicar de modo un tanto sintomático la singularidad del espacio democrático. Yo me siento un un poco promotor de este espacio y de las oportunidades que abre en este tiempo. Para mí, dicho espacio-tiempo se organiza de una manera rigurosa: es el orden nodal de la alternancia. No simplemente de los opuestos al orden y a la jerarquía. O de la alternancia electoral, o de los poderes instituídos. Aprender a pensar en la alternancia de posiciones, de unos y otros, en el cruce de estratos temporo-espaciales, eso es lo que habilitaría extremar el juego democrático, en todas sus dimensiones y potencia. Eso es lo que habilitaría el pensar conjunto, descentrado, pulsado desde la singularidad de cada quien.

jueves, 16 de febrero de 2012

Filosofía

La filosofía es una necedad; a veces me siento tentado a interpolar la palabra con un ¡sí! bien afirmativamente nietzscheano al medio de ella, claro que con un paréntesis bien post: nece(sí)dad. La filosofía es una nece(sí)dad. Es decir, la necedad afirmativa asumida hasta sus últimas consecuencias, la necesidad mayor (universal); todo en miras de combatir las necedades y necesidades menores (particulares). Así es que, los que nos inscribimos en este discurso (que sólo contingentemente es también universitario), interrogamos el sentido del ser, de la existencia, a través de diversos entes, instancias o prácticas electivas.

Algunos se han inclinado por los esclavos; otros por los astros; otros por los amos; otros por las histéricas; otros por comprender; otros por los archivos; y así. El asunto, no obstante, ha sido siempre el mismo: destituir el discurso de moda que tiñe a su modo el resto de las actividades humanas concretas dotándolas de algún sentido particular universalizable; llámesele doxa, creencia, ideología, episteme, dispositivo o paradigma. Pues la filosofía, como práctica, busca destituir ese sentido y modo de organización general de las prácticas, en virtud de señalar lo que éstas tienen de irreductible al sentido general (el buen sentido, o sentido común): su singularidad universal.

La práctica filosófica recomienza incesantemente, tanto como lo hacen las pretensiones de totalizar el sentido y de privilegiar unas prácticas por sobre otras. Es lógico que ello suceda, pues los seres parlantes creen que sólo vale la pena alguna cosa que ellos dominan, o creen dominar, según lo han aprendido históricamente; y no la actividad per se, en su dimensión de 'puro gasto'. Sucedió y sucede aún con el arte, la ciencia, la política, la religión, el amor, y tantas otras erigidas en estandartes de la única experiencia verdadera. La filosofía es por excelencia el discurso del no-dominio -pese a las apariencias de los grandes tratados-, de la destitución de los saberes y las reducciones de sentido último; es la negatividad trabajando incesantemente (aun si se dice 'sin empleo', constructiva, deconstructiva o genérica); la falta modulada infinitamente; la dislocación aprehendida y perdida; la captación y el sobrecogimiento. La filosofía, como decía Kant y repetía Foucault, aspira a alcanzar la mayoría de edad, pero ello implica sobre todo, al contrario de lo que creía el humanismo, asumir la radical in-humanidad que nos constituye (para no achacársela al otro).

martes, 14 de febrero de 2012

Hay que

Hay que poder golpear, machucar, cortar tanto como acariciar, besar, abrazar; acontecimientos corporales dispares, con todas sus modulaciones gramaticales concomitantes.

Hay que estar dispuesto a matar para que perdonarle la vida a alguien tenga algún valor.

Hay que estar dispuesto sobre todo a soltar a quien se ama para que el continuar juntos, si así se decide, resulte una apuesta impredecible.

Hay que poder dar miedo, risa, pena.

Hay que atreverse a circular por los extremos insondables del ser, con impasible semblante.

domingo, 5 de febrero de 2012

Heidegger, Deleuze, nosotros...

Cuando Heidegger intenta justificar su investigación ontológica, ante las posibles objeciones lógicas del circulus in probando, remite a un extraño fondo: "En el hacer la pregunta que interroga por el sentido del ser no puede haber ningún circulus in probando, porque en el responderla no se trata de una fundamentación, sino de un poner en libertad un fondo que muestra este fondo." (Ser y Tiempo, 17).

Para Deleuze en cambio ya no se trata de ningún fondo, ni siquiera de la seriedad que implica su liberación, sino de un juego en superficie donde se producen una serie de acontecimientos. La seriedad ya no responde a lo grave, o a lo profundo, sino a las series paradójicas y divergentes que constituyen el pliegue del sentido: "Se diría que la antigua profundidad se ha desplegado, se ha convertido en anchura. El devenir ilimitado se sostiene enteramente ahora de esta anchura recobrada [...] Los acontecimientos son como los cristales, no ocurren ni crecen sino por los bordes, sobre los bordes [...] los acontecimientos, en su diferencia radical con las cosas, ya no son buscados en profundidad, sino en la superficie, en este tenue vapor incorporal que se escapa de los cuerpos, película sin volumen que los rodea, espejo que los refleja, tablero que los planifica." (Lógica del sentido, 32-33).

Así pasamos, con Heidegger, de la aséptica justificación lógica a la profunda indagación ontológica, y de ésta, con Deleuze, al impasible examen de los acontecimientos. Pero incluso ahora nos encontramos ya en otra parte, tramando otras dimensiones lógicas, ontológicas y acontecimentales. Parte de eso se escribe, cada tanto, en multiplicidad de sitios y registros discursivos. No hay obra. El autor es contingente.

miércoles, 25 de enero de 2012

Profe-tiza

Todos a su modo van intuyendo un nosequé que se aproxima, cada vez más, inminente. Algunos hablan, como pueden, de fin de mundo; otros, más tímidos quizás, de fin de consciencia; otros se limitan a repetir las fórmulas consabidas del pasado. Todos intuimos que un ciclo se agota. Yo mismo estoy agotado; creo que me desvanezco al escribir estas líneas. ¿Pero acaso un cambio de consciencia, una disolución de mundo, de los modos de relacionarnos y de administrar nuestros goces, todo eso junto o por separado y/o en secuencias, no producirían exactamente el mismo efecto? Les dejo la pregunta para que no crean que profetizo (peor aún: autocumplida).

sábado, 21 de enero de 2012

Accidente o acontecimiento

Hace poco me sucedió algo que todavía no he contado. Y es que casi no la cuento más. Quizás la lluvia de hoy haya reactivado el deseo de hacerlo, de volver sobre aquello.

Íbamos en auto bajo la tormenta con un grupo familiar, en un pueblito de las sierras cordobesas, cuando de repente, ante una maniobra evasiva de quien conducía (había una máquina de la municipalidad trabajando en medio de la calle), siento que algo se nos viene encima e impacta fuertemente contra el parabrisas, quebrándolo, justo enfrente de mi rostro. Un pesado poste de luz o de teléfono, con todos sus cables, había caído en medio de la lluvia sobre el auto. Me quedé paralizado por unos segundos porque pensé que estábamos electrificados. Luego, todo fueron gritos, puteadas, más lluvia, llantos, policías, municipales, remiseros, etc. Lo que más me dolió en ese momento, ante la evidente fragilidad de mi cuerpo respecto a semejante poste que bien podría haberme partido la cabeza, fue cierta indolencia que todavía no puedo precisar, cierto malestar indefinido; pero ya empiezan rápidamente a condensarse algunas inversiones e ingenuidades -no exentas de violencia, apenas reprimida- propias de la clase social a la que pertenezco, en parte, sólo en parte.

1º apreciación: el contraste brutal entre el bucólico estado vacacional de un grupo familiar de clase media -ilusamente protegido por la burbuja interior de un auto nuevo-, con todas sus inconsistencias, desvaríos y cavilaciones de base, por un lado; y el choque imprevisto, el golpe, el anticipo del final, en unas décimas de segundo, y la expuesta fragilidad del cuerpo, por otro lado. Así, todo lo anterior se hace más notable, se resignifica, pues nada, ningún acto de osadía, de lucha, de enfrentamiento real, predisponían para recibir semejante golpe. Y no obstante...

2º apreciación: el grito, la puteada, la violencia verbal desmedida ante lo desmedido, surgen después, como reacción inusitada ante una escena cuyas causalidades materiales escapan a la conciencia de clase media: un tipo, proletario, subcontratado, trabajando a oscuras, bajo la lluvia, sin protección para él o para otros. Así, todas las inconsistencias de clase, nuestra ideología invertida, nuestra forma mansa e histérica de vivir, nuestra forma idiota de morir, llegado el caso, saltan a escena ante un golpe imprevisto que permite ver, fugazmente, la madeja compleja de causalidades que nos sobredetermina (nos hace y deshace). Al menos eso pienso y siento yo, en este preciso instante en el que intento dar cuenta del asunto, bajo otra lluvia, dolido de otro modo.

martes, 18 de octubre de 2011

en el desierto

es cierto,
el desierto iba creciendo,
inexorablemente; pero eso hacía aún más notables los pequeños oasis esparcidos en la inmensidad de la arena.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Desaparecer (por el trazo mismo de la letra)

Quignard escribe: "Tres fueron los hombres que se enfrentaron al embrujo de las sirenas, esas extrañas aves que atraían irremediablemente a los marineros con su canto: Ulises, que tomó la precaución de hacerse atar de pies y manos al mástil de su navío, escuchó y sobrevivió; Orfeo, que en la expedición de los Argonautas vislumbró el mortal peligro de su música y lo neutralizó con las notas de su cítara; y Butes, navegante y compañero del anterior en la misma aventura, que sucumbió al hechizo y se arrojó de la nave."
Se me ocurrió que sería interesante probar con estas variaciones en torno al destructivo canto de las sirenas: atarse, neutralizar, arrojarse. Y en relación a las voces en general están también las que toma M. Dolar de Kafka: Josefina la ratona, Ulises otra vez y el perro investigador. ¿Cuántas más habrá? Lo ignoro. Pero sí estaría bueno saber, al menos, que hay variadas alternativas al encantamiento destructivo de las voces, incluso en el caso extremo que parece ser el arrojarse, pues ¿quién podría asegurar que no hay allí un exceso irreductible a ese mismo llamado, más aún, siendo instruidos actualmente (como antaño) sobre la posibilidad de alternativas más 'civilizadas'? Arrojarse ¿y desaparecer?
Reescribir la escena.
¿Qué pasa cuándo uno desaparece? Pues vienen las múltiples voces. Ellos me preguntaban, cada tanto, ¿vos te acordás de mí, de nosotros? Cuando eras chiquitito te teníamos en brazos, te mecíamos, te llevábamos a pasear por la plaza, al parque, ¿te acordás? Quisiera, tanto quisiera acordarme, pero no puedo. Porque yo había desaparecido también, junto a ellos, entre sus sueños. Yo era otro y estaba ya en otra parte, en otro tiempo, quizás en algún lugar maldito, olvidado, y nada más. Las voces fueron luego un alud inmemorial que en su retorno me arrebataba, como olas, y yo apenas suspendido entre ellas, alborotado, ya no podía decir ni yo. Y sin embargo -ahora recuerdo- frente a mí, en ese momento incomunicable, estaba mi hermano, mi hermanito; y quería yo decirle, contarle todo esto. No podía. Apenas partes escribía yo-de-a-poco, o empezaba a hacerlo y deshacerme. Leía, leía todo el tiempo. El tiempo tomaba la forma de una lectura obsesiva, y cada tanto, ráfagas de escritura, esbozos, trazos. Algo, alguna vez, le leí a mi hermano, a mi hermanito. Un escrito perdido que hablaba, apenas, balbuceaba sobre treinta-mil-nombres-del-padre que hacían doler mi escuálida existencia. Imposibilidad de acción, imposibilidad de las formas. No sé si llegó a escucharme aquélla vez. Él hizo suya su elección y yo la mía. Hoy vivo para testimoniarlo, apenas puedo: escribo.