Fue ayer la presentación del mismo, y en su mismidad quedó. Quisiera poder escindir el tiempo de la frase, la temporalidad, lo suficiente como para poder decir "habrá sido", y así, abrir también la posibilidad de que algo pase; pero no, sólo fue.
Nuestros debates tan deseados (tan temidos), nuestras preguntas por los legados de las tradiciones emancipatorias, deberán encontrar otros lugares de inscripción, otros interlocutores, otros modos de invención; verdaderas aperturas del pensar en acto, del preguntar, del decir sin garantías.
Los fantasmas nos hacían temer grandes confrontaciones, frases intempestivas, lúcidas intervenciones, posicionamientos claros y generosos; pero nada de eso tuvo lugar y, por ello mismo, la pregunta retornó insistente: ¿quiénes somos los no nacidos de todos los tiempos para replantearnos la pregunta recurrentemente, y así, otra vez desoída? Hay tantos fantasmas y (tontas) certezas...
Para escuchar la voz que se pronuncia inaudible hace falta decir, manifestarse también, hace falta mover un poco los cadáveres (de pensamiento). Nada de eso tuvo lugar en el lugar y por eso insiste la escritura en hacer notar algo invisible, inaudible. Sería demasiado fácil y oportunista acudir al metalenguaje para dictarle al otro que debe entenderlo como un susurro (o un grito) pero verdaderamente "otra cosa" sería producirlo en efecto ¿no? Hasta aquí.
domingo, 25 de abril de 2010
martes, 20 de abril de 2010
Bunge, el bobo
Aquí presento una entrevista que me llegó por mail y luego esbozo un breve comentario sobre la misma
Entrevista a Mario Bunge
La voz de Mario Bunge suena sin quiebres en la línea telefónica. Escuchándolo, nadie diría que se encamina hacia su cumpleaños 91. Desde su despacho en la Universidad McGill, de Montreal, opinó sobre el posgrado en "medicinas complementarias" que avala la Universidad Nacional de Córdoba a través de la Facultad de Ciencias Médicas.
-¿Cómo ve la decisión de la UNC de dictar posgrados en homeopatía, medicina ayurveda, medicina tradicional china y acupuntura ?
-Creo que la Universidad de Córdoba tendría que ser coherente y a partir de esto revolucionar completamente toda la universidad. No limitarse a esto, sino que debería cambiar la Facultad de Química por la de Alquimia, la Facultad de Psicología por la de Parapsicología. Tendría que eliminar la Facultad de Ciencias o tal vez complementarla con una Facultad de Seudociencias, que incluya también la enseñanza de la magia y el ocultismo y las llamadas ciencias ocultas. Tendría, en una palabra, que proclamar la Contrarreforma y volver a la Edad Media de manera explícita. Eso sería más claro. Ahora, ya no en cuanto a las autoridades de la universidad sino al movimiento estudiantil y de graduados: creo que tendrían que tomar cartas en el asunto. No es posible que permitan este asalto a la modernidad. Tendrían que recordar que uno de los objetivos de la Reforma Universitaria de 1918, que nació precisamente en Córdoba, fue modernizar la universidad. No lo lograron; sólo consiguieron reformar el gobierno de la universidad dando participación a los estudiantes y graduados. Pero, por lo menos, en el Manifiesto Liminar de la Reforma uno de los objetivos fue modernizar la universidad. Tendrían que recordar, después de tantos años, que ese tendría que ser un objetivo permanente de toda la gente progresista: reformar la universidad, no de cuando en cuando, sino de manera constante; ponerla al día con avances en las ciencias, la técnica y las humanidades. Esto que pasa en Córdoba con la incorporación de estas enseñanzas seudocientíficas es un golpe bajo a las aspiraciones de la Ilustración, es como si volviera la Inquisición. Es tratar de arrojar todo lo conquistado desde la Revolución Científica de 1600. Es uno de los peores escándalos que está pasando en la República Argentina. No es nuevo, pero se añade al escándalo ya existente de las facultades de psicología sin psicólogos, donde lo que se enseña son los textos sagrados de Sigmund Freud y sus sucesores, en los que no hay experimentación ni contacto con las ciencias, sino psicología hablada, que no tiene nada que ver con el cerebro. Esto que hace la Universidad de Córdoba parece una iniciativa tomada por López Rega. ¿Están seguros de que López Rega no dejó testamento y gente habilitada para poner en práctica esta iniciativa?
-Usted dice que esto es como si una Facultad de Matemáticas enseñara la cábala...
-Exacto, eso es.
-...Pero, ¿por qué cree que estas prácticas siguen conquistando seguidores y expandiéndose?
-Porque es mucho más fácil macanear que buscar la verdad y ponerla en práctica. Además, es rentable. Una persona sin estudios puede aprender todo ese macaneo en pocos días y no necesita estudiar 20 años. Puede empezar a ganar dinero enseguida. La única motivación es comercial, no hay motivación intelectual. Esa superstición fue barrida entre 1600 y 1900. La única justificación es comercial.
-Quienes las sostienen, reclaman base científica, experimental, y dicen que son prácticas milenarias y que en otras universidades extranjeras son carreras de grado.
-No es cierto. No hay ninguna revista científica con artículos publicados sobre homeopatía. Hace 20 años, la revista Nature publicó un artículo proveniente del laboratorio del doctor Jacques Benveniste, de la Universidad de París, que sostenía que el agua "recordaba" la sustancia que se había diluido en ella al hacer los llamados remedios homeopáticos. La revista envió una delegación a París para tratar de replicar esos experimentos, integrada por el director de la revista, David Maddox; el investigador del Instituto de Salud de Washington, Walter Steward, y el famoso mago norteamericano James Randi. Fueron, replicaron y no encontraron absolutamente nada y luego publicaron su informe en Nature . Pocos años después, Benveniste fue obligado a renunciar a su cargo de profesor y se convirtió en empleado de la industria homeopática, que es muy poderosa porque no hace investigación sino que gasta en agua. Eso son los remedios homeopáticos: agua, nada más. El argumento principal contra la homeopatía es científico y elemental. Esas diluciones enormes llegan a concentraciones de una molécula por kilómetro cúbico. Las chances de que una molécula dé con el órgano afectado es prácticamente nula. Hacen falta miles de millones de moléculas para que tenga algún efecto sobre el tejido vivo. No existen laboratorios de experimentación homeopática. Lo que hay, en México, es una universidad homeopática que, contrariamente a las universidades, no tiene labor de experimentación, sólo cursos para enseñar esas diluciones y tratar a los pacientes. Pero lo peor no es que eso sea ineficaz; lo peor es que la gente aquejada de enfermedades auténticas, al no ir a la medicina científica se deja estar, tomando agua en lugar de servirse de medicamentos auténticos, y se muere. De modo que no es que la homeopatía sea inefectiva: es inoperante y ofensiva. A una persona con cáncer se le dice que tome té, yerbitas. De modo que las autoridades sanitarias tendrían que tomar cartas en el asunto. Se está engañando al público y poniendo en peligro la salud pública, además de retroceder siglos.
-En la medicina ayurveda existe una noción holística, basada en el equilibrio de cuerpo, mente y alma. ¿Cómo se incorpora desde una universidad un concepto como alma?
-Es una concepción anticuada del alma como ente inmaterial e inmortal. La psicología moderna no acepta esa concepción. La mente son procesos cerebrales. Hace 20 años, en la India subió al poder un partido fundamentalista y uno de sus primeros decretos consistió en introducir en la universidad doctorados en astrología y medicina ayurvédica, las dos juntas, porque la ayurvédica hace uso de la astrología para ver cuáles son los días faustos para tomar medicamentos y cuáles los infaustos. Por fortuna, el gobierno no duró mucho, ya que no sólo fue incompetente sino también corrupto. Fue otra tentativa de borrar la modernidad.
Breve comentario al respecto
Hay que comprender en primer lugar que Bunge, más allá de su ironía y de su saber de especialista, no tiene porqué disponer de una cultura mucho más amplia que la que le exige su medio académico inmediato. Valga esta aclaración por si alguien se sorprende de su estrechez de miras. Pues resulta evidente para cualquier espíritu más o menos despierto que plantear la complejidad de nuestra cultura actual en términos de ilustración versus irracionalismo ignora, cuanto menos, todas las producciones filosóficas, políticas y de ciencias sociales en general que han tenido lugar durante el siglo pasado (por lo menos desde la teoría crítica en adelante) y que continúan en el nuestro. Claro que él lo presenta en términos de ciencias médicas versus medicinas alternativas, pero aún así no se priva de hacer extrapolaciones históricas e institucionales que pretenden abarcar mucho más (la reforma universitaria del 18, la Edad Media, el psicoanálisis, la modernidad, el estado actual de la Universidad, etc.) sin disponer de conceptos ni marcos teóricos minimamente rigurosos que le permitan decir algo interesante al respecto (¡ni que hablar de la distancia geográfica e ideológica!). Por supuesto que chantas y oportunistas hay en todas partes, incluidas las ciencias duras, pero homologar psicoanálisis, homeopatía, medicina tradicional china, política universitaria, etc. sin hacer distinciones, sin desarrollar conceptos que permitan pensar las diferencias singulares y lo que cada producción de saber puede aportar al conocimiento complejo del ser humano, es, desde ya, de una limitación insuperable y lastimosa. Este tipo de discursos son los que realmente hacen mal al pensamiento crítico y nos retrotraen a la oscuridad del dogma y la estupidez del holofraseo (el monolingüismo). Y además, hay que decirlo con todas las letras: es el producto resultante de una racionalidad definida exclusivamente dentro del ámbito endogámico de la cultura científica (a la que vemos le salen, por eso mismo y a pesar de sus méritos en otro sentido, hijos bobos para hablar en el ámbito exogámico de la cultura en general); producto además de la nada inocente división capitalista del trabajo intelectual. Que a los 91 años Bunge pudiera salir de esa estrecha jaula mental, a la que parece reducir su cerebro (donde él piensa que piensa), sería un verdadero acontecimiento intelectual.
¡Y por supuesto no esperamos nada de eso, ni de las movidas oportunistas de prensa, para pensar a cuenta propia lo que acontece en la sociedad actual y (en) sus distintas racionalidades en curso!
Entrevista a Mario Bunge
La voz de Mario Bunge suena sin quiebres en la línea telefónica. Escuchándolo, nadie diría que se encamina hacia su cumpleaños 91. Desde su despacho en la Universidad McGill, de Montreal, opinó sobre el posgrado en "medicinas complementarias" que avala la Universidad Nacional de Córdoba a través de la Facultad de Ciencias Médicas.
-¿Cómo ve la decisión de la UNC de dictar posgrados en homeopatía, medicina ayurveda, medicina tradicional china y acupuntura ?
-Creo que la Universidad de Córdoba tendría que ser coherente y a partir de esto revolucionar completamente toda la universidad. No limitarse a esto, sino que debería cambiar la Facultad de Química por la de Alquimia, la Facultad de Psicología por la de Parapsicología. Tendría que eliminar la Facultad de Ciencias o tal vez complementarla con una Facultad de Seudociencias, que incluya también la enseñanza de la magia y el ocultismo y las llamadas ciencias ocultas. Tendría, en una palabra, que proclamar la Contrarreforma y volver a la Edad Media de manera explícita. Eso sería más claro. Ahora, ya no en cuanto a las autoridades de la universidad sino al movimiento estudiantil y de graduados: creo que tendrían que tomar cartas en el asunto. No es posible que permitan este asalto a la modernidad. Tendrían que recordar que uno de los objetivos de la Reforma Universitaria de 1918, que nació precisamente en Córdoba, fue modernizar la universidad. No lo lograron; sólo consiguieron reformar el gobierno de la universidad dando participación a los estudiantes y graduados. Pero, por lo menos, en el Manifiesto Liminar de la Reforma uno de los objetivos fue modernizar la universidad. Tendrían que recordar, después de tantos años, que ese tendría que ser un objetivo permanente de toda la gente progresista: reformar la universidad, no de cuando en cuando, sino de manera constante; ponerla al día con avances en las ciencias, la técnica y las humanidades. Esto que pasa en Córdoba con la incorporación de estas enseñanzas seudocientíficas es un golpe bajo a las aspiraciones de la Ilustración, es como si volviera la Inquisición. Es tratar de arrojar todo lo conquistado desde la Revolución Científica de 1600. Es uno de los peores escándalos que está pasando en la República Argentina. No es nuevo, pero se añade al escándalo ya existente de las facultades de psicología sin psicólogos, donde lo que se enseña son los textos sagrados de Sigmund Freud y sus sucesores, en los que no hay experimentación ni contacto con las ciencias, sino psicología hablada, que no tiene nada que ver con el cerebro. Esto que hace la Universidad de Córdoba parece una iniciativa tomada por López Rega. ¿Están seguros de que López Rega no dejó testamento y gente habilitada para poner en práctica esta iniciativa?
-Usted dice que esto es como si una Facultad de Matemáticas enseñara la cábala...
-Exacto, eso es.
-...Pero, ¿por qué cree que estas prácticas siguen conquistando seguidores y expandiéndose?
-Porque es mucho más fácil macanear que buscar la verdad y ponerla en práctica. Además, es rentable. Una persona sin estudios puede aprender todo ese macaneo en pocos días y no necesita estudiar 20 años. Puede empezar a ganar dinero enseguida. La única motivación es comercial, no hay motivación intelectual. Esa superstición fue barrida entre 1600 y 1900. La única justificación es comercial.
-Quienes las sostienen, reclaman base científica, experimental, y dicen que son prácticas milenarias y que en otras universidades extranjeras son carreras de grado.
-No es cierto. No hay ninguna revista científica con artículos publicados sobre homeopatía. Hace 20 años, la revista Nature publicó un artículo proveniente del laboratorio del doctor Jacques Benveniste, de la Universidad de París, que sostenía que el agua "recordaba" la sustancia que se había diluido en ella al hacer los llamados remedios homeopáticos. La revista envió una delegación a París para tratar de replicar esos experimentos, integrada por el director de la revista, David Maddox; el investigador del Instituto de Salud de Washington, Walter Steward, y el famoso mago norteamericano James Randi. Fueron, replicaron y no encontraron absolutamente nada y luego publicaron su informe en Nature . Pocos años después, Benveniste fue obligado a renunciar a su cargo de profesor y se convirtió en empleado de la industria homeopática, que es muy poderosa porque no hace investigación sino que gasta en agua. Eso son los remedios homeopáticos: agua, nada más. El argumento principal contra la homeopatía es científico y elemental. Esas diluciones enormes llegan a concentraciones de una molécula por kilómetro cúbico. Las chances de que una molécula dé con el órgano afectado es prácticamente nula. Hacen falta miles de millones de moléculas para que tenga algún efecto sobre el tejido vivo. No existen laboratorios de experimentación homeopática. Lo que hay, en México, es una universidad homeopática que, contrariamente a las universidades, no tiene labor de experimentación, sólo cursos para enseñar esas diluciones y tratar a los pacientes. Pero lo peor no es que eso sea ineficaz; lo peor es que la gente aquejada de enfermedades auténticas, al no ir a la medicina científica se deja estar, tomando agua en lugar de servirse de medicamentos auténticos, y se muere. De modo que no es que la homeopatía sea inefectiva: es inoperante y ofensiva. A una persona con cáncer se le dice que tome té, yerbitas. De modo que las autoridades sanitarias tendrían que tomar cartas en el asunto. Se está engañando al público y poniendo en peligro la salud pública, además de retroceder siglos.
-En la medicina ayurveda existe una noción holística, basada en el equilibrio de cuerpo, mente y alma. ¿Cómo se incorpora desde una universidad un concepto como alma?
-Es una concepción anticuada del alma como ente inmaterial e inmortal. La psicología moderna no acepta esa concepción. La mente son procesos cerebrales. Hace 20 años, en la India subió al poder un partido fundamentalista y uno de sus primeros decretos consistió en introducir en la universidad doctorados en astrología y medicina ayurvédica, las dos juntas, porque la ayurvédica hace uso de la astrología para ver cuáles son los días faustos para tomar medicamentos y cuáles los infaustos. Por fortuna, el gobierno no duró mucho, ya que no sólo fue incompetente sino también corrupto. Fue otra tentativa de borrar la modernidad.
Breve comentario al respecto
Hay que comprender en primer lugar que Bunge, más allá de su ironía y de su saber de especialista, no tiene porqué disponer de una cultura mucho más amplia que la que le exige su medio académico inmediato. Valga esta aclaración por si alguien se sorprende de su estrechez de miras. Pues resulta evidente para cualquier espíritu más o menos despierto que plantear la complejidad de nuestra cultura actual en términos de ilustración versus irracionalismo ignora, cuanto menos, todas las producciones filosóficas, políticas y de ciencias sociales en general que han tenido lugar durante el siglo pasado (por lo menos desde la teoría crítica en adelante) y que continúan en el nuestro. Claro que él lo presenta en términos de ciencias médicas versus medicinas alternativas, pero aún así no se priva de hacer extrapolaciones históricas e institucionales que pretenden abarcar mucho más (la reforma universitaria del 18, la Edad Media, el psicoanálisis, la modernidad, el estado actual de la Universidad, etc.) sin disponer de conceptos ni marcos teóricos minimamente rigurosos que le permitan decir algo interesante al respecto (¡ni que hablar de la distancia geográfica e ideológica!). Por supuesto que chantas y oportunistas hay en todas partes, incluidas las ciencias duras, pero homologar psicoanálisis, homeopatía, medicina tradicional china, política universitaria, etc. sin hacer distinciones, sin desarrollar conceptos que permitan pensar las diferencias singulares y lo que cada producción de saber puede aportar al conocimiento complejo del ser humano, es, desde ya, de una limitación insuperable y lastimosa. Este tipo de discursos son los que realmente hacen mal al pensamiento crítico y nos retrotraen a la oscuridad del dogma y la estupidez del holofraseo (el monolingüismo). Y además, hay que decirlo con todas las letras: es el producto resultante de una racionalidad definida exclusivamente dentro del ámbito endogámico de la cultura científica (a la que vemos le salen, por eso mismo y a pesar de sus méritos en otro sentido, hijos bobos para hablar en el ámbito exogámico de la cultura en general); producto además de la nada inocente división capitalista del trabajo intelectual. Que a los 91 años Bunge pudiera salir de esa estrecha jaula mental, a la que parece reducir su cerebro (donde él piensa que piensa), sería un verdadero acontecimiento intelectual.
¡Y por supuesto no esperamos nada de eso, ni de las movidas oportunistas de prensa, para pensar a cuenta propia lo que acontece en la sociedad actual y (en) sus distintas racionalidades en curso!
lunes, 5 de abril de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
House, el drama subjetivo del sabio
Sin preámbulos, respecto a la verdad de la estructura de ficción. Siempre he tenido una sospecha sobre House que acabo de confirmar en el capítulo 1º de la 3º temporada (sucede que no sigo la serie de manera sistemática sino aleatoria). Paso a relatar.
Después de haber estado cerca de su propia muerte, según parece, House se siente mucho mejor: corre varios kilómetros por día, ensaya con el skate y hasta sonríe (¡!). Lo más sorprendente para todos es que llega incluso a implicarse subjetivamente en el tratamiento de un paciente, lo que se traduce en el deseo manifiesto de querer mejorar la calidad de vida del mismo aun cuando su estado de parálisis general pareciera irreversible.
En ese momento salta a la vista todo lo que se espera de House, "el sabio", al menos desde las concepciones dicotómicas de nuestra breve cultura occidental y cristiana, tan bien representadas en este caso por las buenas inteciones de los prójimos: una cuota de razón ciega y otra de compasión idiota). O bien el médico, que es el que sabe -y House ocupa el valor máximo en esta escala trascendental-, debe dar razones suficientes para las intervenciones intrusivas (eso es lo que se espera sobre todo de él) o bien debe manifestar una suerte de modesta "compasión" por la persona de los pacientes, cuando no cabe más que aceptar la insuficiencia del saber "humano, demasiado humano" (eso es lo que hace el resto en desigual medida y en especial Cameron). Pero, de ninguna manera, el "genio" puede apelar a algo tan improbable como una "corazonada", al decir de Cuddy, o a un "puzzle" como le llama el propio House.
Y sin embargo es ahí mismo donde se imbrican razón y afecto, donde nadie lo reconoce (donde o bien esperan que finalmente House se "ablande" y se vuelva afectivo-compasivo, o bien que prosiga con su "dura" y exacta razón médica); ahí mismo donde se implicó con cierta perplejidad en el tratamiento de un paciente y su razón devino puzzle (juego), corazonada, intuitio; ahí mismo que se desestima el 'enigma subjetivo del sabio', la índole singular del sujeto, y se lo deja librado al retorno de su padecimiento (su dura razón) ocultándole que una mínima intervención -producto de su propia inferencia- mejoró radicalmente la calidad de vida del paciente. Pues los otros, bienintencionados ellos, piensan que él no puede encontrar ese inefable "significado de la vida" que sería tan precioso para la normalidad, y que debe, por tanto, aprender una lección de humildad. Vuelve entonces el malestar en la pierna, se le dificulta correr, ya no sonríe.
Curiosa esquizia la de nuestra cultura, que demanda por un lado una razón certera, sin fisuras, y por otro un afecto bobo, mimético, en lugar de propiciar una razón que (se) juegue y de un afecto perplejo, inextricablemente articulados, complejos. Allí donde House más se halla expuesto los otros creen ver la máxima soberbia. Una vez más no se ha entendido nada de qué se trata un sujeto (sí, de qué se cura tampoco)
Después de haber estado cerca de su propia muerte, según parece, House se siente mucho mejor: corre varios kilómetros por día, ensaya con el skate y hasta sonríe (¡!). Lo más sorprendente para todos es que llega incluso a implicarse subjetivamente en el tratamiento de un paciente, lo que se traduce en el deseo manifiesto de querer mejorar la calidad de vida del mismo aun cuando su estado de parálisis general pareciera irreversible.
En ese momento salta a la vista todo lo que se espera de House, "el sabio", al menos desde las concepciones dicotómicas de nuestra breve cultura occidental y cristiana, tan bien representadas en este caso por las buenas inteciones de los prójimos: una cuota de razón ciega y otra de compasión idiota). O bien el médico, que es el que sabe -y House ocupa el valor máximo en esta escala trascendental-, debe dar razones suficientes para las intervenciones intrusivas (eso es lo que se espera sobre todo de él) o bien debe manifestar una suerte de modesta "compasión" por la persona de los pacientes, cuando no cabe más que aceptar la insuficiencia del saber "humano, demasiado humano" (eso es lo que hace el resto en desigual medida y en especial Cameron). Pero, de ninguna manera, el "genio" puede apelar a algo tan improbable como una "corazonada", al decir de Cuddy, o a un "puzzle" como le llama el propio House.
Y sin embargo es ahí mismo donde se imbrican razón y afecto, donde nadie lo reconoce (donde o bien esperan que finalmente House se "ablande" y se vuelva afectivo-compasivo, o bien que prosiga con su "dura" y exacta razón médica); ahí mismo donde se implicó con cierta perplejidad en el tratamiento de un paciente y su razón devino puzzle (juego), corazonada, intuitio; ahí mismo que se desestima el 'enigma subjetivo del sabio', la índole singular del sujeto, y se lo deja librado al retorno de su padecimiento (su dura razón) ocultándole que una mínima intervención -producto de su propia inferencia- mejoró radicalmente la calidad de vida del paciente. Pues los otros, bienintencionados ellos, piensan que él no puede encontrar ese inefable "significado de la vida" que sería tan precioso para la normalidad, y que debe, por tanto, aprender una lección de humildad. Vuelve entonces el malestar en la pierna, se le dificulta correr, ya no sonríe.
Curiosa esquizia la de nuestra cultura, que demanda por un lado una razón certera, sin fisuras, y por otro un afecto bobo, mimético, en lugar de propiciar una razón que (se) juegue y de un afecto perplejo, inextricablemente articulados, complejos. Allí donde House más se halla expuesto los otros creen ver la máxima soberbia. Una vez más no se ha entendido nada de qué se trata un sujeto (sí, de qué se cura tampoco)
Borges
“Pensar, analizar, inventar (me escribió también) no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia. Glorificar el ocasional cumplimiento de esa función, atesorar antiguos y ajenos pensamientos, recordar con incrédulo estupor que el doctor universalis pensó, es confesar nuestra languidez o nuestra barbarie. Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será.”
Pierre Menard
Pierre Menard
domingo, 14 de marzo de 2010
perder
Haciendo click en el título del post (perder) se encontrará un texto maravilloso, invalorable (seguro por eso puede hallarse en la red de redes)
¡Ojalá lo disfruten tanto como yo!
¡Ojalá lo disfruten tanto como yo!
jueves, 11 de marzo de 2010
Frag
Lo fragmentario no es parte de ningún todo que hubiérase roto, por ejemplo, en algún tiempo mítico (por "dar el ejemplo"); es más bien una pieza suelta que puede combinarse, tejerse con otras o no ¿Por qué hablar de partes entonces? Es que hay palabras y usos y abusos, y uno violenta como puede el lenguaje y las representaciones comunes al dividirse (les devuelve el favor digamos).
Uno parte hacia ninguna parte y (de) allí mismo encuentra su (contra) parte en el asunto (sujeto). No hay más que partes extra partes aquí. Y ya no hay bolsa que contenga ningún contenido ni tampoco división incesante con su eterno resto ¡El ser es un nudo! La convergencia más simple se halla en un cruce, es el medio mismo salido del borde, excediendo los extremos; es el miedo ya no siendo más que una parte, entre otras. Pero, ¿no son acaso las inversiones de letras convenientes para el juego de la bolsa?, ¿no cotizan? ¡Si no valen nada!, menos que nada, más que todo, ¡invalorables son! ¿Son condiciones de posibilidad para mediar el miedo, o al revés? El miedo/medio situado, puesto en su lugar, finalmente abre la lectura de rêves. Así es.
Uno parte hacia ninguna parte y (de) allí mismo encuentra su (contra) parte en el asunto (sujeto). No hay más que partes extra partes aquí. Y ya no hay bolsa que contenga ningún contenido ni tampoco división incesante con su eterno resto ¡El ser es un nudo! La convergencia más simple se halla en un cruce, es el medio mismo salido del borde, excediendo los extremos; es el miedo ya no siendo más que una parte, entre otras. Pero, ¿no son acaso las inversiones de letras convenientes para el juego de la bolsa?, ¿no cotizan? ¡Si no valen nada!, menos que nada, más que todo, ¡invalorables son! ¿Son condiciones de posibilidad para mediar el miedo, o al revés? El miedo/medio situado, puesto en su lugar, finalmente abre la lectura de rêves. Así es.
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