sábado, 4 de febrero de 2012
¿Qué le enseñó el nudo borromeo a Italo Calvino?
Por Adriana Bauab Dreizzen
Entre los años 1980 y 1984 Italo Calvino escribió una serie de crónicas y ensayos1 sobre diferentes exposiciones que había visitado, cuya particularidad consistía en que cada una de ellas exhibía objetos que formaban una colección.
Antiguos mapamundis, monstruos de cera, tablillas de arcilla con caracteres cuneiformes, estampas populares y nudos de distintos tipos, eran algunos de los ítems que reunían esas colecciones. La descripción minuciosa de esas muestras parece una suerte de paseo de la mano de Calvino, observador de mirada inteligente y erudita pero por sobretodo teñida por la sorpresa y el placer de quién a cada paso, en cada objeto, descubre un destello nuevo.
Uno de esos ensayos llamado “Dígalo con nudos” se refiere a la exposición sobre “Nudos y ataduras”, que se exhibió en la Fundación de Artes Gráficas y Plásticas de París. El recorrido transita por diferentes recintos que presentan las utilidades que diversos pueblos encontraron empleando nudos. Lenguaje de nudos que llega hasta nuestros días como una forma primordial de escritura, vestigios indelebles de la subjetividad de antiguas civilizaciones.
Comienza describiendo los nudos utilizados por algunas tribus de las islas del Pacífico que encontraban en el anudamiento de cuerdas diversos modos de expresar acuerdos o desacuerdos. Desde las declaraciones de guerra, hasta las propuestas de alianzas militares se pactaban a través de nudos que iban y venían entre los contendientes.
También con la ayuda de cuerditas anudadas, esos aborígenes recitaban extensos poemas épicos y gestas de antepasados, funcionando de ayudamemoria. Esas trenzas anudadas, que se leían a través del tacto manual se denominaban “origen del verbo”, ya que de ellas parecía que nacían las palabras. Guardaban lo que Georgio Agamben remite al origen mítico de la palabra adscribiendo a la tradición oral.
Los quipus de los antiguos incas del Perú también estaban constituidos por un tejido de nudos a través de lo cuales se contabilizaba la economía de sus finanzas, los censos de la población y la producción agrícola.
En la religión budista se le adjudica a la figura del nudo poderes relativos a la unión, a la ligadura entre el cielo y la tierra, el espíritu y la materia, la vida y el cuerpo. En sofisticadas ceremonias religiosas hacer un nudo con los dedos simboliza cerrar el espacio a las influencias nocivas.
Uno de los últimos tramos de esta colección de nudos y afines está dedicado al arte contemporáneo. Varios artistas por medio de ataduras, sogas y ovillos de diversos materiales se inspiran en la fuerza primitiva del nudo tal como lo expresaban esas culturas tribales y los usos prácticos del anudar en la vida cotidiana para hacer obras artísticas de múltiples texturas.
No finaliza el ensayo sin hacer referencia al catálogo de la exposición donde figura un relato de un matemático, Pierre Rosenstiehl. Éste afirma que los nudos, como configuraciones lineales de tres dimensiones, son el objeto de una teoría matemática. Parece ser que uno de los nudos que complejizan la teoría es el nudo borromeo tan difundido por las enseñanzas de Lacan.
Casi terminando el ensayo, Italo Calvino cita al nudo borromeo y según sus propias palabras se atreve a formular la idea geométrico-espacial que de él se ha hecho: El espacio tridimensional –dice– tiene en realidad seis dimensiones porque todo cambia según que una dimensión pase por encima o por debajo de la otra, o a izquierda o a derecha de la otra, como en un nudo.
Fue el 8 de julio de 1953 en la inauguración de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis que Lacan habló por primera vez de lo real, lo imaginario y lo simbólico, y recién casi veinte años más tarde los corporizó en el nudo borromeo, que le vino como anillo al dedo para continuar reinventando el legado freudiano, el psicoanálisis.
Dice Lacan al principio del seminario R S I2: Es preciso que lo Real pase por encima (surmonte), si puedo decir, de lo Simbólico, para que el nudo sea realizado. Esto es lo que, por tener cuatro términos, Freud mismo no ha podido hacer. Pero es muy precisamente de eso que se trata en el análisis, es de hacer que lo Real, no la realidad en el sentido freudiano, que lo Real, en dos puntos, pase por encima (surmonte) de lo Simbólico.
¿Pero será posible que lo real pase encima de lo simbólico en dos lugares, cláusula restrictiva del anudamiento borromeo3? A lo largo del seminario RSI Lacan intenta ese pasar encima lo real sobre lo simbólico en dos puntos, para que el nudo sea realizado. Sin embargo hacia el final de RSI debe recurrir inexorablemente al cuarto anillo, que remedia las fallas del anudamiento y evita que cada una de las cuerdas se vaya por su lado. Cuarto que, en la neurosis, proviene del desdoblamiento de lo simbólico en símbolo, que es el universo simbólico del que dispone un sujeto, los nombres de los que se sirve para decir lo real y sinthome, que es la realización de lo simbólico, la obra, producto de saber hacer con el simbólico de que el sujeto dispone, un real. Obra que traduce el saber hacer de su vocación, obra que remite a los particulares enlaces que establece con el prójimo, obra que es el genuino modo que el sujeto tiene de inscribirse en el amor.
El nudo borromeo propone una maleabilidad de la estructura en que la disposición de las cuerdas, proveen nuevas dimensiones. Tal es así que todo el ensayo “Dígalo con nudos” de Calvino se resignifica cuando el nudo borromeo hace su aparición bajo la lectura que de él hace el escritor. Se evidencia entonces que el lenguaje de los nudos puede expresar la máxima diversidad, según las secuencias posibles del tipo –arriba y abajo–: la declaración de la guerra o la alianza para la paz, un balance positivo o uno negativo en una cuantificación, podemos agregar, un goce en exceso o el vacío que causa al sujeto.
El espacio no sólo no es tridimensional sino que según cómo se hace pasar una cuerda puede o no producirse un nudo. Según Calvino, el arte de hacer nudos conjuga la culminación de la abstracción mental y la manualidad al mismo tiempo, y por eso podría considerarse la característica humana por excelencia, tanto o más aún que el lenguaje.
Finaliza el ensayo ilustrando los oficios que se sirven de los nudos para producir su obra. Desde el marinero al cirujano, del remendón al acróbata, del alpinista a la costurera, del pescador al embalador… Nos preguntamos, ¿podríamos incluir al analista en el arte de hacer nudos? Artesanía particular por la cual del enredo en que el sujeto se embrolla los pies, el análisis teje el entramado fantasmático, y de la dimensión del síntoma adviene la del sinthome. Entre suturas y empalmes, desovillar, anudar y cortar son operaciones del análisis.
Volviendo al comienzo, si el nudo borromeo le enseñó a Calvino que las dimensiones varían según una cuerda pase por arriba o por debajo de otra, tal vez ahora estemos en condiciones de preguntarnos qué nos dice el nudo borromeo a los analistas.
En estos tiempos en que la farmacología hace alianza con la nosología y crea un sinfín de nuevos cuadros clínicos (panic attack, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno dismórfico) para los padecimientos, desinteresándose de la palabra, el nudo muestra lo esencial de los goces que habitan al sujeto. Los que lo parasitan, los que lo embarazan de inhibición, síntoma y angustia, pero también los que –operación analítica mediante– abren a las dimensiones del sinthome. En un lenguaje donde no hay lugar para las etiquetas, tiende a poner en relación lo real, lo imaginario y lo simbólico, paradigmas del psicoanálisis, de modo que cada cuerda señale el oportuno territorio que delimita, recortando en el encaje de los tres registros un lugar para el goce de la vida.
Tal como el ensayo de Italo Calvino relata, en el arte de anudar cuerdas residen las huellas más genuinas de la subjetividad de diversas civilizaciones. Desde los pueblos primitivos hasta las jóvenes expresiones artísticas de vanguardia plasman con los nudos trazas singulares de subjetividad. Aunque podemos intuir que el manipular cuerdas trae en ocasiones una cuota de resistencia para los analistas, el que el psicoanálisis, disciplina donde reina la palabra, haya sido tocado por el arte de los nudos, apuesta a un hacer, saber hacer con lo real del goce. Más allá de la tradicional interpretación, las intervenciones del analista son también desde la cuerda de lo real y lo imaginario.
¿Qué nos legó Lacan con los redondeles de cuerda? ¿Qué de lo genuino de su práctica analítica nos enseña el operar con el nudo borromeo? ¿Cuáles son los impasses de la clínica que el nudo no alcanza a mostrar?
Preguntas, enigmas, que quedan para que cada analista, se aventure a formular una respuesta… en lo que de oficio tiene el psicoanálisis.
1. Reunidos en el libro Colección de Arena de Italo Calvino,Ed. Siruela, Madrid, 1984. Uno de sus ensayos es “Dígalo con Nudos”, al que nos referimos en la presente nota.
2. Clase del 14 de enero de 1975.
3. El nudo borromeo tiene dos cláusulas, una prescriptiv (cualquiera de los anillos que se corte los otros dos se separan y otra restrictiva (la tercera cuerda pasa por abajo de la que está abajo y por arriba de la que está arriba).
jueves, 2 de febrero de 2012
El hombre nuevo
Pienso hoy el hombre nuevo no como un producto terminado (esencialmente), ni siquiera de-terminado (en el doble sentido de: voluntad y sujeción) por instancias que lo trascienden, o sencillamente in-determinado (el hombre sin atributos, el relativista: 'me da lo mismo cualquier cosa'); lo pienso más bien como proceso, abierto, múltiple y complejo; lo pienso, así, sobre-determinado por una serie de prácticas irreductibles entre sí, que se hallan en tensión articulada y se exceden mutuamente. Prácticas que escasamente se coordinan y/o armonizan.
La sobredeterminación no es una determinación múltiple ni una co-determinación dual; es un nudo solidario de al menos tres componentes a los que les basta con que uno de ellos no se sostenga para que el conjunto entramado se desarme. El hombre nuevo se hace en las brechas e intersticios de la estructuras prevalentes, anundando entre ellas una doble heterogeneidad: la que disponen las verdades, como procesos genéricos que horadan los saberes y lenguajes legitimados, y la que presentan las mismas verdades entre sí. Tiempo único.
El hombre nuevo no se aferra a ninguna verdad particular, ni a un lugar, ni a un nombre privilegiado; no es dogmático. Pero tampoco circula livianamente por todos lados, cual frugal cosmopolita, probando un poco de todo; su trayecto es eminentemente singular. Es axiomático. Y más. El hombre nuevo es el hombre-nudo, así de frágil es su fortaleza, su consistencia genérica tramada en la reduplicación de al menos tres cruces alternados.
¿Ustedes -camaradas, compañeros, hermanos- se dan cuenta (se cuentan así)? Entre el vacío lógico del nombre propio, el vacío ontológico que dispone el ser de cualquier situación, y el vacío de una imagen adecuada a semejantes procesos de vacuidad, entre esa triple distancia tomada, algo sutilmente se compone, toma cuerpo, nombre, materia. Estoy hablando del nudo que teje cualquier existencia en tanto que cualquiera.
Pues ahora es así: todo es múltiple. Hay múltiples exigencias, múltiples censores, múltiples moralistas, múltiples estructuras jerárquicas. La ruptura con la lógica del uno (reductio ad unum), de la autoridad, del canon, del padre, exige entonces una potenciación extrema, una ruptura de rupturas, una fidelidad de fidelidades, una apuesta a que hay apuestas, un devenir múltiple de lo múltiple. En fin, un pensamiento o una praxis de segundo grado, que abre tanto al poder-ser como al poder-no-ser; y no es meramente agresiva, es más bien trans(a)gresiva. Para ello hay que hacer que las exigencias, los padres, las valoraciones, los cánones, las cuentas, se anulen entre sí, se interrumpan mutuamente. Para ello hay que anudar por otros lados, por otras partes, anómalas, potenciadoras, imprevistas.
Porque no es que pasamos simplemente, así como así, de la lógica cerrada del uno a la proliferación espontánea de lo múltiple; antes hay una estructura compleja que se abre sólo en la potenciación imprevista del segundo grado aludido, y es ella la que habilita que lo múltiple no se reduzca de nuevo a lo uno.
Mi tesis entonces es que la mayoría de nosotros no pasa habitualmente del 1° grado, en términos de un pensamiento materialista estricto, por más doctorados que se haga, idiomas que se hable o reconocimientos que se reciba (engrosamientos del cv). No obstante, no creo que haya que ser un genio o producir algún invento que conmocione a la humanidad para pasar a 2° grado; aunque tampoco se trate de una posición que se conquiste definitivamente y, además, nada garantiza que no haya retrocesos. Al segundo grado de pensamiento se accede en cualquier juego de lenguaje -hasta el más nimio- en tanto se capta la imposibilidad de metalenguaje y lo que hace sus veces de sustituto: un agujero recubierto por diversos semblantes (voz, mirada, etc.).
No basta con hablar de psicoanálisis, o llegado el caso, de metafísica y de los conceptos altamente especulativos asociados a esos discursos; hay que hallar la falla singular que nos causa a hablar -en tanto somos seres hablantes- en el seno del discurso, cual sea, por nuestros propios medios. Ahí se abre la verdadera potencia, que no versa sobre contenidos o lenguajes-objetos, sino sobre el objeto mismo, la pérdida o agujero, sin garantías de significación o deslumbramiento.
Ser materialista, en el sentido arriba aludido, no implica volverse sobre objetos o prácticas concretas que otros realizan o disponen, menos aún volverse sobre uno mismo para encontrar la quintaesencia de la cosa del pensamiento; sino, simplemente, encontrar y operar en y desde umbrales de indiscernibilidad de prácticas y discursos, de objetos y pensamientos, allí donde no hay garantías, no hay significaciones establecidas, ni dominios de saber.
La sobredeterminación no es una determinación múltiple ni una co-determinación dual; es un nudo solidario de al menos tres componentes a los que les basta con que uno de ellos no se sostenga para que el conjunto entramado se desarme. El hombre nuevo se hace en las brechas e intersticios de la estructuras prevalentes, anundando entre ellas una doble heterogeneidad: la que disponen las verdades, como procesos genéricos que horadan los saberes y lenguajes legitimados, y la que presentan las mismas verdades entre sí. Tiempo único.
El hombre nuevo no se aferra a ninguna verdad particular, ni a un lugar, ni a un nombre privilegiado; no es dogmático. Pero tampoco circula livianamente por todos lados, cual frugal cosmopolita, probando un poco de todo; su trayecto es eminentemente singular. Es axiomático. Y más. El hombre nuevo es el hombre-nudo, así de frágil es su fortaleza, su consistencia genérica tramada en la reduplicación de al menos tres cruces alternados.
¿Ustedes -camaradas, compañeros, hermanos- se dan cuenta (se cuentan así)? Entre el vacío lógico del nombre propio, el vacío ontológico que dispone el ser de cualquier situación, y el vacío de una imagen adecuada a semejantes procesos de vacuidad, entre esa triple distancia tomada, algo sutilmente se compone, toma cuerpo, nombre, materia. Estoy hablando del nudo que teje cualquier existencia en tanto que cualquiera.
Pues ahora es así: todo es múltiple. Hay múltiples exigencias, múltiples censores, múltiples moralistas, múltiples estructuras jerárquicas. La ruptura con la lógica del uno (reductio ad unum), de la autoridad, del canon, del padre, exige entonces una potenciación extrema, una ruptura de rupturas, una fidelidad de fidelidades, una apuesta a que hay apuestas, un devenir múltiple de lo múltiple. En fin, un pensamiento o una praxis de segundo grado, que abre tanto al poder-ser como al poder-no-ser; y no es meramente agresiva, es más bien trans(a)gresiva. Para ello hay que hacer que las exigencias, los padres, las valoraciones, los cánones, las cuentas, se anulen entre sí, se interrumpan mutuamente. Para ello hay que anudar por otros lados, por otras partes, anómalas, potenciadoras, imprevistas.
Porque no es que pasamos simplemente, así como así, de la lógica cerrada del uno a la proliferación espontánea de lo múltiple; antes hay una estructura compleja que se abre sólo en la potenciación imprevista del segundo grado aludido, y es ella la que habilita que lo múltiple no se reduzca de nuevo a lo uno.
Mi tesis entonces es que la mayoría de nosotros no pasa habitualmente del 1° grado, en términos de un pensamiento materialista estricto, por más doctorados que se haga, idiomas que se hable o reconocimientos que se reciba (engrosamientos del cv). No obstante, no creo que haya que ser un genio o producir algún invento que conmocione a la humanidad para pasar a 2° grado; aunque tampoco se trate de una posición que se conquiste definitivamente y, además, nada garantiza que no haya retrocesos. Al segundo grado de pensamiento se accede en cualquier juego de lenguaje -hasta el más nimio- en tanto se capta la imposibilidad de metalenguaje y lo que hace sus veces de sustituto: un agujero recubierto por diversos semblantes (voz, mirada, etc.).
No basta con hablar de psicoanálisis, o llegado el caso, de metafísica y de los conceptos altamente especulativos asociados a esos discursos; hay que hallar la falla singular que nos causa a hablar -en tanto somos seres hablantes- en el seno del discurso, cual sea, por nuestros propios medios. Ahí se abre la verdadera potencia, que no versa sobre contenidos o lenguajes-objetos, sino sobre el objeto mismo, la pérdida o agujero, sin garantías de significación o deslumbramiento.
Ser materialista, en el sentido arriba aludido, no implica volverse sobre objetos o prácticas concretas que otros realizan o disponen, menos aún volverse sobre uno mismo para encontrar la quintaesencia de la cosa del pensamiento; sino, simplemente, encontrar y operar en y desde umbrales de indiscernibilidad de prácticas y discursos, de objetos y pensamientos, allí donde no hay garantías, no hay significaciones establecidas, ni dominios de saber.
jueves, 26 de enero de 2012
Practicar la filosofía
Considero de extrema importancia, en esta época de superespecialización técnica y periodismo generalizado, practicar la filosofía; no la filosofía práctica o teórica, o la epistemología de la supercomplejidad y/o de los saberes yuxtapuestos, o que se yo qué, sino ese modo de interrogar simple y directo que va al hueso de lo real; y que, al hacerlo, destituye los saberes y sus portadores: artesanales, técnicos, metafísicos, proféticos, profesionales, políticos u otros. Sobre todo, digo, en una época como la nuestra en la cual al malestar por la superespecialización, y lo que bobamente se llama 'intelectualismo', se le suele responder con florecimientos anti-intelectuales místico-mistificantes de lo más jodidos y retrógrados.
Por ello, al igual que Sócrates, pienso que el Estado debería subvencionar la actividad filosófica, por más que consista nada menos que en cuestionar los saberes instituidos, los lugares ideológicos comunes y la necesidad subsecuente de reproducción. Al igual que Sócrates, sé que esta demanda es imposible, ¡pero jamás beberé la cicuta!
Aunque, para ser más riguroso, debería escribir "estado", con minúscula, tomando en cuenta así todas las instancias representativas de la situación actual (académicas, administrativas, culturales, etc.) que disponen modos de valorar los saberes y sus lenguajes legitimados, y que no quieren saber nada, eso sí, de desestabilizar los lugares y los nombres.
Por ello, al igual que Sócrates, pienso que el Estado debería subvencionar la actividad filosófica, por más que consista nada menos que en cuestionar los saberes instituidos, los lugares ideológicos comunes y la necesidad subsecuente de reproducción. Al igual que Sócrates, sé que esta demanda es imposible, ¡pero jamás beberé la cicuta!
Aunque, para ser más riguroso, debería escribir "estado", con minúscula, tomando en cuenta así todas las instancias representativas de la situación actual (académicas, administrativas, culturales, etc.) que disponen modos de valorar los saberes y sus lenguajes legitimados, y que no quieren saber nada, eso sí, de desestabilizar los lugares y los nombres.
miércoles, 25 de enero de 2012
Profe-tiza
Todos a su modo van intuyendo un nosequé que se aproxima, cada vez más, inminente. Algunos hablan, como pueden, de fin de mundo; otros, más tímidos quizás, de fin de consciencia; otros se limitan a repetir las fórmulas consabidas del pasado. Todos intuimos que un ciclo se agota. Yo mismo estoy agotado; creo que me desvanezco al escribir estas líneas. ¿Pero acaso un cambio de consciencia, una disolución de mundo, de los modos de relacionarnos y de administrar nuestros goces, todo eso junto o por separado y/o en secuencias, no producirían exactamente el mismo efecto? Les dejo la pregunta para que no crean que profetizo (peor aún: autocumplida).
sábado, 21 de enero de 2012
Accidente o acontecimiento
Hace poco me sucedió algo que todavía no he contado. Y es que casi no la cuento más. Quizás la lluvia de hoy haya reactivado el deseo de hacerlo, de volver sobre aquello.
Íbamos en auto bajo la tormenta con un grupo familiar, en un pueblito de las sierras cordobesas, cuando de repente, ante una maniobra evasiva de quien conducía (había una máquina de la municipalidad trabajando en medio de la calle), siento que algo se nos viene encima e impacta fuertemente contra el parabrisas, quebrándolo, justo enfrente de mi rostro. Un pesado poste de luz o de teléfono, con todos sus cables, había caído en medio de la lluvia sobre el auto. Me quedé paralizado por unos segundos porque pensé que estábamos electrificados. Luego, todo fueron gritos, puteadas, más lluvia, llantos, policías, municipales, remiseros, etc. Lo que más me dolió en ese momento, ante la evidente fragilidad de mi cuerpo respecto a semejante poste que bien podría haberme partido la cabeza, fue cierta indolencia que todavía no puedo precisar, cierto malestar indefinido; pero ya empiezan rápidamente a condensarse algunas inversiones e ingenuidades -no exentas de violencia, apenas reprimida- propias de la clase social a la que pertenezco, en parte, sólo en parte.
1º apreciación: el contraste brutal entre el bucólico estado vacacional de un grupo familiar de clase media -ilusamente protegido por la burbuja interior de un auto nuevo-, con todas sus inconsistencias, desvaríos y cavilaciones de base, por un lado; y el choque imprevisto, el golpe, el anticipo del final, en unas décimas de segundo, y la expuesta fragilidad del cuerpo, por otro lado. Así, todo lo anterior se hace más notable, se resignifica, pues nada, ningún acto de osadía, de lucha, de enfrentamiento real, predisponían para recibir semejante golpe. Y no obstante...
2º apreciación: el grito, la puteada, la violencia verbal desmedida ante lo desmedido, surgen después, como reacción inusitada ante una escena cuyas causalidades materiales escapan a la conciencia de clase media: un tipo, proletario, subcontratado, trabajando a oscuras, bajo la lluvia, sin protección para él o para otros. Así, todas las inconsistencias de clase, nuestra ideología invertida, nuestra forma mansa e histérica de vivir, nuestra forma idiota de morir, llegado el caso, saltan a escena ante un golpe imprevisto que permite ver, fugazmente, la madeja compleja de causalidades que nos sobredetermina (nos hace y deshace). Al menos eso pienso y siento yo, en este preciso instante en el que intento dar cuenta del asunto, bajo otra lluvia, dolido de otro modo.
Íbamos en auto bajo la tormenta con un grupo familiar, en un pueblito de las sierras cordobesas, cuando de repente, ante una maniobra evasiva de quien conducía (había una máquina de la municipalidad trabajando en medio de la calle), siento que algo se nos viene encima e impacta fuertemente contra el parabrisas, quebrándolo, justo enfrente de mi rostro. Un pesado poste de luz o de teléfono, con todos sus cables, había caído en medio de la lluvia sobre el auto. Me quedé paralizado por unos segundos porque pensé que estábamos electrificados. Luego, todo fueron gritos, puteadas, más lluvia, llantos, policías, municipales, remiseros, etc. Lo que más me dolió en ese momento, ante la evidente fragilidad de mi cuerpo respecto a semejante poste que bien podría haberme partido la cabeza, fue cierta indolencia que todavía no puedo precisar, cierto malestar indefinido; pero ya empiezan rápidamente a condensarse algunas inversiones e ingenuidades -no exentas de violencia, apenas reprimida- propias de la clase social a la que pertenezco, en parte, sólo en parte.
1º apreciación: el contraste brutal entre el bucólico estado vacacional de un grupo familiar de clase media -ilusamente protegido por la burbuja interior de un auto nuevo-, con todas sus inconsistencias, desvaríos y cavilaciones de base, por un lado; y el choque imprevisto, el golpe, el anticipo del final, en unas décimas de segundo, y la expuesta fragilidad del cuerpo, por otro lado. Así, todo lo anterior se hace más notable, se resignifica, pues nada, ningún acto de osadía, de lucha, de enfrentamiento real, predisponían para recibir semejante golpe. Y no obstante...
2º apreciación: el grito, la puteada, la violencia verbal desmedida ante lo desmedido, surgen después, como reacción inusitada ante una escena cuyas causalidades materiales escapan a la conciencia de clase media: un tipo, proletario, subcontratado, trabajando a oscuras, bajo la lluvia, sin protección para él o para otros. Así, todas las inconsistencias de clase, nuestra ideología invertida, nuestra forma mansa e histérica de vivir, nuestra forma idiota de morir, llegado el caso, saltan a escena ante un golpe imprevisto que permite ver, fugazmente, la madeja compleja de causalidades que nos sobredetermina (nos hace y deshace). Al menos eso pienso y siento yo, en este preciso instante en el que intento dar cuenta del asunto, bajo otra lluvia, dolido de otro modo.
viernes, 20 de enero de 2012
De la función intelectual y otras apreciaciones
En general, se suele decir que la filosofía no apunta a brindar respuestas sino a reformular las preguntas; así, apuesta por lo abierto. El problema es que uno puede caer rápidamente en una especie de mistificación de lo abierto, bajo otros nombres paradójicos tales como lo innombrable, lo inasible, lo imposible, etc. Pues, como dice J.-L. Nancy, "lo 'abierto' no es la cualidad vaga de una hiancia indeterminada, ni de un halo de generosidad sentimental. Lo 'abierto' vuelve apretada, trenzada, estrechamente articulada, la estructura del sentido en tanto sentido del mundo." Prefiero pensar la filosofía, entonces, como ese modo de preguntar que no sólo disloca los saberes y prácticas (políticas, estéticas, científicas, religiosas y demás), en su tendencia eterna a cerrar el círculo para comprenderlo todo, sino que en dicha empresa se alía, además, con todos esos otros modos disponibles que ya se encuentran haciéndolo en su terreno propio. Para ello, circula a su modo impropio.
Pues sucede generalmente, en las argumentaciones y contrargumentaciones específicas de cada campo, que unos suelen ver una parte por el todo y otros, de manera especular, otra parte que también creen es el todo; y en general, tanto unos como otros, no suelen pasar de una breve -en el mejor de los casos- lista de condiciones a favor o en contra del objeto en disputa. Así también se pueden objetar mutuamente, en los momentos de máxima tensión y malentendido, el lugar de enunciación del otro: si es más o menos inteligente, más o menos comprometido, más o menos experimentado, más o menos pasional, etc. No es que algunos sepan más y otros menos, que unos tengan la posta y otros sean inmaduros, es que la operación de lectura de la realidad exige un desplazamiento de terreno que articule tópicos profundamente heterogéneos entre sí, de una manera original.
Así Althusser, por ejemplo, hacía notar que la genialidad de Marx no consistía tanto en ver lo que los economistas clásicos no veían, desde una posición externa o trascendental, sino que producía su enunciado-concepto sobre la 'fuerza de trabajo explotada' a partir de la misma matriz teórica que aquéllos utilizaban: veía que ellos habían producido una respuesta correcta sin haberse planteado siquiera la pregunta (por no haber salido de su ámbito de producción específica). Si Marx lo pudo hacer no fue porque era más vivo o inteligente que los otros, sino porque circulaba por ámbitos de pensamiento muy heterogéneos entre sí: política obrera francesa, filosofía idealista alemana, economía científica inglesa (entre otros). Y ese circular incesante, podemos afirmar hoy, es lo que permite articular un punto de vista complejo que cierna aquel objeto inasible que llamamos realidad. Y no es una parte de un todo, ni el todo mismo, es un nudo que se teje en la alternancia de tópicos.
Quisiera intervenir, a partir de estas breves puntualizaciones filosóficas, en un debate actual que toma por objeto a la posición misma de los intelectuales y su función.
Carta Abierta (CA), Plataforma y Argumentos
En un artículo reciente, publicado en Página 12 (Domingo, 15 de enero de 2012 -de aquí en más hacer clic en los subtítulos para ver los enlaces-), se puede encontrar expresada una pequeña parte del campo intelectual argentino. Tres posiciones, tres estilos retóricos, tres modos de enunciación. No está nada mal que exista este abanico de opciones político-intelectuales. Lo que no se puede pasar por alto, al leerlas y acordar o disentir con ellas, es que tal diversidad de pareceres es justamente posible gracias al enriquecimiento del campo político-cultural que ha logrado activar el actual gobierno. Condición de posibilidad que, por lo menos, debería desactivar correlativamente algunas chicanas referidas al 'verticalismo' y lo 'monacal' de quien preside el ejecutivo nacional (i.e. Svampa-Gargarella).
Por mi parte, coincido transversalmente con algunos puntos aludidos de las tres posiciones, más no así con el estilo y el modo de enunciación elegido en cada caso. Disiento allí pues también con amigos, afectos y otros tantos pares, vamos encontrando modos de escritura singulares para pensar la coyuntura actual (expuestos en libros, artículos y post). Pensar implica, desde ya, evitar las burdas dicotomizaciones del campo y los esencialismos estratégicos. Y pensar verdaderamente siempre se da en conjunto (genérico, indiscernible, abierto), de muy diversas maneras.
Así pues, antes de calificar al pensamiento -si es crítico o no, de izquierda o no, abstracto o no- y de atribuirlo específicamente -si es patrimonio de intelectuales, académicos, políticos, entidades suprasensibles, históricas u otras-, hay que pensar; y la aparentemente obvia pregunta por si pensamos -o no- no lo es tanto si permanecemos dentro del círculo de las calificaciones y atribuciones -las respuestas-, tan característico de los mentados 'intelectuales' -que además pretenden autocalificarse-, o si salimos de él. Si la planteamos, a la pregunta, quizás ya no estemos allí, dando vueltas. Pues pensar no es cuestión de oficio o profesión; es algo que puede producir -y ocurrirle a- cualquiera en tanto se sustraiga a la estupidez de esos círculos, tan bien dispuestos en cada situación.
Para mí, el pensamiento es autónomo por definición, pero eso no quiere decir que esté separado y desvinculado de lo que pasa, acontece, procede (en torres de marfil, despachos de gobierno o barrios marginales); al contrario. Por otro lado, tampoco creo que el pensamiento sea patrimonio exclusivo de personas identificables como 'intelectuales'; hay pensamiento cada vez que se da cuenta de la complejidad de habitar el espacio y el tiempo singular que nos toca (y afecta), y cada quien lo hace con distintas herramientas (palabras, pinturas, gestos, movimientos).
Por eso quisiera salirme un poco del eje en el que suele plantearse la localización del intelectual. Pues se me ocurre que la cuestión tan mentada de la derecha y la izquierda (sobre todo eso de que 'te corran por izquierda') es demasiado lineal; y como tal, escaso pensamiento puede haber si se toma sólo una dimensión del espacio para calificar una posición. Me gustaría que de una vez por todas se asuma la radical complejidad del pensamiento (ni abstracto ni concreto, ni por arriba ni por abajo, ni soberano ni súbdito), es decir, su corporalidad, su multiplicidad, su materialidad. En sintonía fina con los ensayos de Wenders y Herzog, por el lado del arte (del cine, de la danza, de la pintura), formular el pensamiento y la función intelectual en por lo menos tres dimensiones, ¿sería posible eso, en conjunto?
En este sentido, me parece necesario problematizar la formación intelectual. Examino a continuación la CA11, para indagar la extraña heterotopía que ello exigiría.
Sobre la CA11
Acuerdo en el tono y el contenido de la mayor parte de los puntos definidos allí. Me interesa particularmente el cruce atento de análisis políticos, económicos, culturales y demás.
Lo que en cambio me parece sigue quedando impensado, en esta valoración compleja del proceso político en curso, es el modo en que dicho pensamiento múltiple, complejo, heterogéneo, puede ser sostenido en conjunto (genérico), no sólo atendiendo a los distintos sectores particulares, esto es: la formación de ciudadanos que puedan pensar en el entramado social multiforme que nos constituye. Y eso no se logra privilegiando una experiencia por sobre las otras, o todas por separado, sean éstas militantes, científicas, técnicas, culturales, etc. Se logra pensando justamente en conjunto, en el entramado solidario de esas tensiones irreductibles. No se trata de establecer un plan o programa de gobierno; se trata de tener claro que el pensamiento (y no los intelectuales) múltiple de lo múltiple, el pensamiento transpolítico, debe ser articulado y sostenido en su (im)propia materialidad, en su anudamiento alternado de tópicos, prácticas y temporalidades. Cada pensamiento -y desde cada pensamiento- singular puede pensar el nudo que articula la materialidad del ser (en) común.
El desafío quizás esté ejemplarmente resumido en esta hermosa expresión de deseos: "Si la Igualdad es el horizonte de estas políticas [del gobierno], lo es como igualdad en la diferencia y reconocimiento de la heterogeneidad. Lo es como ampliación de la ciudadanía, que se va desplegando en un recorrido desde la inclusión –con las múltiples estrategias de reparación social– hacia la Igualdad. No es poco lo que falta en este sentido y seguramente nunca el camino estará cumplido." (CA11)
Sostener la igualdad, y al mismo tiempo la heterogeneidad que nos constituye, implica, por un lado, reconocer el fondo múltiple ontológico que somos en cada caso (múltiples de múltiples) y, por otro lado, la diversidad de operadores de conexión por los que podemos encontrarnos -con otros que somos- al sustraernos a la lógica reproductiva y alienante que dispone cada situación, sus saberes y lenguajes instituidos.
La inclusión y sobre todo la pertenencia deben ser forzadas singularmente por operadores especiales no reductibles a saberes programáticos. Estos operadores son nada menos que: obras de arte, descubrimientos científicos, expresiones afectivas y modos de organización que indagan, a su modo, las multiplicidades genéricas en situación. El Estado, en su repolitización continua y autodislocante de sus propias estructuras debería abrir espacios donde ocurran dichas producciones de verdad no programadas ni anticipadas desde saber alguno. Y la función intelectual es clave en el sostén de esas aperturas, más acá de la remanida cuestión de si se es 'crítico' o 'acólito' de un gobierno dado.
La formación de nuevos intelectuales (en 'funciones' y no en 'figuras'), entonces, no puede ser dejada en manos de la mera especialización sectorial; como tampoco se va a producir por la lectura de cartas públicas, cuya función es evidentemente otra (más bien: expresiva). Sería consecuente que el gobierno, en la misma orientación política que propone -en 'sintonía fina' ideológica- disponga lugares de formación de ciudadanos que las universidades, institución donde históricamente se ha depositado esa función, no están habilitando por su misma lógica de exclusión sistemática de lo nuevo (su lógica burocrática-reproductiva).
Pues la función intelectual es la que permite pensar el conjunto social heterogéneo, multiforme, en movimiento e investido afectivamente, y no sólo ocuparse de lo que cada quien más o menos maneja o cree manejar disciplinarmente según lo aprendió en su facultad (incluida la de 'la calle'): artes, ciencias, técnicas, tácticas y estrategias.
Es decir, algo obvio: las universidades, a pesar de sus progresiones o regresiones circunstanciales, no forman intelectuales, forman técnicos o profesionales o expertos. ¿Cómo, entonces, abrir esos nuevos espacios necesarios para generar pensadores que estén a la altura de los acontecimientos actuales?
Dejo abierta esta pregunta porque no tengo la respuesta y no sé si cabe asignar a alguna institución particular la heterotopía necesaria para que la vitalidad de un proyecto político complejo se sostenga. Seguramente no. Lo que sí sé es que hay que apostar siempre por la apertura necesaria para que no se cierre e identifique el proceso político en curso con una sola lógica, un sector privilegiado y una serie de procedimientos o planes determinados. Si esta orientación ontológica de la política está clara en múltiples lugares del espacio social, y no sólo en el gobierno, iremos por buen camino.
Por último, un breve comentario sobre las modalidades que puede adoptar la crítica.
CA10 y Grüner
Respecto lo que allí se expone, diría: ni tanto ni tan poco. La externalidad entre 'modelo' y 'anomalías' que ve Grüner en CA10 -su exigencia dialéctica digamos- tampoco le permite ver a él la totalización que ejerce ahora su propio análisis por el lado de la determinación económica: el 'capitalismo agrexportador' como el verdadero poder que en 'última instancia' determina el todo social, mientras que las tensiones y contradicciones fácticas (políticas, sociales, culturales) que señala CA10 son secundarias (meros 'efectos' y 'partes'). Grüner pareciera reemplazar un lenguaje histórico-poético como el de CA, que intenta dar cuenta de la complejidad social, quizás -eso sí- regocijándose demasiado en su propio dominio (intelectual), por un lenguaje dialéctico totalizante que no goza menos de su supuesto saber (académico) aquella clave que explicaría el Todo: la 'lógica de la falta' sigue quedando inscripta así en algún lugar privilegiado, y no se encuentra en ello el nudo complejo de sobredeterminaciones que nos constituye.
Después de todo, el papel del intelectual en cuestión es parte del asunto, es decir, se encuentra inextricablemente implicado allí, de algún modo, y 'falta' aún demasiado por escribir-pensar al respecto, pues nadie tiene la clave de nada, sin que todo dé lo mismo. Sin Todo, ni falta determinada, es necesario pensar entre partes, anómalas, heterogéneas, desjerarquizadas, para desplazar y destituir los órdenes de privilegios instituidos (económicos, culturales, intelectuales, etc.).
En fin, es un buen puntapié el de Grüner, pero se queda corto en muchos aspectos: vuelve sobre esquemas de análisis que hacen recordar a las peores lecturas de Althusser, que se pueden desmontar incluso desde el mismo Althusser, ¡y ni que hablar desde sus discípulos! Por ejemplo Badiou, a quien tanto se resiste a leer Grüner, diría que en efecto 'hay verdades' políticas, científicas, artísticas, amorosas, pero nadie las posee, ni domina ni totaliza, pues se trata de procedimientos genéricos infinitos, inacabados, no hay algo así como 'el todo social', ni siquiera 'constelado'; hay composibilidades, apenas. Lo cual no es poco.
Y si, como dice Daniel Freidemberg, "lo que aparenta ser una discusión política, sobre todo en EG [Grüner], es en gran medida una disputa por quién tiene el dominio de la verdad, quién es el que accede por un acto de honestidad y compromiso con La Verdad al verdadero patrimonio del 'ser real y único de las cosas' que al fin y al cabo estaría ahí, establecido, esperando que un espíritu dotado de una lucidez más alta que la del común de los mortales lo revele 'tal como es', enfrentando a todas 'las distorsiones' y entronizando entonces a quien nos esclarece así en el podio de la autoridad, con cetro fálico y todo." También es cierto que a esa aspiración eterna de acceso privilegiado al falo, el Uno, el cetro, el Todo, le respondemos desde siempre con la contraparte histórica que la excede por todos lados: ontologías de lo múltiple, de las sobredeterminaciones, de los nudos solidarios; pues escribimos y pensamos hace tiempo en el registro musical de lo múltiple.
Y, finalmente, hay también una dimensión política en estas discusiones: con mis amigos le llamamos "Ontologías políticas" (AA. VV, Buenos Aires, Imago Mundi, 2011); y yo, a veces, uso el término "transpolítica".
Pues sucede generalmente, en las argumentaciones y contrargumentaciones específicas de cada campo, que unos suelen ver una parte por el todo y otros, de manera especular, otra parte que también creen es el todo; y en general, tanto unos como otros, no suelen pasar de una breve -en el mejor de los casos- lista de condiciones a favor o en contra del objeto en disputa. Así también se pueden objetar mutuamente, en los momentos de máxima tensión y malentendido, el lugar de enunciación del otro: si es más o menos inteligente, más o menos comprometido, más o menos experimentado, más o menos pasional, etc. No es que algunos sepan más y otros menos, que unos tengan la posta y otros sean inmaduros, es que la operación de lectura de la realidad exige un desplazamiento de terreno que articule tópicos profundamente heterogéneos entre sí, de una manera original.
Así Althusser, por ejemplo, hacía notar que la genialidad de Marx no consistía tanto en ver lo que los economistas clásicos no veían, desde una posición externa o trascendental, sino que producía su enunciado-concepto sobre la 'fuerza de trabajo explotada' a partir de la misma matriz teórica que aquéllos utilizaban: veía que ellos habían producido una respuesta correcta sin haberse planteado siquiera la pregunta (por no haber salido de su ámbito de producción específica). Si Marx lo pudo hacer no fue porque era más vivo o inteligente que los otros, sino porque circulaba por ámbitos de pensamiento muy heterogéneos entre sí: política obrera francesa, filosofía idealista alemana, economía científica inglesa (entre otros). Y ese circular incesante, podemos afirmar hoy, es lo que permite articular un punto de vista complejo que cierna aquel objeto inasible que llamamos realidad. Y no es una parte de un todo, ni el todo mismo, es un nudo que se teje en la alternancia de tópicos.
Quisiera intervenir, a partir de estas breves puntualizaciones filosóficas, en un debate actual que toma por objeto a la posición misma de los intelectuales y su función.
Carta Abierta (CA), Plataforma y Argumentos
En un artículo reciente, publicado en Página 12 (Domingo, 15 de enero de 2012 -de aquí en más hacer clic en los subtítulos para ver los enlaces-), se puede encontrar expresada una pequeña parte del campo intelectual argentino. Tres posiciones, tres estilos retóricos, tres modos de enunciación. No está nada mal que exista este abanico de opciones político-intelectuales. Lo que no se puede pasar por alto, al leerlas y acordar o disentir con ellas, es que tal diversidad de pareceres es justamente posible gracias al enriquecimiento del campo político-cultural que ha logrado activar el actual gobierno. Condición de posibilidad que, por lo menos, debería desactivar correlativamente algunas chicanas referidas al 'verticalismo' y lo 'monacal' de quien preside el ejecutivo nacional (i.e. Svampa-Gargarella).
Por mi parte, coincido transversalmente con algunos puntos aludidos de las tres posiciones, más no así con el estilo y el modo de enunciación elegido en cada caso. Disiento allí pues también con amigos, afectos y otros tantos pares, vamos encontrando modos de escritura singulares para pensar la coyuntura actual (expuestos en libros, artículos y post). Pensar implica, desde ya, evitar las burdas dicotomizaciones del campo y los esencialismos estratégicos. Y pensar verdaderamente siempre se da en conjunto (genérico, indiscernible, abierto), de muy diversas maneras.
Así pues, antes de calificar al pensamiento -si es crítico o no, de izquierda o no, abstracto o no- y de atribuirlo específicamente -si es patrimonio de intelectuales, académicos, políticos, entidades suprasensibles, históricas u otras-, hay que pensar; y la aparentemente obvia pregunta por si pensamos -o no- no lo es tanto si permanecemos dentro del círculo de las calificaciones y atribuciones -las respuestas-, tan característico de los mentados 'intelectuales' -que además pretenden autocalificarse-, o si salimos de él. Si la planteamos, a la pregunta, quizás ya no estemos allí, dando vueltas. Pues pensar no es cuestión de oficio o profesión; es algo que puede producir -y ocurrirle a- cualquiera en tanto se sustraiga a la estupidez de esos círculos, tan bien dispuestos en cada situación.
Para mí, el pensamiento es autónomo por definición, pero eso no quiere decir que esté separado y desvinculado de lo que pasa, acontece, procede (en torres de marfil, despachos de gobierno o barrios marginales); al contrario. Por otro lado, tampoco creo que el pensamiento sea patrimonio exclusivo de personas identificables como 'intelectuales'; hay pensamiento cada vez que se da cuenta de la complejidad de habitar el espacio y el tiempo singular que nos toca (y afecta), y cada quien lo hace con distintas herramientas (palabras, pinturas, gestos, movimientos).
Por eso quisiera salirme un poco del eje en el que suele plantearse la localización del intelectual. Pues se me ocurre que la cuestión tan mentada de la derecha y la izquierda (sobre todo eso de que 'te corran por izquierda') es demasiado lineal; y como tal, escaso pensamiento puede haber si se toma sólo una dimensión del espacio para calificar una posición. Me gustaría que de una vez por todas se asuma la radical complejidad del pensamiento (ni abstracto ni concreto, ni por arriba ni por abajo, ni soberano ni súbdito), es decir, su corporalidad, su multiplicidad, su materialidad. En sintonía fina con los ensayos de Wenders y Herzog, por el lado del arte (del cine, de la danza, de la pintura), formular el pensamiento y la función intelectual en por lo menos tres dimensiones, ¿sería posible eso, en conjunto?
En este sentido, me parece necesario problematizar la formación intelectual. Examino a continuación la CA11, para indagar la extraña heterotopía que ello exigiría.
Sobre la CA11
Acuerdo en el tono y el contenido de la mayor parte de los puntos definidos allí. Me interesa particularmente el cruce atento de análisis políticos, económicos, culturales y demás.
Lo que en cambio me parece sigue quedando impensado, en esta valoración compleja del proceso político en curso, es el modo en que dicho pensamiento múltiple, complejo, heterogéneo, puede ser sostenido en conjunto (genérico), no sólo atendiendo a los distintos sectores particulares, esto es: la formación de ciudadanos que puedan pensar en el entramado social multiforme que nos constituye. Y eso no se logra privilegiando una experiencia por sobre las otras, o todas por separado, sean éstas militantes, científicas, técnicas, culturales, etc. Se logra pensando justamente en conjunto, en el entramado solidario de esas tensiones irreductibles. No se trata de establecer un plan o programa de gobierno; se trata de tener claro que el pensamiento (y no los intelectuales) múltiple de lo múltiple, el pensamiento transpolítico, debe ser articulado y sostenido en su (im)propia materialidad, en su anudamiento alternado de tópicos, prácticas y temporalidades. Cada pensamiento -y desde cada pensamiento- singular puede pensar el nudo que articula la materialidad del ser (en) común.
El desafío quizás esté ejemplarmente resumido en esta hermosa expresión de deseos: "Si la Igualdad es el horizonte de estas políticas [del gobierno], lo es como igualdad en la diferencia y reconocimiento de la heterogeneidad. Lo es como ampliación de la ciudadanía, que se va desplegando en un recorrido desde la inclusión –con las múltiples estrategias de reparación social– hacia la Igualdad. No es poco lo que falta en este sentido y seguramente nunca el camino estará cumplido." (CA11)
Sostener la igualdad, y al mismo tiempo la heterogeneidad que nos constituye, implica, por un lado, reconocer el fondo múltiple ontológico que somos en cada caso (múltiples de múltiples) y, por otro lado, la diversidad de operadores de conexión por los que podemos encontrarnos -con otros que somos- al sustraernos a la lógica reproductiva y alienante que dispone cada situación, sus saberes y lenguajes instituidos.
La inclusión y sobre todo la pertenencia deben ser forzadas singularmente por operadores especiales no reductibles a saberes programáticos. Estos operadores son nada menos que: obras de arte, descubrimientos científicos, expresiones afectivas y modos de organización que indagan, a su modo, las multiplicidades genéricas en situación. El Estado, en su repolitización continua y autodislocante de sus propias estructuras debería abrir espacios donde ocurran dichas producciones de verdad no programadas ni anticipadas desde saber alguno. Y la función intelectual es clave en el sostén de esas aperturas, más acá de la remanida cuestión de si se es 'crítico' o 'acólito' de un gobierno dado.
La formación de nuevos intelectuales (en 'funciones' y no en 'figuras'), entonces, no puede ser dejada en manos de la mera especialización sectorial; como tampoco se va a producir por la lectura de cartas públicas, cuya función es evidentemente otra (más bien: expresiva). Sería consecuente que el gobierno, en la misma orientación política que propone -en 'sintonía fina' ideológica- disponga lugares de formación de ciudadanos que las universidades, institución donde históricamente se ha depositado esa función, no están habilitando por su misma lógica de exclusión sistemática de lo nuevo (su lógica burocrática-reproductiva).
Pues la función intelectual es la que permite pensar el conjunto social heterogéneo, multiforme, en movimiento e investido afectivamente, y no sólo ocuparse de lo que cada quien más o menos maneja o cree manejar disciplinarmente según lo aprendió en su facultad (incluida la de 'la calle'): artes, ciencias, técnicas, tácticas y estrategias.
Es decir, algo obvio: las universidades, a pesar de sus progresiones o regresiones circunstanciales, no forman intelectuales, forman técnicos o profesionales o expertos. ¿Cómo, entonces, abrir esos nuevos espacios necesarios para generar pensadores que estén a la altura de los acontecimientos actuales?
Dejo abierta esta pregunta porque no tengo la respuesta y no sé si cabe asignar a alguna institución particular la heterotopía necesaria para que la vitalidad de un proyecto político complejo se sostenga. Seguramente no. Lo que sí sé es que hay que apostar siempre por la apertura necesaria para que no se cierre e identifique el proceso político en curso con una sola lógica, un sector privilegiado y una serie de procedimientos o planes determinados. Si esta orientación ontológica de la política está clara en múltiples lugares del espacio social, y no sólo en el gobierno, iremos por buen camino.
Por último, un breve comentario sobre las modalidades que puede adoptar la crítica.
CA10 y Grüner
Respecto lo que allí se expone, diría: ni tanto ni tan poco. La externalidad entre 'modelo' y 'anomalías' que ve Grüner en CA10 -su exigencia dialéctica digamos- tampoco le permite ver a él la totalización que ejerce ahora su propio análisis por el lado de la determinación económica: el 'capitalismo agrexportador' como el verdadero poder que en 'última instancia' determina el todo social, mientras que las tensiones y contradicciones fácticas (políticas, sociales, culturales) que señala CA10 son secundarias (meros 'efectos' y 'partes'). Grüner pareciera reemplazar un lenguaje histórico-poético como el de CA, que intenta dar cuenta de la complejidad social, quizás -eso sí- regocijándose demasiado en su propio dominio (intelectual), por un lenguaje dialéctico totalizante que no goza menos de su supuesto saber (académico) aquella clave que explicaría el Todo: la 'lógica de la falta' sigue quedando inscripta así en algún lugar privilegiado, y no se encuentra en ello el nudo complejo de sobredeterminaciones que nos constituye.
Después de todo, el papel del intelectual en cuestión es parte del asunto, es decir, se encuentra inextricablemente implicado allí, de algún modo, y 'falta' aún demasiado por escribir-pensar al respecto, pues nadie tiene la clave de nada, sin que todo dé lo mismo. Sin Todo, ni falta determinada, es necesario pensar entre partes, anómalas, heterogéneas, desjerarquizadas, para desplazar y destituir los órdenes de privilegios instituidos (económicos, culturales, intelectuales, etc.).
En fin, es un buen puntapié el de Grüner, pero se queda corto en muchos aspectos: vuelve sobre esquemas de análisis que hacen recordar a las peores lecturas de Althusser, que se pueden desmontar incluso desde el mismo Althusser, ¡y ni que hablar desde sus discípulos! Por ejemplo Badiou, a quien tanto se resiste a leer Grüner, diría que en efecto 'hay verdades' políticas, científicas, artísticas, amorosas, pero nadie las posee, ni domina ni totaliza, pues se trata de procedimientos genéricos infinitos, inacabados, no hay algo así como 'el todo social', ni siquiera 'constelado'; hay composibilidades, apenas. Lo cual no es poco.
Y si, como dice Daniel Freidemberg, "lo que aparenta ser una discusión política, sobre todo en EG [Grüner], es en gran medida una disputa por quién tiene el dominio de la verdad, quién es el que accede por un acto de honestidad y compromiso con La Verdad al verdadero patrimonio del 'ser real y único de las cosas' que al fin y al cabo estaría ahí, establecido, esperando que un espíritu dotado de una lucidez más alta que la del común de los mortales lo revele 'tal como es', enfrentando a todas 'las distorsiones' y entronizando entonces a quien nos esclarece así en el podio de la autoridad, con cetro fálico y todo." También es cierto que a esa aspiración eterna de acceso privilegiado al falo, el Uno, el cetro, el Todo, le respondemos desde siempre con la contraparte histórica que la excede por todos lados: ontologías de lo múltiple, de las sobredeterminaciones, de los nudos solidarios; pues escribimos y pensamos hace tiempo en el registro musical de lo múltiple.
Y, finalmente, hay también una dimensión política en estas discusiones: con mis amigos le llamamos "Ontologías políticas" (AA. VV, Buenos Aires, Imago Mundi, 2011); y yo, a veces, uso el término "transpolítica".
lunes, 16 de enero de 2012
García Linera
Excelente entrevista a García Linera. Un par de anotaciones al respecto.
1º Me siento muy próximo a esta concepción ideológica del Estado y la política.
2º Me parece muy atinado sustituir el viejo término de las 'contradicciones internas' (esa topología clásica del todo y sus partes internas/externas) por el de 'tensiones creativas' y su 'lenguaje plebeyo' -de cortes- correlativo (topología de pliegues y desplazamientos).
3º Creo que vernos en ese espejo contigüo que nos ofrece Bolivia, nos puede ayudar a pensar parcialmente nuestras propias tensiones creativas y lenguajes políticos.
4º Finalmente, extraño esa claridad conceptual articulada con lo real complejo de la sociedad en el lenguaje de nuestros funcionarios (por momentos brilla en el lenguaje de CFK aunque suela deslizarse fácilmente, como ella misma dice, en la numerología). ¿Será que nos falta esa formación simultánea en Ciencias Sociales y Matemáticas? ¿¡Ni que hablar de los modos de organización indígena?!
No me quejo; sé reconocer también nuestra propia potencia y singularidad.
1º Me siento muy próximo a esta concepción ideológica del Estado y la política.
2º Me parece muy atinado sustituir el viejo término de las 'contradicciones internas' (esa topología clásica del todo y sus partes internas/externas) por el de 'tensiones creativas' y su 'lenguaje plebeyo' -de cortes- correlativo (topología de pliegues y desplazamientos).
3º Creo que vernos en ese espejo contigüo que nos ofrece Bolivia, nos puede ayudar a pensar parcialmente nuestras propias tensiones creativas y lenguajes políticos.
4º Finalmente, extraño esa claridad conceptual articulada con lo real complejo de la sociedad en el lenguaje de nuestros funcionarios (por momentos brilla en el lenguaje de CFK aunque suela deslizarse fácilmente, como ella misma dice, en la numerología). ¿Será que nos falta esa formación simultánea en Ciencias Sociales y Matemáticas? ¿¡Ni que hablar de los modos de organización indígena?!
No me quejo; sé reconocer también nuestra propia potencia y singularidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)