Hay una forma de pensar y practicar la política que resulta fundamental y que se vuelve aún más notable, o más visible, en una época como la nuestra en la que, justamente, carecemos de fundamentos últimos para justificar nuestros actos. Es decir que nuestros posicionamientos éticos y políticos se juegan, hoy, en las contingencias de un cotidiano vivir, sin amparos en códigos morales o reglas preestablecidas.
Y deseo referirme aquí, puntualmente, al caso paradigmático que motiva estas improvisaciones. Hablo de la actitud de apertura incondicional y de vulnerabilidad extrema que ha mostrado recientemente Hebe de Bonafini al descubrirse estafada por los hermanos Schoklender. Ante la requisitoria de los periodistas ella insistía en que, a pesar de todo, seguía creyendo en la gente y que volvería a abrirle las puertas de la Organización de las Madres a quién así lo necesitara, tal había sido el caso de aquellos hermanos estigmatizados en su momento por la sociedad. Posicionamiento, el de Hebe, que me recuerda también el ejemplo del diputado Jorge Rivas, quien defendía y aún defiende una posición progresista de no represión frente a la problemática de la inseguridad, incluso luego de haber sido brutalmente golpeado y de haber quedado en silla de ruedas a consecuencia de dichos golpes, productos directos de la mentada inseguridad. La verdadera política, así, es aquella que se juega incondicionalmente por otros, sin prejuzgar quiénes son esos otros, ni qué pueden o no pueden esos otros; sin determinar sus rasgos y cualidades, sean éstas de índole económica, moral, religiosa o cultural. Por ello, se trata de una apuesta a puro riesgo, en tanto no pide garantías ni credenciales; como un acto de amor sin objeto particular, se dirige hacia una sola y única meta, siempre la misma: que cada vez más personas puedan vivir mejor, es decir, puedan tener condiciones de vida digna, justa e igualitaria. Así de simple. Claro que sostener con coherencia ("militancia", se suele decir) semejante tarea no es nada fácil, y no todos se animan a involucrarse en los rigores que ésta implica. De hecho, lo primero que se le escuchó decir a Sergio Schoklender, luego de su separación de la Organización, fue que las Madres tenían un estilo de vida demasiado austero y que él prefería en cambio darse más gustos. El trabajo político concreto excede ampliamente las cuestiones electorales, mediáticas o, incluso, aquello que debe resolver la Justicia. La verdadera política, tal como lo muestra el sostenido trabajo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, casos ejemplares de nuestra historia reciente, no sigue el cálculo ni la estrategia sino la coherencia, la apertura incondicional al otro y una extrema vulnerabilidad por las deudas pendientes, puesta en acto en cada obra. Y esto implica, por supuesto, una reducción de ese “goce” tan caro al espíritu pequeñoburgués (como se decía en otras épocas) al que hacía alusión Sergio S. Lo cual no quiere decir que la verdadera política carezca de afectividad; más bien todo lo contrario. La extrema sensibilidad que comunican Hebe o Estela, cada vez que toman la palabra, aun teniendo estilos y personalidades muy diferentes, resulta fundamental para entender cómo se trama la sutil pero consistente lógica política de la articulación incondicional. Claro que para ser receptivos a dichos rasgos sutiles necesitamos complejizar aún más nuestras categorías y conceptos políticos; necesitamos romper con la idea de que los sujetos políticos son movidos sólo por intereses, cálculos y estrategias (cual si fueran piezas de un tablero de ajedrez). Por supuesto que estas dimensiones claramente imaginarias, resaltadas hasta el hartazgo en cualquier análisis periodístico o charla de café, son ineludibles para nuestra existencia humana (sí, demasiado humana), pero además, debemos entender que los procesos de constitución política reconfiguran constantemente las identificaciones y los afectos puestos en juego (al jugar-se). Debemos estar abiertos, también, a las diversas formas de captar la singularidad de los procesos políticos de nuestro tiempo. Nada más y nada menos que para hacer justicia con todos los muertos y vencidos de nuestra larga historia de catástrofes humanas, y estar así a la altura de lo que nos toca vivir.
Roque Farrán
miércoles, 15 de junio de 2011
martes, 14 de junio de 2011
Teología política minimalista
A ver, mi proceso esquizoanalítico es muy simple: yo no destituyo a dios, o a sus remedos seculares, para instaurarme a mí mismo en dicho ce(n)tro vacuo. Antes que nada porque yo no soy Yo, ni mucho menos Uno. Y más que de centro hablo de nudo, hecho de varios hilos entrecruzados. Les cuento, soy al menos tres (o cuatro, esto permanece indecidible). Antecedentes inmediatos. Freud contaba: ello, yo, superyo (más la realidad). Lacan contaba: real, simbólico, imaginario (más el sinthome). En mi caso, cuento entre ellos lo mismo, pero a mi modo (...). Así de simple.
jueves, 26 de mayo de 2011
Sarlo vs K
"Yo soy de las personas que cree que sería deseable ganarle al kirchnerismo, pero para adelante. No de cualquier manera. No cantando una que sepamos todos porque no hay ninguna que sepamos todos. Al kirchnerismo no se le puede ganar con una colcha de retazos donde convivan los partidos y las organizaciones más diversas." (http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=13438)
1. Beatriz Sarlo, o mejor dicho, el discurso del que ella se hace portavoz, creo, performaría un adversario digno del kirchnerismo (lejos de la sola cuestión mediática). En el sentido que le permitiría a este movimiento político, por un lado, no dormirse en los laureles de lo producido hasta el momento y, por otro, alejarse de la siempre peligrosa hipóstasis de una identidad.
2. El único problema que tiene, para mí, adherir in extremis a una perspectiva "lúcida" como la de Sarlo, objetaría aquí, es que en su pre-tensión de verlo todo, todos los movimientos y operaciones del campo político-cultural (según dicen quienes le suponen ese saber), termina no viendo nada (la luz se torna enceguecedora), o muy poco, pues carece justamente de ese plus de afectividad que podría sobreinvestir algún significante-de-más, suspenderse, y reestructurar así el campo de los posibles junto a sus multiplicidades indiscernibles (no sobre los demás), sin precipitarse por ello en el mero vacío situacional. De este modo, el sentido material concreto aparecería como una vección real, una orientación efectiva, producto de la convergencia dispar -y precaria- de dichos múltiples, y no un abstracto y teleológico "para adelante". En fin, está claro que la posición política de Sarlo resulta elitista e idealista (como han dicho otros), y que esa no es la única opción lúcida para un intelectual, sobre todo si piensa desde una orientación genérica donde las jerarquías (incluso de saberes) están de más.
1. Beatriz Sarlo, o mejor dicho, el discurso del que ella se hace portavoz, creo, performaría un adversario digno del kirchnerismo (lejos de la sola cuestión mediática). En el sentido que le permitiría a este movimiento político, por un lado, no dormirse en los laureles de lo producido hasta el momento y, por otro, alejarse de la siempre peligrosa hipóstasis de una identidad.
2. El único problema que tiene, para mí, adherir in extremis a una perspectiva "lúcida" como la de Sarlo, objetaría aquí, es que en su pre-tensión de verlo todo, todos los movimientos y operaciones del campo político-cultural (según dicen quienes le suponen ese saber), termina no viendo nada (la luz se torna enceguecedora), o muy poco, pues carece justamente de ese plus de afectividad que podría sobreinvestir algún significante-de-más, suspenderse, y reestructurar así el campo de los posibles junto a sus multiplicidades indiscernibles (no sobre los demás), sin precipitarse por ello en el mero vacío situacional. De este modo, el sentido material concreto aparecería como una vección real, una orientación efectiva, producto de la convergencia dispar -y precaria- de dichos múltiples, y no un abstracto y teleológico "para adelante". En fin, está claro que la posición política de Sarlo resulta elitista e idealista (como han dicho otros), y que esa no es la única opción lúcida para un intelectual, sobre todo si piensa desde una orientación genérica donde las jerarquías (incluso de saberes) están de más.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Pastout
Cómo sustraerse a la tentación que plantean los mandatos prevalentes, cuyo mayor exponente sea quizás el feroz: ¡Goza!
Sustraerse no es simplemente hacerse a un costado, dejar pasar o decir, como Bartleby, “preferiría no hacerlo”. La sustracción implica, al contrario, un movimiento eminentemente activo que subvierte la economía pulsional del discurso dominante. Que crea, así, un espacio transicional, un até, entre dos muertes: la simbólica y la real.
La economía de la que hablo -y por la cual hablo- es la que organiza una lógica del no-todo, donde negamos en primer término cualquier excepción: no hay uno que no cumpla con la condición de pertenencia al juego pulsional. Paradójicamente, como plantea Lacan, al hacer esto no quedamos encerrados en una lógica de hierro, pues al negar la existencia de una excepción que delimitaría externamente el Todo, ahora, la indeterminación se desplaza al interior del mismo (de hecho no hay interior ni exterior) difuminando sus límites, es lo que significa el no-todo: algunas partes cumplen la función, otras son indiscernibles. De este modo, la afirmación de existencia de partes indiscernibles deberá ser forzada bajo la reformulación de nuevas condiciones. Lo sorprendente es que esto ocurra en múltiples (no) lugares del espacio social, impredecibles; no es prioridad absoluta de ningún soberano schmittiano.
Sustraerse no es simplemente hacerse a un costado, dejar pasar o decir, como Bartleby, “preferiría no hacerlo”. La sustracción implica, al contrario, un movimiento eminentemente activo que subvierte la economía pulsional del discurso dominante. Que crea, así, un espacio transicional, un até, entre dos muertes: la simbólica y la real.
La economía de la que hablo -y por la cual hablo- es la que organiza una lógica del no-todo, donde negamos en primer término cualquier excepción: no hay uno que no cumpla con la condición de pertenencia al juego pulsional. Paradójicamente, como plantea Lacan, al hacer esto no quedamos encerrados en una lógica de hierro, pues al negar la existencia de una excepción que delimitaría externamente el Todo, ahora, la indeterminación se desplaza al interior del mismo (de hecho no hay interior ni exterior) difuminando sus límites, es lo que significa el no-todo: algunas partes cumplen la función, otras son indiscernibles. De este modo, la afirmación de existencia de partes indiscernibles deberá ser forzada bajo la reformulación de nuevas condiciones. Lo sorprendente es que esto ocurra en múltiples (no) lugares del espacio social, impredecibles; no es prioridad absoluta de ningún soberano schmittiano.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Blog
Hace rato que no se me ocurre nada: entre tesis, facebook, congresos, libros, ¿quién tiene tiempo para escribir en los viejos y casi olvidados blogs? No importa, heme aquí sosteniendo el virtual espacio, realizando esta improbable vuelta reflexiva, mientras tanto. Nada mejor que algo completamente improductivo, sin dirección ni metas específicas, como rondando la cosa así nomás: directamente. ¿Será pura metafísica? Si de decir simplemente se trata, se adolece, se cura...heme aquí diciendo/escribiendo apenas un mínimo. En una época gloriosa (como todas las que se fueron: épicas) se escribía para mejor desaparecer, luego hubo un retorno grandilocuente del yo, incluso bajo su contracara pseudoriental de enojo con el ego ajeno; sin embargo el yo es ineludible, por eso quizás sólo nos sean dados esos breves lapsos de desaparición, en los pliegues de la escritura cualquiera: un yo minimalista.
lunes, 11 de abril de 2011
sumak kawsay (buen vivir)
Estos principios del movimiento indígena, incorporados a la constitución ecuatoriana, coinciden bastante con lo que intento pensar políticamente en este espacio de escritura.
Dos preguntas extraídas del página 12 de hoy:
–¿Podría definir los puntos centrales de su carácter alternativo?
–En primer lugar, hay que romper las individualidades estratégicas, porque en el capitalismo uno piensa primero en sí mismo, uno dice “primero yo, yo soy ciudadano, yo soy consumidor, yo maximizo mis propios beneficios y utilidades”. La noción de sumak kawsay plantea una solidaridad de los seres humanos consigo mismos, que ha sido rota por el discurso del liberalismo. Pero, a diferencia del discurso del socialismo –que planteaba una relación con una sociedad más grande, y de esta sociedad con el Estado–, en el discurso del sumak kawsay la relación del individuo ya no es con el Estado sino con su sociedad más inmediata, con su comunidad, de donde los seres humanos tienen sus referentes más cercanos. Y esta sociedad a su vez se relaciona con otras sociedades más grandes de tal manera que las estructuras de poder se construyen de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Lo segundo que plantea el sumak kawsay es quitarnos de la cabeza la noción de que más es preferible a menos. Es decir, de que siempre tenemos que producir y tener más según reza el paradigma del desarrollo, del crecimiento, de la acumulación. Y a no ver en los objetos la ontología de los seres humanos.
–Eso supone casi un cambio radical en los modos de vida...
–Por eso lo tercero tiene que ver con la dimensión del tiempo. Nosotros creemos que el tiempo es lineal y, por tanto, creemos en la acumulación. La estructura del tiempo que en este momento pertenece al capital. El sumak kawsay plantea devolverle a la sociedad el tiempo: una noción de temporalidad donde el tiempo pueda ser circular abierto. Un cuarto elemento es conferirle un sentido ético a la convivencia humana. Para el liberalismo puede haber democracia política pero no puede haber democracia económica, por eso la formación de utilidades de las empresas y de los consumidores no tiene absolutamente nada que ver con la ética. El sumak kawsay propone un cambio en ese sentido: ya no puedo enmascarar decisiones sociales en nombre de un consumo individual. Y eso significa que los recursos que han sido producidos por la explotación laboral o la depredación ambiental ya no pueden ser objetos del intercambio social. Hemos ahora logrado cierta legislación, por ejemplo para defendernos de la esclavitud o del trabajo infantil. Pero tenemos que avanzar más allá.
Dos preguntas extraídas del página 12 de hoy:
–¿Podría definir los puntos centrales de su carácter alternativo?
–En primer lugar, hay que romper las individualidades estratégicas, porque en el capitalismo uno piensa primero en sí mismo, uno dice “primero yo, yo soy ciudadano, yo soy consumidor, yo maximizo mis propios beneficios y utilidades”. La noción de sumak kawsay plantea una solidaridad de los seres humanos consigo mismos, que ha sido rota por el discurso del liberalismo. Pero, a diferencia del discurso del socialismo –que planteaba una relación con una sociedad más grande, y de esta sociedad con el Estado–, en el discurso del sumak kawsay la relación del individuo ya no es con el Estado sino con su sociedad más inmediata, con su comunidad, de donde los seres humanos tienen sus referentes más cercanos. Y esta sociedad a su vez se relaciona con otras sociedades más grandes de tal manera que las estructuras de poder se construyen de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Lo segundo que plantea el sumak kawsay es quitarnos de la cabeza la noción de que más es preferible a menos. Es decir, de que siempre tenemos que producir y tener más según reza el paradigma del desarrollo, del crecimiento, de la acumulación. Y a no ver en los objetos la ontología de los seres humanos.
–Eso supone casi un cambio radical en los modos de vida...
–Por eso lo tercero tiene que ver con la dimensión del tiempo. Nosotros creemos que el tiempo es lineal y, por tanto, creemos en la acumulación. La estructura del tiempo que en este momento pertenece al capital. El sumak kawsay plantea devolverle a la sociedad el tiempo: una noción de temporalidad donde el tiempo pueda ser circular abierto. Un cuarto elemento es conferirle un sentido ético a la convivencia humana. Para el liberalismo puede haber democracia política pero no puede haber democracia económica, por eso la formación de utilidades de las empresas y de los consumidores no tiene absolutamente nada que ver con la ética. El sumak kawsay propone un cambio en ese sentido: ya no puedo enmascarar decisiones sociales en nombre de un consumo individual. Y eso significa que los recursos que han sido producidos por la explotación laboral o la depredación ambiental ya no pueden ser objetos del intercambio social. Hemos ahora logrado cierta legislación, por ejemplo para defendernos de la esclavitud o del trabajo infantil. Pero tenemos que avanzar más allá.
martes, 5 de abril de 2011
Freud-Marx
Ni Freud ni Marx son para mí ídolos de nada; y no creo que haya que perder el tiempo defendiéndolos de los sucesivos ataques que cada tanto se les propinan (i.e. Onfray). Sus obras y conceptos están ahí, sirven o no para quien quiera y pueda hacer uso de ellas y ellos.
Indudablemente fueron dos tipos que marcaron un estilo fuerte de indagación intelectual, que excedía las convenciones académicas de sus respectivas épocas. De allí, quizás, los exacerbados amores y odios que puedan haber despertado entre discípulos y detractores (que son una suerte de discípulos invertidos). Pero que hayan intentado -sugestivamente cabe decir- inscribir sus investigaciones en el prestigioso ámbito de la ciencia naciente no quiere decir que lo que ellos hacían, i.e. en el análisis de las pulsiones o los procesos económico-políticos, pueda ser considerado estrictamente científico -o no-. No obstante, pienso que en su forzamiento de las fronteras disciplinares -y más allá de sus propias ambigüedades al respecto- marcaron al pasar que otro tipo de rigurosidad conceptual era posible. No todo lo que vale la pena pensar debe recibir el calificativo de científico. Ese es el legado que escojo tomar; y nada de idolatrías, nada más: respeto.
Indudablemente fueron dos tipos que marcaron un estilo fuerte de indagación intelectual, que excedía las convenciones académicas de sus respectivas épocas. De allí, quizás, los exacerbados amores y odios que puedan haber despertado entre discípulos y detractores (que son una suerte de discípulos invertidos). Pero que hayan intentado -sugestivamente cabe decir- inscribir sus investigaciones en el prestigioso ámbito de la ciencia naciente no quiere decir que lo que ellos hacían, i.e. en el análisis de las pulsiones o los procesos económico-políticos, pueda ser considerado estrictamente científico -o no-. No obstante, pienso que en su forzamiento de las fronteras disciplinares -y más allá de sus propias ambigüedades al respecto- marcaron al pasar que otro tipo de rigurosidad conceptual era posible. No todo lo que vale la pena pensar debe recibir el calificativo de científico. Ese es el legado que escojo tomar; y nada de idolatrías, nada más: respeto.
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