jueves, 17 de junio de 2010

¡Qué jugadora Cristina!

Están pasando cosas tan materiales, tan concretísimas, que inevitablemente me pregunto cómo estar a la altura de los acontecimientos. La respuesta quizá me lleve la vida, lo cual no es poco (que se trate de la vida sin que importe su "duración"). Eso quería decir, por ahora.

lunes, 14 de junio de 2010

Marca tus marcas

Últimamente me he encontrado varias veces con la frase "repetición creativa", formulada en torno a la actividad filosófica; no voy a exlicar que se suele entender con eso, pues además, como siempre la respuesta más certera no proviene del seno mismo de esta práctica teórica sino de una de sus condiciones, en este caso: la música. Si se hace click en el título del post se podrá acceder entonces a un video del más puro y potente rock producido acá en Córdoba. La potencia que abre la repetición virtuosa de las marcas (marcas de marcas o nombres de nombres de nombres o múltiple de múltiples de múltiples), desplegada aquí en los más crudos acordes de rock; singularidad universal si las hay. Además de este link recomiendo recorrer varios videos disponibles en youtube de este power trío liderado por bellas mujeres, especialmente el cover Eleanor Rigby, marca de marcas si las hay.
Eleanor (poderoso): http://www.youtube.com/watch?v=sx6E6_1b28E&feature=related
U.O.R.(bello, poderoso y antibélico): http://www.youtube.com/watch?v=RyOHwRNBopI&feature=related

Fracasar, el sentido

Me he impuesto un deber inútil: me levanto y escribo. Tanto como respirar o tomar mate, tanto como decir cualquier cosa. Por supuesto, hay instituciones: hay gramáticas, universidades y modas estéticas. Me importan poco. Me levanto y escribo para hundirme mejor, para aprender a fracasar con estilo propio. Ya saben la frase beckettiana: intentemoslo de nuevo, fracasemos mejor. Así es. Hay un arte del fracaso, quizá sea de lo mejorcito que se puede hacer en este mundo, tan autocontenido que en cualquier momento implota. Supura y con él supuramos, pero todavía no lo hacemos suficientemente; es que no hemos aprendido a fracasar como es debido, es decir, según la deuda contraída con los vencidos y masacrados de todos los tiempos. Entonces escribo sobre lo único que vale la pena, sobre la deuda. Con ella escribo. Sobre ese borde se abre un vacío de infinitas voces que claman (¿justicia?) y por eso mismo las letras se abren como estiletes que cortan el campo obsceno del sentido, no es que no haya que hacer poesía después de La Perla, es que hay que cortar definitivamente con la pelotudez que nos embarga cada tanto con arrepentimientos y constricciones. Cada tanto el sentido, que es lo más religioso que hay, nos envuelve dulcemente en el sopor reconfortante y narcótico del olvido del ser, y nada se quiere saber de esa herida profunda que se da en la superficie de letras, del cuerpo, en los pliegues y torsiones del lenguaje. Pero eso es. Bueno, me fui y ahora estoy volviendo para concluir. Quizás algo haya sido dicho sin saber, entre tanto.

domingo, 13 de junio de 2010

Nada

Hoy me he propuesto escribir porque justamente no tengo nada que decir, eso pienso. Me he dado cuenta ahora, desde siempre, que sólo así vale verdaderamente la pena pensar, es decir, escribir. Que la verdad mienta suena maravillosamente, la escritura también. Justo hoy. Decía que era apenas un paso el que faltaba dar a la humanidad, en su conjunto gloriosamente genérico, para dejarse de joder con la muerte de los dioses y su prolongado lamento, decía eso apenas hace un rato a alguien que amo inconmensurablemente (no voy a disculparme por el abuso de adverbios). Un paso para disparar al infinito y más allá, el de todos y cada uno, en fin, el de cualquiera; no otra cosa quiero decir con lo genérico: con lo degenerado del género o estofa que se corta sola según esa ley topológica del doble bucle que en los buenos tiempos estructuralistas se le llamaba doble función y que aún funciona cada tanto.
Hoy me he propuesto pensar sin escribir demasiado en el orden de lo semántico, como es habitual en mí, desde siempre -como se dice, eternamente.
Un paso más, tan sólo un paso para que pueda contarse cada quien según el modo propio (incluido el impropio) y dejarse así de joder con las propiedades (semánticas y otras también materiales), con las clases que determinan pertenencias y exclusiones, y casos intermedios y muertes y orgías de shoppingmall y otras.
Hoy me he propuesto pensar sobre la repetición y el paso-en-más, sobre el borde del fantaseado abismo en que nos precipitamos alocadamente -desde hace tiempo- sin saber, en el mar de la calma más absoluta, pero tan sólo a un paso de lo tantísimo tan deseado. Por ahí pasamos, no caben dudas, por ahí no cesamos de pasar -hace tiempo- ¡el asunto es darse cuenta! ¡es contarse! ¡es sujeto! ¡es! ¡etcétera! Uff.

miércoles, 26 de mayo de 2010

y un día...

los argentinos empezamos a pertenecer(nos). No hay mejor definición del acontecimiento que esa.

lunes, 24 de mayo de 2010

¿Qué hacer?

Uno podría decir -como buen uno (y verdadero) que es- lo que hay que hacer; esto es, ordenar, prescribir, mandar -como se quiera. Bien. Estamos como bien dicen los analistas en el discurso del Amo. Otra cosa sería no decir nada, apostar a la apertura y la indeterminación, dejar que el otro (o los otros) decidan. Perfecto. El problema es que hoy (y quizá siempre) dejar que las cosas y mandatos sigan su curso "natural" es perpetuar el orden preexistente, es decir, permitir que manden otros a los que estas consideraciones los tienen sin cuidado (de los otros). Por eso pienso que hay que asumir el discurso del Amo abiertamente y decir, si bien no lo que hay que hacer, al menos lo que no hay que hacer. Ahí vamos. No hay que dejar que nadie ordene a los demás lo que deben hacer. Interrumpir dominancias. Es el modo que hemos elegido de cuidar de los otros múltiples que somos en cada caso. Las aperturas e indeterminaciones tienen que ser garantizadas de manera activa y constante. Impedir entonces que haya discursos de segundo orden que intenten comandar el curso de las cosas y regular los deseos diciendo qué vale y qué no vale, según una norma de valor trascendental a la que generalmente un par de imbéciles -que nunca faltan- se encarga de sostener y perpetuar para su propio beneficio (me refiero con "norma trascendental" a eso que se suele llamar también "capital": económico, simbólico, cultural o el que fuere). Creo que como buen Amo uno bien tendría que encargarse de destituir, por lo tanto, las pretensiones legitimadoras de epistemólogos (en el campo de la ciencia), críticos de diversa índole (en el campo de la cultura) y/o punteros/economistas (en el campo de la política). Es decir de todos aquéllos especuladores, calculadores, mediocres y oportunistas que acumulando algún chingue capital (de saber) intentan dirigir, calificar o descalificar las producciones deseantes per se (a puro riesgo). Lo uno y lo múltiple, entonces, tendrán que encontrar su modo de anudamiento singular, cada vez, para que las fijaciones de sentido (y de valor) no obturen las producciones subjetivas. Asumir este mandato de una buena vez por todas: la política o la filosofía o la filosofía política consiste en despejar el terreno para que lo nuevo tenga lugar (arte, gestos, políticas, amores, chistes, inventos, fórmulas) sin el condicionamiento de los capataces de turno (sin esas malezas).

martes, 4 de mayo de 2010

Del miedo ambiente

Hay periodistas importantes que dicen tener miedo; es absolutamente lógico. Sería de una ingenuidad imperdonable creer que se trata (el miedo) de causas reales, objetivas; o de simples intereses económicos; o, incluso, de alguna temida pérdida de (su) posición en el campo simbólico (de la palabra). No; es un poco de cada cosa. Pero no en el sentido de una suma ecléctica de variables que podrían ser analizadas, por ejemplo, sino en el anudamiento complejo y efectivo de dichas dimensiones -y otras- de cuyo producto surgen como subjetividades objetivas -valga el oxímoron- y funcionales. Ahora bien, lo dificil es entender que el modo de constitución de subjetividades objetivas a partir del anudamiento de lo simbólico, lo real y lo imaginario nada tiene que ver con cuestiones de índole psicológica, o de representaciones mentales, o sociales. Estamos hablando de palabras, cuerpos, afectos y cosas muy bien entretejidas en el curso de secuencias históricas concretas y articuladas sincrónicamente a los aparatos de reproducción hegemónicos que hacen a la realidad común (al sentido). Si no se llamaran Majul, Morales Solá o Ruiz Guiñazú, por caso, se llamarían de otra forma los sujetitos sujetados a las estructuras complejas que han habilitado su posicionamiento y constitución funcional respectiva en un lugar tan bien determinado por la lógica del Uno (del "un" relato). No es que haya que comprenderlos o analizarlos -ellos "paranoicamente" temen ser destruidos- simplemente hay que sacarles los parapetos donde creen existir para que caigan solitos (a no ser que milagrosamente sostuvieran la palabra y la honestidad intelectual que han esquivado tan obstinadamente). En cuanto a la posibilidad de que existan subjetividades deseantes desobjetivadas de los aparatos (de goce) reproductores de sentido, ya he esbozado algo en otras entradas al blog; es cuestión de afirmarse en la sola exhalación de un nombre propio, que nada significa a priori ni busca amparos, y que sólo se teje con otros -a veces- en el acto de escritura/pensamiento.