domingo 31 de julio de 2011

del Barco, otra vez

Transcribo a continuación una breve carta de Oscar del Barco en la que insiste con descalificar al poeta Juan Gelman, tal como ya lo había hecho antes en la célebre carta publicada en la revista La Intemperie que dio lugar al debate "No matarás" (sobre el cual me pronuncié acá).
Creo que resulta un caso paradigmático para indagar cómo funciona la transferencia (des)idealizante; pues si uno lee los argumentos esgrimidos, incluso de manera más cruda que en la carta anterior, la puerilidad de los mismos hace dudar que se trate de un intelectual en sus funciones el que escribe. Y no obstante, algunos pocos comentarios que se han dejado oír, aquí y allá, al igual que la vez anterior parecen suponer que se traman hilos complejísimos en este argumento, claramente de derecha y conservador. Por supuesto que provienen, dichos comentarios, de gente que ha leído libros de del Barco y suele suponer que todo lo que éste dice -hasta inconsistentes cartas como éstas- está dotado de sofisticados y auráticos sustentos filosóficos. No dejan de sorprenderme dichas suposiciones de saber ante un lenguaje tan llano y argumentos tan pobres, basados, sobre todo, en un juicio moral. Aquí va, sin más demora, la mencionada carta:

"Como profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, precisamente en estos momentos de su acentuada participación en la lucha por los derechos humanos y por la democracia, no puedo dejar de expresar públicamente mi sorpresa y mi rechazo al homenaje que se le rinde a Juan Gelman conmemorando los 400 años de la fundación de la universidad.
Y no se trata aquí de discutir el innegable valor de su poesía sino de señalar la contradicción implícita en el hecho de que nuestra universidad, que vive plenamente una democracia por la que ha luchado históricamente y a la que construye día a día, otorgue un premio de honor a un hombre que, como Gelman, fue y es notoriamente partidario de la dictadura existente en Cuba, gobernada desde hace más de 50 años por un dictador como Fidel Castro, quien instauró un régimen de represión política, de persecución cultural y de discriminación sexual.
Por otra parte Gelman participó en cargos de responsabilidad de un movimiento político-militar (Montoneros) que asesinó a sindicalistas, políticos, policías e incluso a miembros de la propia organización acusados de indisciplina.
Nunca Gelman hizo un acto público de autocrítica explicando cómo se tomaban y se ejecutaban las condenas a muerte, y mucho menos pidió perdón a los familiares de las víctimas de las acciones guerrilleras. También esas víctimas tenía padres que las lloraban como él ha llorado la trágica y despiadada muerte de sus hijos. No se trata de política ni de poesía, sino del acto esencial de toda comunidad, el acto de soberanía ética. No un deber ser abstracto y trascendente sino una responsabilidad viva frente al semejante.
Esta crítica a un premio que contradice el fundamento democrático de la propia universidad actual, a la que pertenezco y en la que participo, no puede ser utilizado en contra de la misma ni para descalificar las acciones del gobierno de nuestro país." (Oscar del Barco, "Sorpresa y rechazo", Nota en La Voz del Interior, 28 de julio de 2011)

Primero debo decir que no tengo nada personal contra Oscar, de hecho es amigo de algunos amigos míos; pero intelectualmente creo que hace rato ha dejado de decir cosas interesantes (como lo he mencionado en otras entradas), y políticamente, como se puede apreciar en esta carta indignada, viene derrapando mal. Lo peor es que suscita una especie de sopor entre quienes lo leen con algo de admiración e intentan, cual si se tratara de un test proyectivo, encontrar inteligentes y refinados argumentos en sus tristes palabras. Pues no los hay. El asunto es que hay que decirlo con todas las letras; hay que romper con esos encantamientos porque estancan el pensamiento en acto y su implicación con lo que acontece (que no puede remitir a viejas diferencias personales del pasado). Es decir, la vida continúa y los procesos de resignificación histórica también, por lo que debemos pensar y escribir con extremo rigor para estar a la altura de los legados que nos han dejado -y tomamos de- todos los vencidos y caídos en defensa de las causas emancipatorias. No podemos volvernos reactivos e idiotas (en sentido griego). Y la posición política de del Barco es claramente reaccionaria, y por eso mismo está en las antípodas de los acontecimientos que nos afectan en nuestro cotidiano vivir.

3 comentarios:

  1. Más sobre Gelman y Del Barco.
    Las frases, los enunciados (por utilizar un lenguaje odioso) configuran un lugar cada vez que aparecen. No existimos sino es en relación a esos enunciados, en determinado lugar y en determinado momento.
    Quizás esto nos podría servir para ahondar un poco más en esta polémica. En principio para situar algunas coordenadas del enunciado (ético) de Del Barco.
    1. Coincido con Javier en que el campo que Del Barco mina, no refunda la famosa teoría de los dos demonios (amigo-enemigo, izquierda-derecha), entenderlo así es simplificarlo, reducirlo, y dejarlo impensado. El enunciado de Del Barco ahueca, profundiza, y en este sentido suspende y neutraliza (por utilizar el lenguaje blanchotiano) esos binarios en los cuales, sin embargo (no sin cierto cinismo), caemos una y otra vez. Es decir, no olvidemos que en ese lugar que se ilumina en los dichos de Del Barco, aparece nada más y nada menos que toda la generación de “Pasado y presente”; una generación que intentó fundarse desde un “afuera” de ese binario, enfrentando un poder político, una teoría, y a hasta un partido que impedía avanzar sobre la aprensión de “la realidad que nos envuelve” (dice Aricó en el primer texto del primer número de la revista), y en ese sentido fueron los “excomulgados” del partido comunista y, por supuesto los exiliados de un país.
    Dice Aricó en el primer número de la revista:
    “…¿cuándo se puede hablar de la existencia de una nueva generación? Cuando en la orientación ideal y práctica de un grupo de seres humanos unidos más que por una igual condición de clase por una común experiencia vital, se presentan ciertos elementos homogéneos, frutos de la maduración de nuevos procesos antes ocultos y hoy evidentes por sí mismos”
    Esa “experiencia vital compartida” “fruto de nuevos procesos” que ven la luz, llevó a esa generación de ruptura a contradicciones insondables. La lucha armada fue una de ellas y estuvo en el centro de las disputas hasta el último número de la revista.
    En algún lado Lévinas pone el siguiente ejemplo: uno quiere correr una silla, se levanta para hacerlo, en el camino tira un vaso, derrama la leche, hasta que finalmente corre la silla. Todos los accidentes, esos “restos” de la acción, son parte de la acción misma; son su “exceso”. La lucha armada fue, en múltiples sentidos, el “exceso” de esta generación que en su afán de ruptura recayó en los métodos políticos que rechazaba.
    La obra de OdB testimonia esa contradicción y se hace cargo (si se quiere) de ese exceso; avanza progresivamente desde un marxismo cada vez más heterodoxo que llega al extremo de lo pensable: no hay enemigos, como cita Javier. En los intelectuales en cuestión, Blanchot se refiere a esta oposición y pretensión de la manera siguiente: el intelectual se opone, reacciona y apoya (casi siempre a posteriori) una exigencia de justicia que está lejos del derecho, una justicia más simple “más abstracta y formal, tanto como pueda serlo la idea del hombre en general”. Es este un marxismo que se desdobla y se pregunta desde múltiples lugares posibles sobre una acción, sobre una praxis compartida con otros que sin embargo parecen avanzar sorda y ciegamente en una renegación canallesca.
    Ese es el vacío que me parece nos toca pensar a su vez para re.generar la potencia del pensamiento político.

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  2. Me parece muy bien lo que decís, Negro. Por eso comentaba en el blog de Javier que mucho se puede rescatar de libros anteriores de del B. (ej. El otro marx) como de cualquier autor que interpele. El asunto es que en esta carta puntual contra Gelman, peor aún que la anterior contra el Che, Fidel y que se yo quién más, los argumentos son espurios y tan banales como el de una Doña Rosa neustadiana. La seguimos por otras vías. Abrazo.

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