viernes, 18 de febrero de 2011

El coraje de la verdad

El parresiasta da su opinión, dice lo que piensa, él mismo signa, en cierto modo, la verdad que enuncia, se liga a esa verdad y, por consiguiente, se obliga a ella y por ella. Pero esto no es suficiente. Puesto que, después de todo, un profesor, un gramático, un geómetra pueden decir, con respecto a lo que enseñan, sobre la gramática o la geometría, una verdad, una verdad en la cual creen, una verdad que piensan. Y sin embargo, no se dirá que eso es parrhesía [...] Para que haya parrhesía [...] es menester que el sujeto, al decir una verdad que marca su opinión, su pensamiento, su creencia, corra cierto riesgo, un riesgo que concierne a la relación misma que él mantiene con el destinatario de sus palabras [...] Ella [la parrhesía] implica cierta forma de coraje, cuya forma mínima consiste en el hecho de que el parresiasta corre el riesgo de deshacer, de poner fin a la relación con el otro que, justamente, hizo posible su discurso [...] El parresiasta no es un profesional. Y la parrhesía es, con todo, algo distinto de una técnica o un oficio, aun cuando en ella haya aspectos técnicos. La parrhesía no es un oficio, sino algo más difícil de discernir. Es una actitud, una manera de ser que se emparienta con la virtud, una manera de hacer. Son procedimientos, medios conjugados con vistas a un fin y que, por eso, incumben a una técnica, claro está, pero es también un rol, un rol útil, precioso, indispensable para la ciudad y los individuos (Michel Fouacult, El coraje de la verdad, p. 30) [las re-cursivas y los corchetes son míos]

Me parecen interesantes estas figuras de la parrhesía y del parresiasta en tanto nos permiten diferenciar un discurso que asume el riesgo del límite en su enunciación, siempre al borde de la ruptura con las condiciones de posibilidad discursivas, que tiene el coraje de decir una verdad, por mínima que ésta sea, de otros discursos (profesorales, proféticos, sabios) que se limitan a decir la verdad de un saber ya sabido. Me parece interesante porque creo ver ahí la especificidad del acto político/a-filosófico/a que sigue la materialidad de un pensamiento que no se muere por conservarse a sí mismo (con todas las dobles lecturas que se puedan hacer de esta frase); que se expone junto a otros -paradigmáticamente- para manifestar que la vida es capaz de errar (para compatibilizar con Lacan: dicha verdad es notoda porque continúa su marcha diciéndose con tropiezos más o menos afortunados)

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